Financial Times

Y mientras crece la amenaza norcoreana... ¿qué hacemos?

Se ve difícil una acción coordinada internacional para hacer frente a la constante señal de alarma que sale de Corea del Norte y que sigue incrementando.
Gideon Rachman
03 septiembre 2017 23:13 Última actualización 04 septiembre 2017 5:0
Corea del Norte sigue provocando a sus adversarios. (Ismael Ángeles)

Corea del Norte sigue provocando a sus adversarios. (Ismael Ángeles)

El último ensayo nuclear de Corea del Norte ha causado alarma y condena, no sólo en Washington y Seúl, sino también en Tokio, Beijing y Moscú. El nuevo dispositivo probado por Pyongyang es el más poderoso de ese país hasta el momento. La afirmación de Corea del Norte de que se trata de una bomba de hidrógeno podría ser exacta. Esta prueba se produce también una semana después de que el régimen de Kim Jong Un disparó un misil balístico sobre Japón. La escalada y las provocaciones de Pyongyang son ahora constantes.

Pero es poco probable que la ansiedad global compartida lleve a una estrategia internacional verdaderamente unificada. Por el contrario, incluso puede ampliar las divisiones entre los estadounidenses, quienes quieren incrementar la presión coercitiva sobre Pyongyang, y los chinos y los surcoreanos, quienes favorecen las conversaciones con Corea del Norte.

Aunque EU y Corea del Sur son aliados militares, cada vez es más evidente que la administración de Trump y el gobierno liderado por Moon Jae-in tienen instintos muy diferentes sobre cómo lidiar con la amenaza de Corea del Norte. Esta división fue revelada en el más reciente mensaje de Twitter de Donald Trump sobre la crisis: “Corea del Sur está descubriendo, como ya les he dicho, que hablar de apaciguamiento con Corea del Norte no funcionará, ¡ellos sólo entienden una cosa!”.

La clara implicación del mensaje de Twitter del presidente es que la “única cosa” que funcionará es la fuerza militar. Esto es consistente con la anterior “amenaza de fuego y furia” de Trump dirigida al régimen de Kim Jong Un. Pero mientras más amenaza el presidente de EU con una acción militar y no actúa, más se arriesga a quedar como fanfarrón. EU sabe que cualquier ataque contra Corea del Norte podría provocar devastadoras represalias contra Corea del Sur, y contra las bases militares estadounidenses en la región.

Por supuesto, hay otras formas de coerción que podrían probarse. EU y otros han sugerido previamente que un embargo de las exportaciones de petróleo por parte de China podría poner rápidamente a Corea del Norte de rodillas. La declaración de China en respuesta al último ensayo nuclear tuvo un tono más fuerte que el habitual. Los informes de que el terremoto causado por la prueba se sintió en China —combinados con la humillación que sintió Xi Jinping, el presidente de China, puesto que actualmente es el anfitrión de la importante cumbre internacional de los BRICS— le dan a Beijing razones de sobra para sentir ira y alarma.

Pero parece poco probable que los cálculos fundamentales de China hayan cambiado. Y éstos todavía sugieren que, por una mezcla de razones prudenciales y estratégicas, Beijing tratará de evitar acciones que puedan causar la caída del régimen de Corea del Norte. En términos prácticos, el gobierno chino teme los peligros y las consecuencias de un colapso desordenado en Corea del Norte, lo cual podría incluir flujos incontrolables de refugiados, así como una guerra en las fronteras de China. Incluso si esas amenazas pudieran contenerse, China no quiere ver una península de Corea reunificada si la nueva Corea sigue siendo un estrecho aliado de EU.

No obstante, mientras los principales actores internacionales permanecen frustrados e impotentes, la amenaza norcoreana sigue aumentando. Después de años retumbando en el fondo, Corea del Norte ha logrado colocarse al frente de la agenda internacional.