Enfoques

Caída de capos no se refleja en mejoría para ciudadanos

‘Por cada líder que cae, siempre llega uno nuevo y quizá hasta más agresivo’. Los golpes al crimen deben ir más allá del impacto mediático: analistas.
Sandra Marina / Jaime Ramírez
06 abril 2014 20:45 Última actualización 07 abril 2014 5:0
Joaquín El Chapo Guzmán,

Han sido capturados o muertos bajo una estrategia del gobierno federal tres capos en 40 días, destacando Joaquín Guzmán Loera. (Cuartoscuro)

CIUDAD DE MÉXICO. Para expertos en Seguridad, el abatimiento de líderes criminales como “El Kike” Plancarte y “El Chayo” Moreno, así como la espectacular captura de Joaquín “El Chapo” Guzmán, podrían dar al gobierno federal la prueba que buscaba para demostrar seriedad y contundencia en solucionar el estado de inseguridad en el país; sin embargo, esta política de descabezamiento de las agrupaciones criminales debe ir más allá de una estrategia mediática para que realmente los ciudadanos comunes perciban un impacto positivo respecto de la violencia e inseguridad que día a día enfrentan en las calles.

El coordinador del Programa de Seguridad Nacional en México: Actualidad y Prospectiva, de la Universidad Iberoamericana Ciudad de México, Erubiel Tirado, señaló que el impacto de esta estrategia en la sociedad es mínimo, “sólo da la sensación primaria de que las cosas pueden mejorar, pero en realidad es ilusorio hablar de un beneficio real y a corto plazo para los ciudadanos.

“El crimen organizado existe y subsiste gracias a sus redes de complicidad con el entramado político, social y económico”, apuntó.

Es por ello que el también maestro en Derecho por la London School of Economics refirió que en la medida que cae el líder de una organización criminal, el hecho debería ir acompañado de las redes de complicidad: de los empresarios que lavan dinero, de los políticos que dan protección y de los elementos de corporaciones policíacas que están asociadas con los criminales, así como el hecho de eliminar corrupción al interior de las estructuras institucionales.

“Sólo de esta manera podremos recuperar el esquema de convivencia social y percibir un beneficio general en el mediano y largo plazo”.

Por su parte, el doctor Javier Oliva Posada, académico de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM y experto en temas de Seguridad Nacional, señaló que el abatimiento o aseguramiento de líderes criminales tampoco disminuyen las adicciones: “no significa que disminuyan el acceso a las drogas, ni la circulación y producción de las mismas”.

Respecto de la violencia, consideró que “es irregular o impreciso decir que ésta disminuya o se incremente si desaparecen los cabecillas criminales, porque depende de la organización, de la entidad involucrada, entre otros factores”.

Si bien calificó como buena la actuación del gobierno federal en el tema de Seguridad, Oliva argumentó que la percepción del incremento de la inseguridad y violencia se debe a que las autoridades no previeron la mudanza de los capos de drogas a delitos de alto impacto, como secuestro o la extorsión.

El consultor en Seguridad, Guy Ben Nun, destacó que la competencia entre el crimen organizado es tan vigorosa que a nivel mercantil ninguna organización y ningún territorio quedará sin patrón.

Por cada líder que cae, siempre llega uno nuevo y quizás más agresivo porque deberá demostrarse e imponerse como tal; o un nuevo grupo tomará el mando, o se generará más violencia debido a la fragmentación que enfrentan los grupos al perder a la cabeza.

Subrayó que grupos criminales extranjeros pueden llegar a dominar a los locales, “y eso es muy preocupante porque al no tener ningún sentimiento ligado al país, nos les importaría destrozarlo por completo".

Ben Nun agregó que como México es estratégico para la operación de los cárteles extranjeros, no les conviene que haya descontrol.

“Al caer el cabecilla de las organizaciones, los delincuentes no dejan de ser delincuentes. No se lamentan y abandonan la mafia para buscar un trabajo honrado”, expresó.

Los especialistas señalaron que la captura o muerte de grandes capos ha sido una estrategia mediática del gobierno federal. “Simboliza valor y una política sin corrupción” dijo Ben Nun.

Tirado indicó que “el gobierno ha desplegado estas estrategias copiando esquemas como los norteamericanos, en el sentido de establecer un listado de cabezas e irlos deteniendo, extraditando o asesinando inclusive.

“Pero el hecho de cumplir con ese listado no nos lleva a acabar con el problema de la inseguridad”.

Aún vigentes, operaciones de cárteles diezmados

En lo que va de este gobierno, han sido abatidos y detenidos importantes criminales, pero los grandes cárteles mantienen sus operaciones.

En Michoacán, a pesar de la muerte de los líderes Templarios: Nazario Moreno y Enrique Plancarte; así como de la aprehensión de Dionisio Loya Plancarte, su base operativa conformada por “Los Apóstoles”, mantiene sus actividades.

Por otro lado, aunque para algunos la caída de Joaquín Guzmán Loera, “El Chapo”, marcaría una baja en las actividades del Cártel de Sinaloa, éste grupo sigue liderando el narcotráfico en el país y el que mejores relaciones tiene con los cuatro colombianos: el Pacífico, el Sur, el Oriente y el Valle.

Otro grupo vigente en Jalisco, Colima y Nayarit es el de los Beltrán Leyva, encabezados por Carlos y Héctor, quienes tienen a “Los Pelones”, una célula de reacción, enfrentada con el Cártel de Sinaloa.

“Los Torcidos” o Cártel de Jalisco Nueva Generación, cuyo dirigente es Nemesio Oseguera Cervantes, “El Mencho”, aún desarrolla una intensa actividad en Jalisco y en Michoacán, donde sus enemigos mortales son los Templarios. El hijo de este capo, Rubén Oseguera fue detenido en enero pasado y acusado de vender armas a las autodefensas michoacanos.

Y aunque casi toda la organización templaria está desarticulada, “Los Apóstoles” se encarga de los cobros de cuotas y de las ejecuciones. Además, falta por detener a Servando Gómez, “La Tuta” y a Fernando Cruz Mendoza, “El Tena”.