Financial Times

¿Por qué China quiere un ejército fuerte?

China ha cambiado silenciosamente su doctrina militar, pero debido a una combinación de falta de transparencia china y de ignorancia occidental, muy pocas personas fuera de la élite legisladora en Beijing tienen una idea aceptable de lo que China quiere y cómo planea lograrlo.
Jamil Anderlini /
Financial Times
01 febrero 2016 19:5 Última actualización 02 febrero 2016 5:0
El Ejército Popular de Liberación (EPL) chino ha cristalizado la nueva doctrina encapsulada en la noción de "defensa activa".  (Bloomberg)

El Ejército Popular de Liberación (EPL) chino ha cristalizado la nueva doctrina encapsulada en la noción de "defensa activa". (Bloomberg)

En lo que va del año, las noticias provenientes de China han sido en su totalidad acerca del desplome de los mercados de valores y de una moneda tambaleante. Pero existe otra historia, cubierta con menor atención, que emana de Beijing y que amenaza con tener tanto impacto en el resto del mundo como la destrucción del índice de Shanghái: el país ha cambiado silenciosamente su doctrina militar rectora.

El diario estatal Global Times ofreció un resumen conciso de la nueva postura este mes: "Nuestra fuerza militar tiene que demostrársele al mundo", declaró. "Con un ejército fuerte, China puede ser más atractivo, influyente y persuasivo políticamente, y le será más fácil establecer contactos estratégicos". Tal línea dura marca, efectivamente, la sentencia de muerte para la política de "taoguang yanghui" u "ocultar la propia brillantez y esperar el momento oportuno" que ha definido la política exterior de China desde finales de 1970.


De hecho, este cambio comenzó hace varios años, pero una serie de declaraciones emitidas desde el inicio del año por el Ejército Popular de Liberación (EPL) chino ha cristalizado la nueva doctrina encapsulada en la noción de "defensa activa". En un anuncio casi desapercibido que fue publicado en el sitio web del Ministerio de Defensa este mes, un planificador naval superior reveló planes para que el primer portaaviones hecho en China protegiera "las vías navegables a lo largo de la ruta de la seda marítima del siglo XXI".

Según la definición oficial de Beijing, ésta incluye todo entre la costa oriental de China y Venecia, además de los puntos estratégicos a lo largo de la ruta. Desde todo punto de vista, esto marca una extraordinaria expansión de la doctrina de defensa naval de China, la cual anteriormente se concentraba sólo en proteger sus aguas territoriales.

China obviamente todavía no posee la capacidad para dominar ninguna de esas vías navegables. La Armada y la Fuerza Aérea del EPL actualmente no son capaces de detener los barcos y aeronaves estadounidenses o japoneses que operan en el territorio de los mares de China Meridional y Oriental que Beijing reclama como propios. Pero el deseo de China de expandir su alcance militar es inconfundible. También es lógico, dada la naturaleza cada vez más global de la actividad económica china.

Cómo Washington tomará esto es, sin duda alguna, la cuestión de política exterior de mayor importancia actualmente en el mundo. El propio presidente Xi Jinping ha advertido acerca de la "trampa de Tucídides", en la cual el temor de un poder establecido ante un rival emergente termina en una guerra, como fue el caso de Esparta al ser desafiada por el ascenso de Atenas en la antigua Grecia.

Por lo tanto, es fundamental que los legisladores de Estados Unidos y de otros países occidentales comprendan correctamente las intenciones de Beijing y sus posibles movimientos próximos. Desafortunadamente, gracias a una combinación de falta de transparencia china y de ignorancia occidental, muy pocas personas fuera de la élite legisladora en Beijing tienen una idea aceptable de lo que China quiere y cómo planea lograrlo.

Una de las afirmaciones más engañosas que se escuchan sobre China, ya sea de funcionarios del partido en Beijing o de visitantes políticos y banqueros occidentales, es que nunca ha sido una potencia expansionista. Un rápido vistazo a algunos mapas históricos demuestra cómo las fronteras de China han variado a través de miles de años de sangrienta conquista. Qin Shihuang, el primer emperador que unificó al país en el año 221 AC, no logró tal hazaña a través de gestos amistosos y de atracción cultural, sino a través de masacres, de quema de libros y de enterrar vivos a los eruditos.

Mientras los observadores extranjeros más repitan esas fantasías de una China benigna y pacífica, más amenazante será su ascenso. En lugar de prestarle atención a la retórica proveniente de Beijing, los políticos occidentales deberían prestar atención a lo que China en realidad hace. Ellos necesitan desarrollar una comprensión mucho más profunda de las fuerzas que configuran la cultura y la política china moderna.

La historia de otras potencias emergentes es instructiva. Al igual que la China de hoy, en el pasado Estados Unidos rechazó explícitamente el concepto de imperialismo y de expansionismo. La edad del dominio global estadounidense comenzó como la de la mayoría de los otros imperios: con la necesidad de proteger a los comerciantes y ciudadanos lejos de sus propias costas. A principios del siglo XIX, el incipiente gobierno estadounidense estableció su primera fuerza naval oficial específicamente para luchar contra los piratas frente a las costas del norte de África. Por esto, el memorial de guerra más antiguo en Estados Unidos es el Monumento a Trípoli, ubicado en los terrenos de la Academia Naval en Annapolis, que rinde homenaje a los héroes de la primera guerra bárbara (1801-1805).

En el caso de China, la primera vez que envió buques de guerra en una misión más allá de sus aguas territoriales en más de 600 años fue en 2008. ¿Y cuál era la misión? Luchar contra los piratas somalíes frente a las costas de África.