Enfoques

El auto volador, más cerca que nunca

Los entusiastas de la aviación han esperado por años, ahora cambios regulatorios motivan su ejecución; interesados pagan 10 mil dólares por apartar el vehículo de 279 mil dólares.
Bloomberg
24 noviembre 2014 16:20 Última actualización 25 noviembre 2014 5:0
Como aeronave, puede volar a una velocidad de 100 millas, unos 160 kilómetros por hora, y debe aterrizar en un aeropuerto para continuar con un recorrido callejero. (Bloomberg)

Como aeronave, puede volar a una velocidad de 100 millas, unos 160 kilómetros por hora, y debe aterrizar en un aeropuerto para continuar con un recorrido callejero. (Bloomberg)

La primera vez que Carl Dietrich llevó su concepto de auto volador a la convención de AirVenture, la feria anual de la Asociación de Aeronaves Experimentales en Oshkosh, Wisconsin, sólo tenía un video para mostrar a los entusiastas de la aviación que paseaban por su modesto puesto; al año siguiente, llevó la maqueta de un ala. Seis años más tarde, en julio de 2013, estaba listo para volar el prototipo.

Como dijo la voz que presentó al Terrafugia Transition: “Señoras y señores, ésta es una de las cosas más increíbles que vimos jamás aquí en Oshkosh. Hace 25 minutos éste era un auto para uso legal en las calles. Ahora, está en el aire”.

El piloto Phil Mateer habló a la gente mientras el presentador se enlazó con el micrófono de la cabina para preguntarle cómo se sentía. “Estoy en un coche mirando hacia abajo el tráfico,” respondió Mateer. “Y vuela realmente bien”.

Los entusiastas de la aviación han soñado con un coche volador de producción masiva. Sin embargo, Dietrich está hoy más cerca que nadie desde el fallido intento del piloto Moulton Taylor por fabricar el Aerocar, aprobado por la Administración Federal de Aviación (FAA, en inglés) en los cincuenta.

“Lo que Carl y su equipo están haciendo es recrear ese mismo sueño, con la tecnología, la informática, la resistencia a los impactos y el modelado aerodinámico de hoy”, dice Jake Schultz, analista técnico de Boeing y autor del libro ‘A Drive in the Clouds: The Story of the Aerocar.’

DEPÓSITOS DE 10 MIL DÓLARES

Más de cien personas pagaron depósitos de 10 mil dólares por cabeza para el Transition, que será capaz de alcanzar 70 millas (110 kilómetros) por hora en carretera y 100 millas por hora en el aire cuando llegue al mercado en algún momento de los próximos tres años. Dietrich afina detalles del prototipo de tercera generación en su vehículo de 279 mil dólares antes de buscar la certificación de la FAA, que regula la aviación, como de la Administración Nacional de Seguridad Vial, que regula los automóviles.

Un año después de aquel vuelo triunfal en Oshkosh, Dietrich, de 37 años, nos recibe sentado en su oficina en el modesto cuartel general de Terrafugia, detrás de un hotel Best Western en Woburn, Massachusetts. Dice que propuso por primera vez un automóvil volador cuando era candidato a doctor en ingeniería aeronáutica en el Massachusetts Institute of Technology (MIT), donde se asoció con un par de estudiantes de la Sloan School of Management y otros dos ingenieros (entre ellos la mujer que es ahora su esposa) para ganar el segundo lugar del concurso MIT $100K Entrepreneurship Competition en 2006.

Ese mismo año, Dietrich también se llevó el premio Lemelson-MIT National Collegiate Student, de 30 mil dólares, que usó para ese primer viaje a Oshkosh, en donde conoció a sus primeros inversionistas ángel e inscribió posibles compradores.

“Siete personas nos escribieron cheques por un producto que ni existía”, recuerda. “Es un indicador bastante poderoso de que la gente realmente quiere esto”.

LA DENOMINACIÓN 'LSA'

Una razón por la que el Transition llegó más lejos que otros conceptos es porque en 2004, la FAA creó la denominación de aeronaves deportivas ligeras (LSA, en inglés) para aeronaves que pesan menos de 600 kilogramos con asientos para dos personas máximo. A sus fabricantes les facilitan la ruta para llegar al mercado y fomentan el espíritu empresarial e innovación en un nicho que vio muy poco de ambos.

“La aviación personal es básicamente un hobby divertido y caro,” dice. “Mi meta es hacerlo útil”.

RESOLVIENDO PROBLEMAS

Los críticos dicen que los coches voladores tienen pocas posibilidades de destacar. No son un buen avión ni un estupendo automóvil. Pero esa crítica pasa por alto lo esencial, dice Dietrich: el Transition pretende ampliar la definición de avión, solucionando problemas persistentes en el proceso.

En primer lugar, los aviones pequeños son prácticamente inútiles en condiciones de mal clima. Por el contrario, si una tormenta se presenta mientras estás volando el Transition, sólo tienes que aterrizar en alguno de los más de 5 mil aeropuertos que hay en Estados Unidos, pulsas un botón para plegar las alas y circulas por carretera hasta que las condiciones mejoren. En casa, puedes estacionarlo en la calle o en el garaje. Y funciona con gasolina convencional sin plomo, que es más barata y más limpia que el combustible para aviación y está disponible en cualquier gasolinera.

“Obtienes un rendimiento de gasolina comparable a tu vehículo de calle, pero vas 100 millas por hora por encima de todo el tráfico,” explica Dietrich.

CAMBIAR EL MUNDO

Dietrich se echa hacia atrás en su silla. “Puede ser frustrante”, dice de las mejoras interminables y el proceso de aprobación pendiente, “pero yo no estaría haciendo esto si no creyera que tenemos el potencial de inspirar una industria de miles de millones de dólares”.

En su opinión, los coches voladores son inevitables, y una vez que el primero se abra camino en el mundo, otros seguirán. Actualmente está trabajando en un modelo semiautónomo de despegue vertical.

“Yo no invertiría mi tiempo si no creyera que podemos cambiar el mundo,” expresa.