Enfoques

La carrera espacial del Internet galáctico

Con cientos de satélites, Greg Wyler tiene como objetivo conectar a las 3 mil millones de personas que carecen de Internet en el mundo, a través de su tercera firma, OneWeb.
Bloomberg
10 febrero 2015 21:33 Última actualización 11 febrero 2015 5:0
Ensamble del cohete Soyuz, de fabricación rusa, que fue lanzado con cuatro satélites pertenecientes a O3b. (Cortesía O3b)

Ensamble del cohete Soyuz, de fabricación rusa, que fue lanzado con cuatro satélites pertenecientes a O3b. (Cortesía O3b)

Greg Wyler es un hombre amable y sociable y habla de sus planes de negocio con un fervor que raya en lo religioso.

A sus 45 años, acumula una impresionante trayectoria creando empresas, cada una más osada que la anterior. Después de hacer fortuna diseñando y vendiendo piezas para computadoras cuando era veinteañero, decidió dedicar su vida a conectar a los desconectados. Fundó una startup de telecomunicaciones para instalar cables de fibra óptica por todo Ruanda; luego una compañía de satélites para llevar Internet de alta velocidad y accesible a las islas. Ahora está empezando una tercera empresa, OneWeb, que aspira a crear una colección de satélites de órbita baja para que todos en el planeta tengan acceso a Internet.

Empresas como Google y Facebook reciben mucha atención por sus planes filantrópicos para llevar Internet al mundo en desarrollo. Mark Zuckerberg, por ejemplo, invitó a la revista Time a acompañarlo a la India, aunque dio pocos detalles sobre lo que Facebook planea hacer por los pobres del país.

Wyler, un personaje de menor perfil que anhela conectar a los 3 mil millones de personas que carecen de Internet, ha defendido esta urgencia mucho antes de que se pusiera de moda considerar el acceso a Internet como un derecho humano. Él es probablemente la única persona viva que ha realizado el trabajo manual a pie de tierra y el elevado pensamiento arquitectónico para saber cuán desafiante puede ser conectar a todo el planeta.

“Me pasaron el artículo sobre Zuckerberg”, me dijo cuando finalmente nos reunimos. “Esto es genial. Él tiene un podio más grande que el mío. Trato de hacer entender que la conectividad es una capa fundamental para el crecimiento social y económico”. Luego, de una forma sumamente educada, añade: “La otra cosa que es genial es que sé que nuestro sistema funciona”.

El 18 de diciembre un cohete Soyuz de fabricación rusa fue lanzado desde el Centro Espacial de Guayana Francesa con cuatro satélites pertenecientes a O3b, una startup fundada por Wyler en 2007. Es el tercer lanzamiento de la compañía; el plan es colocar esos satélites con otros ocho más que ya están en órbita de modo que formen un anillo alrededor del ecuador.

Desde hace tiempo es posible obtener Internet vía satélite, con un servicio tan rápido y eficaz como un módem de principios de los años noventa. Los datos se transmiten de ida y vuelta entre las antenas terrestres y los satélites en órbita geosincrónica a unas 22 mil millas de altura. A esa distancia, la señal tarda unos 500 milisegundos en llegar a un satélite y volver. Aunque medio segundo no nos parezca mucho, es suficiente para hacer que Skype, FaceTime, y cualquier moderna aplicación basada en la nube resulte tortuosa.

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La apuesta de Wyler es colocar los satélites de O3b a una distancia menor, en lo que se conoce como una órbita terrestre media, a unas 5 mil millas en el espacio. A esa distancia, los datos pueden viajar de ida y vuelta en unos 150 milisegundos, un rendimiento comparable al cable de fibra óptica. Aunque hay un inconveniente: Cuanto más bajo esté el satélite, menos tierra puede cubrir. Por eso O3b está colocando un número inusualmente grande de satélites, 12 hasta ahora, y más por venir.

Entre los 35 clientes de O3b hay empresas de telecomunicación en Papúa Nueva Guinea, la República Democrática del Congo, Samoa Americana, Malasia y Afganistán. También está hallando clientes entre las líneas de cruceros y las plataformas petrolíferas. Los satélites O3b cubren actualmente la trayectoria de tres navíos de Royal Caribbean, y la empresa de cruceros ofrece a sus pasajeros acceso gratuito a Internet como un incentivo sobre las operadoras rivales.

Con los 12 satélites en órbita y funcionando, O3b lanzó de lleno su servicio comercial en diciembre de 2014. En cuestión de meses, O3b se ha convertido en el mayor proveedor de servicios de Internet en el Pacífico, y para mediados de año alcanzará el umbral de rentabilidad con 100 millones de dólares en ingresos anuales, según la compañía.
A pocos días de lanzar los satélites O3b, Wyler refiere cuánta emoción siente por un nuevo emprendimiento operado desde su garaje. El garaje en cuestión está adjunto a su casa en la costa oeste, una mansión en Atherton, California. Todo el primer piso es la sede temporal de OneWeb, su más reciente compañía.

En lugar de limitarse a docenas de satélites, Wyler planea poner en órbita cientos, 648 para empezar. Esos satélites estarán en una órbita terrestre baja, a una distancia de 750 millas, mucho más cerca incluso que los doce satélites O3b. Los ingenieros esperan que los datos tarden 20 milisegundos en ir y volver.

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Integración de un satélite O3b a la estructura de un cohete. (Cortesía O3b)
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Sentado junto a la chimenea en su casa de huéspedes, Wyler sostiene un objeto semiesférico gris del tamaño de un neumático de coche. Es una antena de techo OneWeb. A diferencia de la típica antena parabólica para televisión, que requiere un instalador que alinee el plato con cuidado para obtener recepción, Wyler dice que su dispositivo sólo tiene que ponerse en el techo, con el lado redondo hacia arriba.

Sólo un puñado de empresas construye satélites, y por lo general son aparatos puntuales diseñados para un propósito específico. OneWeb necesitará que uno de esos fabricantes produzca sus máquinas a escala. También tendrá que trabajar con la mayoría de las principales compañías de lanzamiento de cohetes para alcanzar su inédito objetivo de enviar un nuevo satélite cada 20 días. “Esto es lo más ambicioso que jamás se haya hecho en la industria de los satélites”, dice David Bettinger, quien dejó su trabajo como director de tecnología de iDirect, una compañía de comunicaciones por satélite, para unirse a Wyler. “Necesitas a un Greg Wyler para hacer algo como esto”.

Wyler, quien hasta la fecha ha invertido 6 millones de dólares de su propio bolsillo, calcula que se necesitarán más de 2 mil millones de dólares para que OneWeb cristalice. La compañía ha incluido a Virgin Group y Qualcomm como inversionistas, cada uno de ellos pondrá “decenas de millones”, asegura el fundador de Virgin, Richard Branson, quien pertenece al consejo directivo de OneWeb. “Tenemos la capacidad para poner allí arriba cerca de 2 mil 500 satélites”, dice Branson. “Si nuestras cifras son correctas, esto será un negocio altamente rentable que también incluye una labor de beneficencia y ofrece un servicio muy necesario”.

La esperanza de Wyler es que OneWeb esté operando en 2018. Mientras tanto, los rivales ampliarán sus esfuerzos para conectar el resto del mundo. El principal contendiente acaso sea Elon Musk, quien además de haber sido huésped de la casa de Wyler acaba de anunciar planes para crear su propia versión de una red de satélites para llevar Internet.

Branson replica que Wyler es la única persona que ha analizado concienzudamente todas las cuestiones técnicas y ha adquirido los derechos internacionales de espectro inalámbrico para brindar el servicio de Internet desde el espacio. “No creo que Elon puede hacer algo que compita”, dice Branson, quien es amigo de los dos. “Si Elon quiere incursionar en esta área, lo lógico para él sería unirse a nosotros”.

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