Financial Times

Trump fascina a EU y esta es la explicación

Una eventual victoria de Donald Trump en la carrera por la presidencia de Estados Unidos sería una señal de auxilio sobre el estado de la nación, ¿pero realmente paralizaría al gobierno?
Edward Luce
31 enero 2016 21:11 Última actualización 01 febrero 2016 5:5
Simpatizantes de Dondald Trump. (Reuters)

Simpatizantes de Dondald Trump previo a los caucus de Iowa. (Reuters)

En India, la democracia más grande del mundo, muchos votantes son tan analfabetos que los partidos se denotan a través de símbolos. Congreso Nacional Indio es la palma de una mano, el partido Bharatiya Janata es una flor de loto, y así sucesivamente. Los votantes que no saben leer dejan su huella digital junto a la imagen de su partido.

A menudo me he preguntado qué símbolo capturaría el mensaje de Donald Trump. Los demócratas usarían el arco iris para expresar la diversidad de su coalición. Los republicanos tradicionales utilizarían el águila norteamericana para denotar su patriotismo; o tal vez la imagen de Ronald Reagan. El símbolo de Trump sería el dedo medio para expresar la opinión que tienen sus fanáticos sobre la política. “El Donald” es lo que opinan de Washington. No hay otro visual que lo exprese mejor.

La furia de la clase media de Estados Unidos se ha convertido en la explicación estándar de las elecciones de 2016. Los votantes de clase media están furiosos y se sienten traicionados. Trump es su manera insensata de demostrarlo. Pero esto tal vez sea tan engañoso como las primeras opiniones que se expresaron acerca de él. Los votantes a favor de Trump no son caprichosos. Aquellos que lo apoyan están enviando un mensaje específico de desprecio hacia los políticos de carrera. Entre más los ofende el multimillonario -lo cual sucede cada hora- más efectivo es. “Hasta Trump es mejor que ustedes”, dicen. “Así han caído en nuestra estima”.

Muchas veces se ha dicho que Trump ha obtenido su apoyo mayormente de aquellos que no tienen un título universitario. Pero su delantera es tan grande que también atrae el apoyo de más republicanos titulados que cualquiera de los candidatos más establecidos. Eso no se escucha mucho.

Los extranjeros, particularmente de Europa, a menudo se imaginan a los de la clase media estadounidense como nativistas que pueden portar armas pero que no pueden comer con cubiertos. Es una caricatura engañosa. Hay mucho racismo en Estados Unidos (al igual que en Europa). Pero está distribuido más uniformemente de lo que muchos suponen. Trump se ha ganado un porcentaje más grande de votantes independientes y demócratas que cualquier otro candidato republicano. Y no todos sus aficionados son racistas. Algunos claramente lo son y él los ha complacido desvergonzadamente. Pero yo he conocido pocos seguidores de Trump que declaran esas tendencias. La mayoría se opone a ofrecerles amnistía a los inmigrantes ilegales, pero pocos cerrarían las puertas a inmigrantes no blancos que entrarían de manera legal.

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Lo que la mayoría de los seguidores de Trump tienen en común es un desprecio de la hipocresía. Su candidato ha echado a un lado el libro de las reglas. No solicita donaciones. Declara que no las necesita y presume de cuánto dinero tiene. Además, con gusto admite haber donado dinero a candidatos de diferentes partidos por motivos comerciales y para comprar su favor. “El Donald”, por su parte nunca se podrá “comprar”.

Donald Trump, aspirante a la candidatura presidencial republicana en EU. (Reuters)

Hay dos suposiciones prevalentes sobre Trump: que probablemente perdería en las elecciones generales, y que sería un presidente desastroso. Sería imprudente apostar por el primero. A diferencia de los políticos de carrera republicanos, el magnate tiene apoyo multipartidista. Es verdad que sus calificaciones negativas -de menos 27 puntos, según Gallup- son más altas que las de cualquier otro candidato potencia. Las calificaciones negativas de Hillary Clinton son de menos cuatro puntos. Trump es la figura política más despreciada en Estados Unidos y posiblemente la figura más popular.

En una era tan polarizada, la habilidad para alentar a los votantes es más importante que la búsqueda del elusivo votante decisivo. Si añadimos el gran entusiasmo de los electores a favor de Trump a su habilidad para recrear su imagen, sería imprudente no tomarlo en serio. Si llega a ganar la nominación, es factible que seleccionaría a una mujer no blanca como su compañera de fórmula; tal vez Nikki Haley, la gobernadora republicana de Carolina del Sur, quien es hija de inmigrantes de India. Otro ataque terrorista alimentaría su narrativa. La entrada de Michael Bloomberg, el exalcalde de Nueva York, lo ayudaría aún más, ya que dividiría las élites de ambas costas.

¿Y si pasara lo impensable? ¿Cuál sería la magnitud catastrófica de una presidencia de Donald Trump? Su victoria enviaría una señal de auxilio sobre el estado de la democracia de Estados Unidos. Al elegir a Trump, el país estaría “mostrando su dedo medio” al mundo. Además repudiaría gran parte de la atracción de la nación.

Pero, ¿se paralizaría el gobierno en Washington? ¿Reescribirían los intereses especiales las leyes tributarias y dominarían los reguladores? Tal vez. Pero como dicen los simpatizantes de Trump, eso ya ha sucedido. ¿Por qué no admitirlo de una vez?