Financial Times

¿Qué tienen en común Putin y Trump? A Rex Tillerson

Rex Tillerson, el próximo secretario de Estado de Estados Unidos, y quien dirigió una de las más grandes empresas gaseras del mundo, sufre de desconfianza por parte de algunos republicanos debido a sus nexos con Vladimir Putin y a su incredulidad del cambio climático.
Ed Crooks
23 diciembre 2016 16:35 Última actualización 25 diciembre 2016 11:52
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A finales de la década de 1960 y principios de la de 1970, cuando sus amigos adolescentes estaban divirtiéndose en festivales de música rock y protestando en contra de la guerra en Vietnam, Rex Tillerson pasó sus veranos con los Boy Scouts de América como director de natación en Camp Strake, 35 millas al norte de Houston.

Actualmente, como director ejecutivo de Exxon, es uno de los líderes empresariales más poderosos en EEUU, y asegura que todo se lo debe a los Boy Scouts de América. “Recibí todo mi entrenamiento de liderazgo en los Boy Scouts”, comentó en una reunión de dicha organización en octubre.

Ahora está a punto de ver si las lecciones que aprendió chapuceando en el agua hace cinco décadas le servirán en los pantanos de Washington. Hasta el momento de su nombramiento como secretario de Estado por parte del Sr. Trump, el Sr. Tillerson estaba en camino a una cómoda jubilación el año que entra. Podría haber dedicado más tiempo a su segunda esposa, Renda, y a sus cuatro hijos y a sus demás intereses como los Boy Scouts, su iglesia y el golf. En vez, ha elegido enfrentar una tormenta de controversias.

Su nombramiento para ser el principal representante diplomático estadounidense ha sido denunciado en todo el espectro político. Los ambientalistas están furiosos de que la industria petrolera aparentemente tomará las riendas en Washington, mientras que los republicanos de línea dura como Marco Rubio, el senador de Florida, han manifestado sus preocupaciones sobre los vínculos del Sr. Tillerson con el presidente Vladimir Putin de Rusia.


Mientras tanto sus fortalezas, incluyendo su experiencia como dirigente de una compañía global de 380 mil millones de dólares, han sido ignoradas. El camino a su confirmación está lleno de obstáculos.

El Sr. Tillerson — un hombre corpulento, con un característico acento tejano y cabello color plateado —realmente es una figura ideal para formar parte del equipo del Sr. Trump. “Él sabe cómo proyectar la imagen de fortaleza y competencia de EEUU en el mundo”, dice Suzanne Maloney del Instituto Brookings, quién fue una asesora de Exxon a principios de la década de 2000.

No hubo nada en su niñez que indicara que él acabaría en el camino hacia este alto cargo. El Sr. Tillerson nació en Wichita Falls en el norte de Texas. Era el hijo de un panadero móvil quien dejó ese oficio para ser un líder profesional de los Boy Scouts. El Sr. Tillerson comenzó a trabajar a los ocho años de edad, ayudando a su madre a cortar el césped de los vecinos, y a los 16 años trabajó como conserje en la Universidad del estado de Oklahoma, y durante los fines de semana trabajó como cosechador de algodón y frijol. Descubrió su pasión por la ingeniería en los Boy Scouts, cuando instaló una serie de televisores en un festival para que pudieran ver el alunizaje en 1969.

Exxon es la otra institución que lo moldeó. Él ha trabajado en la compañía durante 41 años, cuando fue empleado en 1975 justo después de su graduación de la Universidad de Texas. Exxon es admirado por todos en la industria petrolera por su excelencia en ingeniería, pero ha sido objeto de resentimiento debido a la arrogancia e inflexibilidad de sus gerentes.

El Sr. Tillerson ha sido un líder sólido de Exxon, aunque no ha superado el impacto de su aclamado predecesor Lee Raymond. Él tardó en reconocer el potencial de la revolución de esquisto que transformó la industria del gas y el petróleo en la década de 2000. Un ex rival de una principal compañía petrolera lo elogia diciendo, “es muy cuidadoso, muy detallado y muy conservador”.

Además es un negociador tenaz. Ésa fue una cualidad vital en Rusia cuando asumió el cargo de las operaciones en esa región en 1998. Desempeñó un papel clave en avanzar el desarrollo petrolero en Sakhalin 1 cerca de la costa oriental del país, mientras el gobierno ruso intentaba retardar el proceso en un esfuerzo por obtener un mejor trato.

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Entonces, cuando asumió el cargo de director ejecutivo en 2006, Exxon luchó exitosamente en contra de sus competidores estadounidenses y europeos y logró firmar una serie de acuerdos potencialmente lucrativos entre 2011 y 2013 con Rosneft la compañía petrolera estatal rusa.

Esas relaciones son preocupantes para muchos políticos estadounidenses. El Sr. Tillerson fue otorgado el Orden de la Amistad de Rusia en 2013. John McCain, el senador republicano observó esta semana que él nunca aceptaría un premio del Sr. Putin.

Pero algunos dicen que sus preocupaciones no son válidas. “Yo pienso que la ‘amistad’ con Putin no es más que una relación de trabajo”, dice un ex director ejecutivo. “Necesitas ir a dónde se encuentra el petróleo, aunque no te guste”.

Cuando se trata del cambio climático, los críticos del Sr. Tillerson tienen razón para preocuparse. Cuando él menciona el asunto, no suena como un entusiasta de recortar la emisiones de gases de efecto invernadero y rechaza la idea de que las compañías petroleras deben ir “más allá” de los combustibles fósiles.

Aunque Rusia y el cambio climático parecen ser los temas importantes con respecto a su confirmación, hay otras cuestiones que se pueden volver polémicas si el Sr. Tillerson llega al Departamento de Estado.

Él es una persona pragmática, y no ha expresado opiniones firmes acerca del mundo, pero a diferencia del Sr. Trump siempre ha sido un partidario del libre comercio. Así que posiblemente se enfrente a una batalla en el gabinete cuando se trate de ese tema o tal vez decida dejar a un lado sus principios.

Cuando el Sr. Tillerson habla sobre los deberes de los Boy Scouts dice: “No importa el camino que sigamos, nos guste o no, estemos de acuerdo o no, como ciudadanos tenemos un deber para con este país de participar en este gobierno”.

Es un ideal laudable, y ahora él está intentando seguirlo. Pero las realidades del gobierno tal vez resulten ser un poco más turbias de lo que él espera.