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Los sacos del cafeto arábica, robusta y natural llegan a la fábrica y son almacenados en condiciones especiales de humedad (máximo 21 grados Celsius) para evitar que pierdan sus propiedades.
La unidad de control de calidad hace pruebas aleatorias para verificar que los granos de café llegan con los estándares de calidad requeridos, es decir, enteros, de forma elíptica y en las respectivas tonalidades de verde jade u olivo.
La mezcla de granos tostados para el expreso de Café Punta del Cielo se introduce en el sistema de molido.
Los granos crudos pasan al área donde se tuestan a más de 240 grados Celsius e inician su proceso de oxidación; así quedan libres del follaje y son enfriados en una máquina secadora a temperatura ambiente.
Para cada cápsula se separan 7 gramos de café y se comprimen con 15 kilos de presión.
El mismo aparato envuelve las cápsulas en bolsas con una película de aluminio individuales y nitrógeno, que evitará que el producto pierda propiedades como aroma y sabor.
Las cápsulas, cada una en sobre individual, se empaquetan en cajas y son transportadas a los puntos de venta.
En la máquina de café, el agua caliente cae sobre la tapa perforada de la cápsula y presiona el café que sale por la parte perforada inferior del dispositivo.
Las cápsulas de Punta del Cielo están hechas con fécula de maíz, por lo que son 100 por ciento biodegradables y se pueden desechar sin dañar el medio ambiente.

La vida de una cápsula

En tu oficina o tu casa, es muy probable que cuentes con alguna máquina de café en cápsula, un aparato práctico para los amantes de la bebida. La firma 100 por ciento mexicana Café Punta del Cielo comparte que sus cultivos están en Veracruz, Oaxaca, Chiapas y Puebla, ahí inicia el proceso de selección, tostado y molido del café, que resultan cruciales para mantener la esencia en la cápsula. Después de que se colecta, despulpa, seca y separa, el café es transportado a la fábrica donde inicia su ciclo para encapsularse. Textos: Eli Cáceres; Fotos: Fabián García
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