Financial Times

Qué votar en el referendo griego, según Martin Wolf

Si Grecia votara por el ‘Sí’, pudiera enfrentar años de recorte y de depresión. Pero eso pudiera todavía ser mejor que el caos posterior a la salida. Entonces qué factores deberán considerar los griegos para votar en el referéndum.
Martin Wolf
30 junio 2015 20:27 Última actualización 30 junio 2015 20:28
Los griegos deberán decidir si se quedan en la eurozona o no. (Reuters)

Los griegos deberán decidir si se quedan en la eurozona o no. (Reuters)

Si yo fuera un votante, me quejaría del izquierdismo de mi gobierno y del sentido de superioridad moral de la eurozona.  

¿Cómo votaría en el referéndum sobre el programa económico de la eurozona si yo fuera griego? La respuesta, por desgracia, es que no estoy seguro. Si yo creyera que Grecia puede tener éxito estando por su cuenta, sin duda votaría en contra del programa. Pero yo no podría estar seguro: si Grecia supiera utilizar su soberanía monetaria sabiamente, no se encontraría en su situación actual. Si yo votara a favor del programa, no sabría si todavía está disponible: la eurozona dice que no lo está, pero pudiera estar alardeando. Lo que sí sé es que, si Grecia votara por el ‘Sí’, pudiera enfrentar años de recorte y de depresión. Pero eso pudiera todavía ser mejor que el caos posterior a la salida.

También me preguntaría, si pudiera haber un término medio. Por lo tanto, algunos argumentan que sería posible permanecer dentro de la eurozona, incluso si el gobierno incumpliera. Esto también pudiera justificar un voto por el ‘No’.

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Los griegos deberán decidir si se quedan en la eurozona o no. (Reuters)


Al tomar mi decisión, me quejaría del izquierdismo imprudente de mi gobierno y del sentido de superioridad moral del resto de la eurozona. Nadie sale de esta saga con el crédito.

El gobierno de Syriza no ha presentado un programa de reforma creíble que pudiera resolver los múltiples problemas de la economía y de la política griegas. En su lugar, ha llevado a cabo actos populistas. Es, en resumen, un gobierno terrible producido por tiempos desesperados.

Sin embargo, una parte sustancial de la culpa de este resultado también recae sobre la eurozona. Uno nunca adivinaría, basándose en su retórica, que Alemania fue un país moroso en serie durante el siglo XX. Además, no existe democracia alguna, incluyendo la del Reino Unido, cuya política saldría ilesa de una enorme depresión.

Recuerda, la última vez que Alemania sufrió una depresión de esta magnitud, Hitler llegó al poder. Sí, Syriza es el resultado de una política griega infantil e irresponsable. Pero también es el resultado de errores cometidos por los acreedores desde 2010 y, sobre todo, de la insistencia en rescatar a los insensatos acreedores privados de Grecia a expensas del pueblo griego.

Sin embargo, todos estos errores ahora son costos irrecuperables. Los griegos deben mirar hacia el futuro. ​

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Grecia se encuentra dividida y prácticamente en quiebra. (Reuters)


​Incluso esta perspectiva no ayuda tanto como a uno le gustaría. La extensión del rescate no ofreció una salida razonable hacia la recuperación: dejó pendiente una deuda demasiado grande y, todavía más importante, exigió demasiada austeridad a corto plazo. Dado el reciente retroceso, parece exigir un movimiento de un saldo fiscal primario (antes de intereses) de cerca de cero este año a un superávit de 3.5 por ciento del producto interno bruto en 2018. El logro de este resultado pudiera exigir medidas fiscales que elevarían el equivalente a un 7 por ciento del PIB y reducirían la economía en un 10 por ciento.

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De hecho, el colapso económico explica por qué su deuda pública se ha disparado en relación al PIB. El programa debiera haber eliminado más austeridad hasta que se estableciera el crecimiento; debiera haberse concentrado en las reformas que promovieran el crecimiento; y debiera haber prometido alivio de la deuda al terminar. Si el programa en oferta fuera tan perjudicial, ¿debiera arriesgarme a votar por el ‘No’? Para tomar esta decisión, necesitaría reflexionar acerca de qué sucedería. La posición a corto plazo sería clara. El Banco Central Europeo (BCE) ha reducido el apoyo de emergencia a los bancos griegos, forzando estrictos límites sobre los retiros. Algunos argumentan que esto representa un gran error. Otros creen que es un incentivo para que los electores voten por el ‘Sí’.

Si los griegos votaran por el ‘Sí’, el recorte de la ayuda del BCE pudiera ser revertido. Pero es difícil imaginar un renacimiento exitoso del programa de la eurozona si el actual gobierno todavía estuviera al mando. Después de haber hecho campaña por un ‘No’, este gobierno seguramente habría perdido toda la confianza por parte de los acreedores. Por esta razón, un nuevo gobierno tendría que surgir. Pero también tendría entonces que comprometerse a firmar sobre la línea punteada.

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Grecia se encuentra dividida. (Reuters)


​Un voto por el ‘Sí’, por lo tanto, ofrecería un futuro desagradable e inseguro, pero al menos imaginable. Ahora supongámonos un voto por el ‘No’. Existirían entonces dos resultados concebibles. Uno de ellos sería una verdadera salida. El gobierno griego introduciría una nueva moneda y convertiría todos los contratos bajo la ley griega a esta moneda. La nueva moneda seguramente experimentaría una caída en valor en relación con el euro. Cuánto caería dependería de las políticas y las instituciones establecidas por el gobierno.

Uno pudiera razonablemente temer lo peor. Algunos incluso argumentan que Grecia permanecería "euroizada". Si es así, la caída en el valor externo de la nueva moneda pudiera ofrecer escasa ganancia en materia de competitividad. Personalmente, yo sería más optimista: las mejoras en la competitividad bien pudieran ser grandes.

El segundo resultado sería el permanecer en la eurozona, a pesar de un gobierno insolvente. Esto es lógicamente posible. El sistema bancario pudiera ser recapitalizado mediante la conversión de los pasivos bancarios no asegurados en capital. Esto parece técnicamente factible. Pero impondría un enorme choque negativo a la riqueza privada.

Las preguntas principales serían si el BCE reiniciaría los préstamos de emergencia y a qué escala. Esto me parece una opción poco atractiva: presentaría todos los problemas de ser parte de una unión monetaria, con las desventajas adicionales del incumplimiento de un gobierno integral. Con seguridad sería mejor votar por el ‘Sí’ que experimentar este panorama.

Así es que, como votante griego, me enfrento a una elección entre el diablo y el profundo mar azul. El diablo es familiar: las demandas interminables de la eurozona de una mayor austeridad contra la cual mi pueblo votó en las últimas elecciones generales. El profundo mar azul representa la cesación de pagos y la soberanía monetaria. Si yo fuera el primer ministro Alexis Tsipras, creería que hay una tercera vía – interminables rescates y pocas condiciones. Pero yo estoy seguro de que él se engaña a sí mismo. Entonces, ¿cuál elegiría? Siendo cauteloso, estaría tentado a seguir con el diablo que conozco. Pero también pudiera irme mejor si me arriesgara a escoger el mar.