Enfoques

Gracias a él, Hitler no construyó armamento nuclear

Joachim Ronneberg encabezó el escuadrón noruego que destruyó en 1943 la única fuente nazi de agua pesada, necesaria para su programa de armamento nuclear.
Andrew Higgins
© 2015 New York Times News Service
27 noviembre 2015 19:33 Última actualización 29 noviembre 2015 5:0
Joachim Ronneberg, de 96 años de edad, es el héroe de guerra más condecorado de Noruega. (NYT)

Joachim Ronneberg, de 96 años de edad, es el héroe de guerra más condecorado de Noruega. (NYT)

ALESUND, Noruega - Para un hombre que salvó al mundo o cuando menos contribuyó a asegurar que Adolfo Hitler nunca pusiera sus manos sobre una bomba nuclear, Joachim Ronneberg, de 96 años de edad, abriga una visión de las fuerzas que moldean la historia sorprendente por su falta de heroísmo.

"Hubo tantas cosas que fueron mera suerte y casualidad", dijo sobre su misión de sabotaje de 1943 que hizo estallar una planta noruega vital para el programa nuclear de la Alemania nazi. "No había plan alguno. Tan sólo esperábamos lo mejor", agregó Ronneberg, el héroe de guerra más condecorado de Noruega.

Fue el líder y es el único miembro vivo de un equipo comando de la II Guerra Mundial que destruyó la única fuente nazi de agua pesada, raro fluido necesario para producir armas nucleares. Las hazañas de Ronneberg han sido celebradas en un taquillero filme de 1965, "Los héroes de Telemark", protagonizada por Kirk Douglas, le han prodigado medallas militares y ha recibido honores, tardíamente, con una estatua y exposición museística en su poblado natal aquí en la costa oeste de Noruega.


M.R.D. Foot, el historiador oficial del sabotaje de Gran Bretaña en tiempos de guerra y servicio de inteligencia, el Ejecutivo de Operaciones Especiales, que organizó la misión de Ronneberg, describió el ataque sorpresivo sobre una planta productora de agua pesada en la Noruega ocupada por los nazis, Norsk Hydro, como un "golpe" que alteró el curso de la guerra" y merecía la "gratitud de la humanidad".

Tuvieron que pasar años antes de que Ronneberg llegara a entender el propósito exacto e importancia de la tarea. Todo lo que le dijeron los británicos antes de arrojarlo sobre una montaña noruega cubierta de nieve era que se necesitaba destruir una fila de tubos en la planta de Vermork.

"Ellos sólo dijeron que era importante y que tenía que hacerla estallar", dijo, recordando sus hazañas de tiempos bélicos en su ordenada sala de estar, llena de fotos familiares, incluyendo un gran retrato enmarcado de su esposa, quien murió el año pasado. La única indicación de su pasado son unos pocos libros y revistas en un estudio contiguo, dedicado a la historia de la guerra.


Agregó que en esa época no sabía nada sobre física nuclear, agua pesada o la carrera por fabricar una bomba nuclear. Sabía que Gran Bretaña había perdido más de 35 hombres en un desastroso intento por sabotear la planta Norsk Hydro en 1942, pero no tenía idea alguna sobre la razón por la que estaban tan determinados a incapacitar una remota instalación en las montañas cuyo único producto, hasta donde él sabía, era fertilizante.

"La primera vez que oí acerca de bombas atómicas y agua pesada fue después de que los estadounidenses arrojaran la bomba sobre Hiroshima y Nagasaki”, dijo. "Después, empezamos a entender nuestro ataque y la razón". Y también que, si hubiera fallado, Londres podría haber terminado "viéndose como Hiroshima". Esta tardía comprensión de lo muchísimo que está en juego "fue una tremenda satisfacción", dijo.

Los historiadores han argumentado desde hace ya largo tiempo atrás cuán cerca estuvo Hitler de desarrollar armas nucleares. Un historiador alemán alegó en un polémico libro de 2005 que los nazis condujeron varias pruebas de armas nucleares entre 1944 y 1945. Sin embargo, una perspectiva más ampliamente aceptada es que el programa nuclear de Hitler, lanzado mucho antes del Proyecto Manhattan, dio un gran tropiezo debido a su propia ciencia inferior y los excepcionales saboteadores de su enemigo.

Fue maniatada por la huida y asesinato de científicos judíos pero sufrió más gravemente de una decisión del físico Werner Heisenberg de usar agua pesada, óxido de deuterio, en vez de grafito, como uno de los moderadores en la producción de uranio con graduación para bombas. El agua pesada no sólo era menos efectiva que el grafito sino mucho más difícil de obtener en cantidades suficientemente grandes, dejando a los nazis dependiendo del suministro constante de la planta Norsk Hydro en Noruega.

Al mismo tiempo, el ataque de Ronneberg desaceleró la búsqueda nazi de una bomba en vez de asestar un golpe definitivo. Los nazis trabajaron rápidamente para reconstruir la planta en Vemork, impulsando una serie de ataques con bombas por parte de las fuerzas aéreas del ejército de Estados Unidos que enfureció incluso a noruegos contrarios a los nazis por las bajas civiles que causaron.

Después, los alemanes intentaron desplazar toda su agua pesada sobreviviente en Noruega a Alemania, pero este esfuerzo colapsó cuando saboteadores noruegos, encabezados por un integrante del equipo de Ronneberg, Knut Haukerlid, hizo estallar un trasbordador que transportaba la preciada carga.

Si bien han sido celebradas largamente por cineastas extranjeros, particularmente británicos, las hazañas de Ronneberg y otros nueve noruegos involucrados en frustrar el proyecto nuclear de los nazis se volvieron ampliamente conocidas en Noruega apenas este año, cuando NRK, la transmisora del estado, transmitió "La guerra del agua pesada", miniserie en seis episodios que se volvió la sensación nacional.

 
 

 La estatua de Ronneberg frente al Ayuntamiento aquí en Alesund fue erigida apenas el año pasado para marcar su cumpleaños 95.

La estatua de Ronneberg en Alesund, Noruega.


En su base hay un mensaje inscrito - "La paz y la libertad no deben tomarse por seguras" - que Ronneberg dice que ha sido pasado por alto durante demasiado tiempo por muchos en Noruega, donde dolorosos recuerdos de colaboración con los nazis por parte del líder en tiempos de guerra, Vidkun Quisling y su fascista régimen han silenciado el entusiasmo por una excesiva indagación en el pasado.

Dijo que era "bastante creíble" que ejecutivos de Norsk Hydro, muchos de los cuales trabajaban estrechamente con los nazis, nunca fueran perseguidos por sus traiciones de tiempos bélicos. El tema es aún tan delicado para una empresa que sobrevivió a la guerra para convertirse en un pilar de la economía noruega que la teleserie transmitida este año alteró los nombres de directivos de Norsk Hydro que habían colaborado con Hitler.

Un periodista y administrador de la estación nacional durante la mayor parte de su carrera de posguerra, Ronneberg evitó durante varias décadas hablar en público acerca de la misión de 1943 pero, temiendo que noruegos más jóvenes supieran poco sobre la guerra, empezó a abrirse en los años 70 y desde entonces ha hablado con regularidad en escuelas.

"Se habla mucho de 'nunca más', pero esto es imposible si no recordamos lo ocurrido en esos tiempos", dijo Ronneberg, cuyos tres hijos han ido en su totalidad en pos de carreras fuera del ejército. Recordar, agregó, sólo se volverá más difícil a medida que su propia generación se va extinguiendo. "El desafío por delante es que será duro interesar a la gente en la historia cuando no quede nadie con vida que lo haya presenciado".