Enfoques

La cruzada de un ‘refugiado climático’

Tras el paso del ciclón tropical Pam por el pequeño país de Kribati, Ioane Teitiota, oriundo de esa zona del Pacífico Sur, se convirtió en el primer refugiado en el mundo debido al cambio climático.
Bloomberg
30 marzo 2015 20:6 Última actualización 31 marzo 2015 5:0
ENFOQUES. La cruzada de un  ‘refugiado climático’.

Países como Kiribati son especialmente susceptibles al clima. (Bloomberg)

Cuando el ciclón tropical Pam golpeó el Pacífico Sur a principios de este mes, Ioane Teitiota estaba a cuatro mil kilómetros de distancia en Nueva Zelanda, revisando lo que publicaban en Facebook amigos y familiares en su natal Kiribati, un país formado por atolones coralinos a medio camino entre Australia y Hawai.

La devastación causada por la tormenta pone de manifiesto el incierto futuro que enfrentan las pequeñas naciones insulares del Pacífico conforme se intensifican los fenómenos meteorológicos extremos y el cambio climático. Es un destino que ya conoce Teitiota, quien está inmerso en una cruzada para convertirse en el primer refugiado en el mundo a causa del cambio climático.

“Me preocupa nuestro futuro, el de nuestros hijos”, dice Teitiota en su casa de Auckland mientras sus tres hijos entran y salen. La gente en Kiribati “teme por su vida”.

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Teitiota busca impugnar en tribunales el intento del gobierno de Nueva Zelanda para deportarlo, en un caso judicial que tendría consecuencias de gran alcance para los ciudadanos de países amenazados por la elevación de los mares.

Tras incumplir varias veces los plazos del visado, el agricultor de 38 años fue arrestado en 2011.Teitiota y su esposa, Angua Erika, buscaron la ayuda de Michael Kidd.

Este abogado de Auckland afirma que Teitiota y su familia han sufrido indirectamente la persecución de los países industrializados, toda vez que su fracaso en controlar los gases invernadero impulsa el proceso del cambio climático. El argumento ha sido rechazado por el tribunal de migración de Nueva Zelanda, que lo calificó de “fundamentalmente erróneo” porque Teitiota buscaba refugio en un país desarrollado, la supuesta fuente de su opresión. Sin darse por vencido, Kidd ha solicitado que el caso sea escuchado por la Corte Suprema.

En los últimos 20 años, Nueva Zelanda y Australia han rechazado al menos 17 solicitudes de personas de islas del Pacífico que buscaban el estatus de refugiados a causa del cambio climático, según Jane McAdam, experta en derechos de los refugiados en la Universidad de Nueva Gales del Sur, en Sydney.

Ella sostiene que esta ruta legal resulta infructuosa para víctimas del calentamiento porque la amenaza no encaja dentro de los confines de la Convención sobre el Estatuto de los Refugiados de 1951, creada para definir los derechos legales de los ciudadanos que huían de sus países de origen tras la Segunda Guerra Mundial.

McAdam señala que hay poca voluntad política de los gobiernos para crear nuevas categorías de personas que necesitan protección.

En 2011, la agencia de refugiados de las Naciones Unidas intentó sin éxito instaurar una misión dedicada a buscar un marco global para hacer frente a los desplazamientos causados por el cambio climático y los desastres naturales.

EL ÉXODO CLIMÁTICO

John Campbell, geógrafo de la Universidad de Waikato en Nueva Zelanda, estima que para 2050 podría haber hasta 1.7 millones de personas desplazadas por el cambio climático en la región del Pacífico. La Organización Internacional para las Migraciones sitúa la cifra global en alrededor de 200 millones.

Nueva Zelanda reconoce las preocupaciones de los países del Pacífico relativas al impacto que el cambio climático puede tener sobre su entorno, pero no es motivo suficiente según el derecho internacional para la concesión del estatus de refugiado, dijo el ministro de Inmigración, Michael Woodhouse. El gobierno aborda el problema desde su programa de ayuda en el Pacífico, señaló.

Nueva Zelanda ya alberga una de las mayores comunidades de isleños del Pacífico, quienes representan 7 por ciento de la población total del país de 4.5 millones. En Auckland uno de cada cinco ciudadanos será descendiente de isleños para el 2043, según proyecciones del concejo municipal. Australia es el mayor socio comercial y el principal donante de ayuda de la región.

Estos lazos, así como el hecho de que ambos países han contribuido al calentamiento global, significa que tienen una “responsabilidad especial” hacia los pueblos del Pacífico, advierte Russel Norman, líder del Partido Verde neozelandés.

Aunque hasta el momento ninguna solicitud que persigue la declaración de refugiado por cambio climático ha prosperado, el tema ocupó un lugar destacado en un caso el año pasado cuando una familia de la pequeña isla de Tuvalu apeló con éxito su deportación de Nueva Zelanda por razones humanitarias. Fue quizás el primer caso que planteó directamente la cuestión del cambio climático en el Pacífico en obtener un fallo positivo.

Teitiota y Erika no pueden seguir el ejemplo de la familia de Tuvalu y solicitar la residencia por razones humanitarias debido a que venció el plazo correspondiente. Kidd, su abogado, dice que llevará su caso al Comité de Derechos Humanos de la ONU si la Corte Suprema se niega a escucharlo.

Si no tiene éxito, los niños de la pareja, que nacieron en Nueva Zelanda, serán deportados junto con sus padres a Kiribati, un lugar en el que nunca han estado y sólo conocen por los relatos de sus padres.

“Antes, la mayoría de la gente que me odiaba” porque veían el caso como un desaire contra Kiribati, dijo Teitiota. “Pero ahora me animan porque algunos de los lugares allí están en ruinas, el dique, el hospital, la marea cubre los caminos. Ahora es peor que antes”.

Según el Programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente, el nivel del mar en el Pacífico occidental está subiendo cuatro veces el promedio mundial, contaminando aguas subterráneas, envenenando las tierras cultivables y engullendo islotes antes habitables.

El presidente de Kiribati, Anote Tong, que habló sobre la difícil situación de la región ante la ONU, predice que su país comenzará a desaparecer para 2030. El gobierno, en previsión, ya ha comprado dos mil 400 hectáreas de tierra en Fiji.