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En la lucha vs tabaquismo, México no tiene nada que celebrar

En una década, el país pasó de firmar compromisos con la OMS a quedar muy rezagado en cumplirlos; sólo ocho entidades han adoptado políticas severas para proteger a los no fumadores.
Rosalía Servín
29 mayo 2014 22:58 Última actualización 30 mayo 2014 5:0
Ilustración Tabaco enfoques

Ilustración Tabaco enfoques

CIUDAD DE MÉXICO. En el Día Mundial sin Tabaco México no tiene nada que celebrar. A decir de especialistas, cuenta con una ley federal deficiente, autoridades que incumplen sus responsabilidades, políticas públicas que pierden efectividad y una industria que va ganando terreno por encima del derecho a la salud.

A decir de especialistas, en el Día Mundial sin Tabaco, México no tiene nada que celebrar.

Lo que parecía un camino trazado hacia mejores condiciones de salud para los mexicanos, ha devenido en una historia de claroscuros en materia de control de tabaco, refieren diversas organizaciones nacionales e internacionales, al recordar cuando hace 10 años el país se comprometió a luchar junto con otras naciones del mundo, contra esta importante adicción.

Para las autoridades en general, el país ha avanzado en la materia, pero para la mayoría de los organismos que trabajan en el tema, México se ha estancado, incumpliendo no sólo con los compromisos adquiridos ante la Organización Mundial de la Salud, sino con sus propia población, que sigue padeciendo las consecuencias del consumo de este producto.

Las estadísticas han dado debida cuenta del problema: en México hay 17.3 millones de fumadores entre los 12 y 65 años, lo cual representa el 21.7 por ciento de la población, de los que un millón 700 mil personas son jóvenes menores de 17 años.

El 30.2 por ciento de la población nunca ha fumado pero está expuesta al humo del cigarro.

Aunque existen muchas enfermedades vinculadas al consumo del tabaco, el cáncer de pulmón, los episodios cerebrovasculares, el infarto del miocardio y la enfermedad pulmonar obstructiva crónica (EPOC), son cuatro patologías comunes entre las causas de mortalidad y discapacidad que se presentan por la adicción al tabaco.

En 2011, estas patologías provocaron 66 mil muertes en la población mayor de 35 años, 26 mil 293 corresponden al infarto del miocardio, 18 mil 259 a EPOC, 16 mil 88 a los padecimientos cerebrovasculares y cinco mil 684 al cáncer de pulmón.

“Triste situación la de México”, sostiene Ch’uya Lane, representante de la organización Campaing for Tobacco Free Kids, quien recordó que desde 2004, cuando el país ratificó el Convenio Marco, se levantaron muchas expectativas al ser la primera nación en ratificarlo en la región.

“Pero desde entonces no ha avanzado mucho, ahora está atrás de 16 países de la región, al menos en el tema de ambientes 100 por ciento libres de humo de tabaco”, señaló, luego de reconocer que los que pierden en todo esto son los ciudadanos y lo peor, a costa de los intereses de la Industria.

Un ámbito en el cual no se ha registrado avance, es en la protección del derecho a la salud para disfrutar de un ambiente libre de humo de tabaco en espacios públicos, considerado un eje estratégico de recomendaciones de la OMS.

“Reflejo de intensas presiones de la industria tabacalera y de una negociación política compleja, la disposición que permite fumar al interior de restaurantes, bares, cafés y otros establecimientos, vigente desde 2008, es una mancha que daña la imagen del país, al conceder a particulares condiciones para permitir fumar y atentando contra la salud”, señala Erick Antonio Ochoa, director en México de Iniciativas para el Control del Tabaco de la Fundación InterAmericana del Corazón.

A la fecha sólo ocho entidades han implementado políticas locales más severas en esta materia: Distrito Federal (2008), Tabasco (2011), Morelos (2011), Veracruz (2012), Zacatecas (2012) y recientemente el Estado de México, Nuevo León y Baja California (2013).

Hay estados como Querétaro, donde se ha dado marcha atrás a la ley aprobada por los legisladores, argumentando el “derecho de la industria” a la libertad económica.

La política fiscal es otro asunto a reformarse, pues si bien en 2010 hubo un notorio avance al aprobarse un incremento de siete pesos por cajetilla, cada año la política “pierde efectividad” al no ajustarse automáticamente a la inflación y los esfuerzos por aumentarlos son “anulados” por la industria.

Más aún, el año pasado el Congreso de la Unión aprobó eliminar los impuestos específicos a puros y otros tabacos labrados a mano.

Aún falta por regular los puntos de venta, donde las licencias sanitarias serían una buena alternativa; además, evitar la venta de cigarrillos sueltos y a los menores de edad.