Financial Times

Las riquezas y los peligros de la era de los combustibles fósiles

El panorama futuro en cuestiones de energía que da BP nos regala una mirada a la trayectoria probable de los mercados energéticos mundiales hacia 2035. La "era de los combustibles fósiles" tendrá consecuencias tanto positivas como negativas.
Martin Wolf
07 marzo 2015 19:57 Última actualización 08 marzo 2015 5:0
 [No se tendrá descuento ni disminución en precios de combustibles, gasolinas y eléctrico: Espinoza Cházaro. / Cuartoscuro] 

[No se tendrá descuento ni disminución en precios de combustibles, gasolinas y eléctrico: Espinoza Cházaro. / Cuartoscuro]

Nuestros antepasados vivieron en épocas que llamamos la Edad de Piedra, la Edad del Bronce y la Edad del Hierro. La nuestra es la "era de los combustibles fósiles". La energía que hemos extraído de las reservas de luz solar fosilizada ha repartido abundancia (de forma desigual) por toda la humanidad. ¿Continuará esto? ¿Podemos gestionar su impacto en nuestro medio ambiente? Las respuestas darán forma al futuro de nuestra compleja civilización global.

Como siempre, el Panorama Energético de BP ofrece una visión de un futuro posible. Sin duda, sus previsiones serán incorrectas, pero nos dice lo que las personas bien informadas en el corazón de la industria del petróleo y el gas consideran que será "la trayectoria probable de los mercados energéticos mundiales para 2035". Propone cinco proposiciones importantes sobre un futuro energético plausible.

En primer lugar, se prevé que la producción económica mundial aumentará en un 115 por ciento para 2035. Se espera que las economías emergentes de Asia – principalmente China e India – generen más de un 60 por ciento de ese aumento.

Se espera que el principal motor del aumento de la producción mundial sea un salto del 75 por ciento de la producción real promedio mundial per cápita, a medida que la prosperidad de las economías emergentes se pone al día con la de los países de altos ingresos. El crecimiento de la población juega un papel claramente secundario. No es el número de personas, sino más bien su prosperidad, lo que impulsa la demanda de energía comercial.

En segundo lugar, como consecuencia del rápido aumento de la eficiencia energética, se prevé que el consumo de energía crecerá tan sólo un 37 por ciento. Esto es mucho menos que el aumento de la producción de bienes y servicios reales.

En tercer lugar, se prevé que las emisiones de dióxido de carbono crezcan en un 25 por ciento, una tasa de crecimiento de alrededor del 1 por ciento al año. En términos de la relación entre la producción y las emisiones, esto es un gran logro. Pero – dada la necesidad de reducir las emisiones de plano, con el fin de tener una buena oportunidad de limitar el aumento de la temperatura media global por debajo de 2C – es totalmente inadecuado. Por ende, en 2035, se prevé que hayan 18 mil millones de toneladas más de emisiones de CO2 que los niveles sugeridos por el "Escenario 450" de la Agencia Internacional de Energía. Con esto se busca limitar la concentración de gases de efecto invernadero al equivalente de cerca de 450 partes por millón de CO2. Si semejantes objetivos hubieran de cumplirse, tiene que suceder algo mucho más radical.

En cuarto lugar, las mejoras en la eficiencia energética son un factor mucho más importante en el relativamente bajo crecimiento de las emisiones que los cambios en la mezcla de tipos de combustibles. Esto es a pesar de un aumento sustancial en el uso de las energías renovables. Así, entre 2013 y 2035, se pronostica que la producción de energía renovable crecerá en un 320 por ciento. Aun así, se prevé que su participación en la producción de energía primaria crecerá sólo de 2.6 por ciento al 6.7 por ciento. La participación combinada de las energías renovables, la energía hidroeléctrica y la energía nuclear crecerá sólo del 9 por ciento al 19 por ciento. Se espera, entonces, que ésta continúe siendo la era de los combustibles fósiles.

En quinto lugar, se espera que la revolución en la producción de gas de esquisto y “tight oil” (petróleo ajustado) continúe, aumentando su participación en la producción de energía primaria en torno a un 10 por ciento. Un resultado importante ha sido el surgimiento de grandes cambios en los patrones de comercio. Se prevé que EEUU pase de ser un importador neto de 12 millones de barriles diarios de petróleo en 2005 a ser un exportador neto en 2035. Mientras tanto, se espera que China pase a ser un importador neto de más de 13 millones de b/d en 2035 (desde un nivel de autosuficiencia en la década de 2000); e India se convertirá en un importador neto de alrededor de 7 millones de b/d. Semejantes cambios tienen enormes implicaciones geopolíticas.

Sería un error describir estas previsiones como simplemente "lo mismo de siempre". En realidad implican un aumento más rápido de la eficiencia energética que entre 2000 y 2013. Sin embargo, no son radicales. El mundo seguirá dependiendo abrumadoramente de los combustibles fósiles y emitirá cada vez mayores cantidades de gases de efecto invernadero. ¿Cómo puede mejorarse la situación?

Parto de la presunción de que la humanidad aspirará y a menudo se las arreglará para lograr la prosperidad que ahora se da por sentado en los países ricos. Así que necesitamos una revolución tecnológica acelerada.

En el Foro Energético de Oslo el mes pasado, escuché a Amory Lovins del Rocky Mountain Institute describir una revolución semejante.
Sostuvo, por ejemplo, que el producto interno bruto de EEUU en 2050 podría ser 2.5 veces más de lo que es hoy, incluso si el país dejara de usar petróleo, carbón y energía nuclear por completo y redujera su uso de gas natural en un tercio. Esto significaría que las emisiones de carbono caerían a sólo una quinta parte de su nivel actual. Por otra parte, según él, la revolución podría bien ser impulsada por las fuerzas del mercado, dadas las nuevas tecnologías. Es posible, sugiere, que no sea necesario tomar medidas directas contra el aumento de las emisiones de dióxido de carbono.

El sentido del informe de BP (como era de esperarse, tal vez) es que una revolución tan radical y rápida impulsada por el mercado es poco probable. Los supuestos obstáculos son muchos: costos, límites tecnológicos, lenta rotación del capital social, la imposibilidad de aplicar la política a nivel mundial y la inercia natural. En resumen, me temo que BP tiene razón con respecto a los obstáculos. Pero el Sr. Lovins podría tener razón acerca de las oportunidades, aunque sólo si los responsables políticos les dieran un gran impulso.

Si los gobiernos se pusieran de acuerdo para aplicar un impuesto sobre el carbono, sería un gran impulso hacia un futuro energético más eficiente y menos contaminante. Los gobiernos deben invertir fuertemente en ciencias fundamentales y nuevas tecnologías. Por último, los gobiernos pueden ayudar a la difusión de las nuevas tecnologías en el extranjero y ayudar a financiar su adopción en casa. Gracias a este impulso, las fuerzas normales del mercado deberían impulsar la economía mundial hacia un futuro más sostenible.

La pobreza masiva no es una opción. Pero tampoco debemos jugar con el futuro del clima. Hay que fijar un rumbo equidistante entre los dos. Con ese fin, tenemos que dejar atrás los excesos de la era de los combustibles fósiles. Es un desafío de enormes proporciones. Pero tiene que cumplirse, por el bien de nuestros hijos.