Financial Times

Tim Armstrong de AOL demuestra que un jefe grosero puede tener éxito

Tim Armstrong es la antítesis de lo que se supone es un jefe exitoso, alguien humilde que lleva a su equipo en la espalda, pero él ha demostrado que este concepto es erróneo. Desde que asumió el cargo de AOL en 2009 se ha metido en todo tipo de líos, pero a pesar de eso, ha sabido maniobrar y llevar dinero a los accionistas.
Lucy Kellaway
22 mayo 2015 17:44 Última actualización 23 mayo 2015 5:5
Tim Armstrong AOL

Tim Armstrong AOL. (Reuters)

Él es prueba viviente de que es una tontería argumentar que los líderes más exitosos son los humildes

Tim Armstrong es mi CEO favorito. No se me ocurre nadie que haya sido fuente de tanta y tan variada inspiración para mí a través de los años. Desde que asumió el mando de AOL en 2009 se ha metido en todo tipo de líos, se ha quitado los zapatos, ha metido la pata, perdido los estribos, ofendido a madres, despedido a alguien en público, abusado del poder, hablado una pila de basura – mientras que al mismo tiempo hacía más dinero para los accionistas con cada maniobra –.

La semana pasada, cuando acordó vender AOL por 4.4 mil millones de dólares, un contribuyente a Forbes le llamó un “genio”, argumentando que la principal razón por la cual Verizon quería comprar la compañía era para obtener un poco del brillo de su CEO. El director del banco de Sr. Armstrong seguramente estará de acuerdo: la ganancia personal del hombre a raíz de este trato se estima en $180 millones según el Wall Street Journal. Sin embargo, mientras Forbes lo aclamaba, otros estaban haciendo ruidos más rudos. Un bloguero en Gawker escribió una entrada llamada “Un saludo a Tim Armstrong de AOL, un jefe verdaderamente de mierda”.

Muchas veces he tratado de entrevistar a este héroe/villano corporativo con la esperanza de entender cómo a una de las figuras menos atractivas de la vida corporativa le pudiera haber ido tan bien, pero sus celosos agentes de relaciones públicas se han interpuesto. En vez de eso me he tenido que contentar con oírle hablar, mirar fotos y videos, leer sus memorandos y hablar con personas que han trabajado para él.

La primera parada son sus palabras, que nunca decepcionan en ser torpes, romper las reglas de la gramática, y ser simplemente desconcertantes. En varias ocasiones he subrayado su mal uso del lenguaje, pero sigue excediéndose. La semana pasada en un memorándum al personal explicó: “el acuerdo ‘juegocambiará’ el tamaño y escala de la oportunidad de AOL” – omitiendo decir de qué oportunidad hablaba y acuñando un nuevo verbo – ‘juegocambiar’ – tan ofensivo que ya he decidido galardonarle en mis premios 2015. En caso de que su nota hubiera dejado a alguien confundido, procedió a explicar en una entrevista: “Este acuerdo, sentimos, es el acuerdo correcto para seguir adelante. En el escenario de ‘ir-adelante’, planeamos hacer el acuerdo con Verizon” – ofreciendo una doble ración de ‘ir adelante’ en un arreglo perfectamente circular de pura nada.

La próxima parada son las imágenes Google, donde entre muchas fotos de su atractiva cara de quijada pesada y labios gruesos hay una foto del Sr. Armstrong con Arianna Huffington luciendo totalmente incómodos sin zapatos. La pareja estaba levantando conciencia sobre cuán horrendo debe ser para los niños andar descalzos en las aldeas africanas; al hacer esto también levantaron aún más conciencia sobre la vanidad y la presunción de la bien calzada América corporativa.

En YouTube, encontramos al Sr. Armstrong, explicándole a CNN cómo lo hace. “No permitas lenguaje de perdedor”, dice, los ojos barrenando al entrevistador. Revela que su papá fue un veterano de Vietnam que le dio a su hijo un consejo cuando asumió el mando de AOL: “Haz lo que tengas que hacer para tener éxito”.

Una de las cosas que se necesita para tener éxito es ignorar a los sentimientos del personal. Recuerdo la famosa manera en la que se refirió a los dos “AOLeños” que tenían “bebés afligidos”, explicando que el alto costo de cuidar a estos bebés era parcialmente responsable por los cambios en el esquema de pensión de la empresa.

También está la aún más famosa manera en que despidió a un empleado en frente de mil colegas simplemente porque había tenido el descaro de tomar una fotografía. Después el Sr. Armstrong admitió que esto no había sido totalmente justo a “nivel humano” – la desafortunada implicación era que éste no es un nivel que el CEO visita a menudo –.

Pero este relato digno de titulares descuida un punto aún mayor sobre el hombre. Si uno escucha cuidadosamente la grabación del despido (lo cual recomiendo que hagan mis lectores), uno notará que lo verdaderamente detestable no era que echó a alguien en público por nada. Fue la forma en que les habla a sus empleados. Un monólogo intimidante, en el curso del cual le dice dos veces a la gente que si no están de acuerdo con él se pueden ir ahora mismo.

Más tarde, el Sr. Armstrong explicó que el despido fue una “reacción emocional”. Pero su voz dice algo distinto. Dijo: “está despedido – fuera”, esperó un par de segundos para que el infractor saliera corriendo, y resumió la intimidación en el mismo tono de voz. El control era mucho más aterrador que ninguna emoción.

La grabación, aunque de sólo tres minutos, es una clase maestra en cómo no hablarle al personal, cómo no motivar y cómo no dirigir.

También nos da la moraleja de esta triste historia. Todo experto en administración moderna va a decir que los directores ejecutivos que son cabrones ya no sobreviven. Los líderes más exitosos se suponen que sean los humildes, los que escuchan y llevan a la gente con ellos. El Sr. Armstrong es prueba viviente que esto es pura tontería. Si se enriquece a los accionistas – lo cual se tiende a hacer si se está empeñado en tener éxito a cualquier costo – uno puede ser tan agradable o tan antipático como uno quiera.