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FINANCIAL TIMES: 'Shutdown' en EU daña credibilidad

10 febrero 2014 4:24 Última actualización 07 octubre 2013 5:2

[La reelección de Oabama cambió poco. Los once meses de su mandato han sido afectados por la crisis fiscal. / Reuters] 


 

 
 
Por Edward Luce
 
 
Se dice que EU puede permitirse el lujo de una convulsión doméstica de vez en cuando. Pero casi una semana después de cerrar su gobierno, la presencia global de la nación ya ha sufrido un golpe. El presidente Barack Obama tuvo que cancelar una importante visita comercial a Asia esta semana debido a la crisis. La logística la hubiera hundido de todos modos, todos menos uno de sus planificadores se han regresado a casa. Todos los demás, incluso Xi Jinping, presidente de China, están participando en la cumbre de Bali. La ausencia del Sr. Obama planteará más dudas sobre su giro hacia Asia.
 
 
Igualmente, los negociadores de EU en la segunda ronda de conversaciones comerciales del Atlántico con la Unión Europea de esta semana fueron designados “no esenciales.” Las conversaciones de Bruselas también han sido pospuestas hasta nuevo aviso.
 
 
Y pensemos un momento en la Reserva Federal de EU, donde un adverbio mal encajado puede desencadenar ciclones mercantiles alrededor del mundo. Todos menos tres estadísticos estadounidenses han tenido que regresar a casa. El informe del viernes sobre el empleo quedó en blanco, como quedarán otras publicaciones claves de datos hasta que vuelva a abrir el gobierno. La Reserva Federal está funcionado parcialmente a ciegas. ¿Cómo lucirán las cosas en 10 días? Dos cosas están cambiando la forma en que el mundo ve a EU. Primero, las travesuras de Washington cada día parecen más cómo van a ser las cosas. La reelección de Obama cambió poco. Los once meses de su mandato han sido tragados por la crisis fiscal, como lo fueron los dos años anteriores. La parálisis lo cubre todo, desde la reforma de la inmigración hasta el control de las armas.
 
 
Cualquier trato de última hora para detener un incumplimiento en las próximas dos semanas, realmente sólo puede posponer la crisis por unos meses. Los republicanos han ofrecido reabrir el gobierno hasta el 15 de noviembre para dar tiempo a organizar conversaciones, un plazo improbablemente corto. Pero las batallas fiscales de Washington seguramente van a continuar. Y el intervalo entre ellas se está volviendo más corto.
 
 
La esperanza entre los acreedores extranjeros de EU es que el Partido Republicano recuperará el sentido al perder la Cámara de Representantes. Sin embargo, la próxima elección del Congreso tendrá lugar en más de un año. Y dada su gran mayoría, una pérdida Republicana del control es algo remoto. Además, los distritos más vulnerables del partido están en manos de los moderados.
 
 
Cualquier pérdida de escaños afianzaría la garra del Tea Party.
 
 
La perspectiva inquietante es que la crisis continuará hasta que Obama deje el cargo, y posiblemente más allá. Los republicanos del Tea Party derivan su intransigencia de los distritos asegurados por la práctica de “gerrymandering” (la manipulación de una circunscripción electoral), mayormente en el sur. Pero la próxima redistribución de distritos no tendrá lugar hasta el 2020, en un plazo de tres elecciones. No hay garantías de que será menos parcial que el último.
 
 
En segundo lugar, los ataques de histeria domésticos de EU le están haciendo daño en el extranjero. Por supuesto, el poder duro del país puede aguantar un tiempo de gobierno cerrado, como lo demuestran las redadas este fin de semana contra sospechosos militantes islámicos en África. No importa lo que pase en el Capitolio, EU puede darse el lujo de darles servicio a sus deudas y financiar 12 portaaviones, lo cual son 10 más que cualquier otro país. Pero estas tandas se están volviendo más frecuentes.
 
 
Y el poder blando de EU –su habilidad de persuadir y dirigir con el ejemplo– se está empañando. Si hubiera un incumplimiento, el daño se extendería a los activos tangibles estadounidenses, comenzando con su habilidad para utilizar el dinero mundial prácticamente gratis. Sigue siendo improbable que la bomba del incumplimiento se vaya a disparar. La mayoría asume que la cordura prevalecerá a última hora. Pero el mundo se está acostumbrando a ver a EU como un dispositivo sospechoso.
 
 
Aunque es más difícil de medir, las repetidas convulsiones de Washington también acarrean una consecuencia diplomática. Eventos recientes subrayan que el Congreso será un participante separado en las conversaciones nucleares de Obama con Irán. El mes pasado, el Congreso dañó la reputación de Obama en el Medio Oriente poniendo en claro que no autorizaría ataques contra el régimen sirio. Obama se salvó de un humillante revés gracias a Vladimir Putin de Rusia. Pero el Congreso sigue siendo impredecible. No hay más garantías que el Capitolio daría luz verde a debilitar las sanciones sobre Irán, por ejemplo, que aprobaría el uso de la fuerza. De cualquier manera, la mano de Obama se ha debilitado antes de que empiecen las conversaciones.
 
 
La credibilidad americana en sus iniciativas comerciales en el Pacífico y el Atlántico también ha sido socavada. Cualquier acuerdo dependería de la renovación de la “autoridad de promoción comercial” del presidente que limita al Congreso a un voto de todo o nada. Nadie sabe si Obama puede obtener su reautorización.
 
 
Desde la semana pasada, cualquiera que llame por teléfono a la Casa Blanca oye la siguiente grabación: “Nos disculpamos por el lapso en financiamiento federal, no podemos tomar esta llamada.” Toma algún tiempo olvidar este tipo de mensaje.
  
 
 
 
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