Financial Times

FINANCIAL TIMES: Poca confianza en nuestros guardianes

10 febrero 2014 4:43 Última actualización 22 agosto 2013 5:10

[El Reino Unido pretende que ciudadanía no cuestione lo que hace / Bloomberg]


 
 

 
Por John Gapper
 
El mes pasado, los técnicos de la GCHQ, la agencia de vigilancia electrónica del Reino Unido, se pararon detrás de los periodistas de The Guardian para asegurarse de que destruyeran una PC  que contenía los archivos filtrados por Edward Snowden, el ex contratista de la Agencia de Seguridad Nacional (NSA) de EU. Esta semana la policía abusó la legislación anti terrorista británica para detener a David Miranda, el compañero de Glenn Greenwald, un periodista de The Guardian, e incautar sus archivos. Acto seguido: vemos cómo los funcionarios de la NSA y GCHQ golpean sus cabezas contra una pared de ladrillo, frustrados por haber permitido que Snowden huyera con sus secretos.
 
 
Comenzaron desde una posición moral firme, basada en la decisión de Snowden de no enfrentar las consecuencias de sus actos, sino huir, primero a Hong Kong y luego a Rusia, pero las autoridades de los EU y el Reino Unido parecen estar intentando socavarla. El gobierno del Reino Unido se está comportando como un régimen que no quiere que sus ciudadanos y los medios conozcan o cuestionen lo que se está haciendo en su nombre.
 
 
Mientras tanto, el gobierno de EU nos asegura que la NSA no recopila datos sobre los correos electrónicos y las llamadas telefónicas de los estadounidenses, salvo por error. Vaya, gracias por eso, pero no siendo estadounidense, o terrorista –una porción del diagrama de Venn que comprende el 95 por ciento de la población mundial– me es de poco consuelo.
 
 
Como héroes liberales, Snowden y Greenwald dejan mucho que desear. Snowden está escondido en la Rusia de Vladimir Putin –sin comentario– mientras que Greenwald parece disfrutar arreglar sus cuentas destrozando a cualquiera que se oponga a él en Twitter.
 
 
En junio, Snowden filtró detalles sobre la penetración de la NSA en las redes móviles chinas y universidades en China y Hong Kong, en un esfuerzo de cabildeo por permanecer en Hong Kong. Esta semana, Greenwald reaccionó a la detención de Miranda con la promesa de centrar su atención en el Reino Unido y ser “más agresivo, no menos”.
 
 
Sin embargo, la cobertura de las revelaciones de Snowden por The Guardian y The Washington Post ha sido mesurada y responsable, y en gran medida se ha concentrado en las cuestiones de cómo opera la vigilancia en la era digital, y sí los gobiernos supervisan las actividades correctamente. Han actuado como vigilantes y nos han dicho cosas que tenemos derecho a saber.
 
  
En respuesta, los políticos y espías de EU y Reino Unido insisten en que todo está estipulado en la ley y que las conversaciones descuidadas cuestan vidas. Los periodistas no saben lo suficiente como para juzgar lo que debe mantenerse en secreto. Sir Malcolm Rifkind, presidente del comité de inteligencia y seguridad del parlamento británico –lo más cercano que el Reino Unido tiene a un supervisor democrático de la GCHQ– argumentó en BBC radio que The Guardian estaba actuando fuera de su esfera. “Es simplemente una cuestión de su incapacidad para juzgar si usted es un editor de periódico o un periodista en lugar de un individuo involucrado en el trabajo de inteligencia que se tiene que hacer”, dijo.
 
 
Hay, por supuesto, cuestiones trascendentales de seguridad involucradas en el hecho de reportar sobre lo que saben la NSA y GCHQ, y cómo lo saben. Hubiera sido un desastre si la marina alemana hubiera leído en el Manchester Guardian que Bletchley Park, precursor de la GCHQ, había encontrado una manera de descifrar su lenguaje Enigma durante la Segunda Guerra Mundial.
 
 
El nerviosismo actual de los funcionarios británicos también es comprensible. Ellos saben que sus supuestamente seguros primos americanos han dejado escapar sus secretos. Y ni la NSA o la GCHQ parecen saber qué se llevó Snowden o qué tipo de información posee Greenwald. Probablemente es por esto que la policía estiró la ley para revisar el equipaje de Miranda en Heathrow, a pesar de que claramente no era un terrorista.
  
 
Esta situación también ha puesto a Alan Rusbridger, editor de The Guardian, en una curiosa posición. Su periódico tiene una visión muy negativa de las empresas multinacionales que desplazan sus operaciones a regímenes de baja tributación para evitar los pasivos de Reino Unido, pero parece estar haciendo sus reportajes en los EU para reclamar la protección constitucional estadounidense. ¿Cree entonces en la búsqueda de un foro legal ideal sólo para su organización?
 
 
Pero consideremos lo que ahora sabemos sobre el alcance de la NSA y la vigilancia de la GCHQ, y cómo afecta a los no estadounidenses en particular. Las agencias tienen estrechos vínculos con empresas de tecnología y telecomunicaciones de EU y el Reino Unido, y rutinariamente se reúnen y almacenan metadatos de los correos electrónicos y los mensajes de la gente. Pueden analizar las actividades de millones de personas, si obtienen la autorización legal.
 
 
En la era de la computación en nube y grandes datos, cuando se almacena mucha información corporativa e individual en los servidores de las compañías estadounidenses, o pasa a través de los centros de telecomunicaciones allí, le da a la NSA la posibilidad de acceder una masa de información sobre alguien que no está protegido bajo la ley de EU. Es decir, la mayoría de nosotros.
 
  
Antes de las filtraciones, teníamos muy poca información sobre la magnitud de esto. La supervisión era manejada en privado o, sobre todo en el Reino Unido, por guardianes simpatizantes que no se alborotaban siempre y cuando la ley se observara. Sir Paul Kennedy, comisionado para la interceptación de comunicaciones, alabó en su reciente informe anual “los más altos niveles de cumplimiento ético y legal” en la GCHQ.
 
 
Solamente la cobertura de los medios sobre las declaraciones de Snowden ofreció un panorama de lo que la confluencia de la ley y la tecnología permite. La mayoría de la información se ha centrado en el ámbito de la NSA y la actividad de la GCHQ, en lugar de revelar detalles operativos que podrían amenazar la seguridad.
  
 
De hecho, es posible que los terroristas o espías de otros países cambien su comportamiento como resultado de los informes. Sin embargo, frente a esto, el resto de nosotros estamos mucho mejor informados de los límites de nuestra privacidad.
 
 
Sabiendo quien vigila a los guardianes, prefiero a The Guardian.
 
También, te pueden interesar estos artículos
 

Estabilidad, no elecciones en Egipto
 
Distintos tipos de nacionalismo petrolero
 
Detrás de la recuperación de Europa