Financial Times

¿Qué sigue después
de la salida de Trump
del acuerdo de París?

 
Rana Foroohar
04 junio 2017 22:35 Última actualización 05 junio 2017 5:0
Donald Trump

(Bloomberg)

El abandono del Acuerdo de París contra el cambio climático por parte de EU se puede describir como una clásica obra de teatro político “trumpiana”. El presidente declaró que quería retirarse del acuerdo porque eliminaría empleos en los estados productores de carbón y en las fábricas estadounidenses.

Aunque ese argumento es totalmente falso, el Sr. Trump pudo transmitir su verdadero mensaje político a su base: que él está dispuesto a enfrentarse a los chinos hipócritas que están construyendo más plantas de carbón aun cuando siguen hablando de liderar el movimiento para reducir emisiones; y a los europeos que pontifican sobre el calentamiento global desde sus elegantes salones asegurados por la fuerza militar de EU. En términos políticos, no importa si lo que dice es verdad. Es lo que sus seguidores en casa quieren escuchar.

Sin embargo, en términos económicos, el Presidente, o más bien, Steve Bannon y otros miembros del bando “EU Primero”, han tomado una terrible decisión si piensan que una estrategia energética nacionalista basada en los combustibles fósiles más sucios convertirá a EU en un país más fuerte o seguro.

Primero, la mayoría de los empleos basados en el carbón en EU no se perdieron desde la administración Obama, sino entre las décadas de 1950 y 1970, conforme la industria comenzó a utilizar técnicas avanzadas de extracción minera. Al igual que los empleos en las fábricas han sido automatizados, los empleos — en su mayoría humanos —con respecto a la extracción del carbón han sido reemplazados por enormes operaciones mecanizadas de minería a cielo abierto.

Recientemente, el carbón ha estado en declive debido a la competencia del gas natural, que es más barato y limpio. Y aunque tal vez se podría argumentar a favor de crear empleos a través de la construcción de infraestructura que incrementaría la capacidad de las refinerías de gas natural doméstico que beneficiaría a las fábricas del medio-oeste de EU, no hemos escuchado una estrategia coherente al respecto.

Mientras tanto, no tiene sentido alguno pensar en establecer una conexión entre la energía a base el carbón y el sector industrial del “cinturón de óxido”, ya que el costo de la electricidad utilizada por las fábricas en EU ya era bastante bajo en comparación con otros países, aun antes del auge del esquisto.

Tampoco tiene sentido pensar que van a cambiar estas dinámicas energéticas. El auge de todo tipo de productos básicos — petróleo, gas natural, carbón térmico, mineral de hierro y cobre — entre 2003 y 2015 surgió debido a la demanda china y la flexibilización monetaria del banco central, lo cual impulsó la inversión de una gran cantidad de capital especulativo en esos mercados. Esa dinámica está cambiando, ya que la Reserva Federal de EU ha comenzado a retirarse de la flexibilización cuantitativa y la economía china se ha desacelerado, en parte porque los responsables políticos entienden que necesitan girar hacia un modelo económico menos dependiente de la demanda industrial y de la energía.

Según cifras del Instituto McKinsey Global (MGI, por sus siglas en inglés), el sector de recursos naturales perdió 2 billones de dólares de su valor, conforme el gasto en productos básicos cayó en 50 por ciento.
Al mismo tiempo, los productos renovables están alcanzando una masa crítica conforme la tecnología reduce el costo de la energía solar y eólica.

Todo esto llevará a la economía global a alejarse de los combustibles fósiles y moverse hacia las energías renovables, no por razones reglamentarias, sino por la innovación tecnológica y los ahorros en los costos. El MGI estima que una combinación de la demanda decreciente (el resultado de factores como el surgimiento de los coches automatizados y las redes inteligentes); la creciente eficiencia (de sensores y tecnologías de máquina a máquina que mejor controlan el consumo de energía); y un cambio a las fuentes de energía limpia le ahorrará al mundo entre 900 mil millones y 1.6 billones de dólares entre ahora y 2035.

Sin embargo, el Sr. Trump ha dejado la puerta abierta para que el sector empresarial siga su propia agenda, y para que los conservadores y los liberales en EEUU luchen entre ellos para crear el marco de un nuevo programa de cambio climático. Las consecuencias económicas de abandonar el Acuerdo de París tal vez sean peligrosas. Pero para el Sr. Trump sólo se trataba de una movida política