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FINANCIAL TIMES: Las repercusiones del espionaje de EU en México

10 febrero 2014 4:17 Última actualización 24 octubre 2013 5:2

  [Documentos divulgados en septiembre indican que la NSA recogió los mensajes de texto del presidente Peña cuando era candidato. / Cuartoscuro] 


 

 
Por Geoff Dyer
 
 
“¡Creo que el gobierno metió la pata!” así describió el fundador de Facebook, Mark Zuckerberg, la respuesta de la administración Obama al torrente de filtraciones sobre la Agencia de Seguridad Nacional (NSA, por sus siglas en inglés).
 

Desde el momento en que las revelaciones de Edward Snowden salieron a la luz por primera vez en junio, el gobierno de Estados Unidos no ha cambiado su retórica: no se ha espiado ilegalmente a los estadounidenses. A pesar de que nuevos documentos han agujereado esa defensa, la administración se mantiene fiel a su argumento.
 

El problema con este tipo de argumento es, por supuesto, la arrogancia que le muestra al resto del mundo. O, como lo expresara Zuckerberg: “Es como ‘¡Oh, maravilloso!’ Eso es verdaderamente útil para las empresas que intentan servir al público alrededor del mundo.”
 

Para el Washington oficial, las implicaciones internacionales no son tan claras. Que lo encuentren a uno espiando a sus amigos y aliados es vergonzoso, sin duda alguna, pero los funcionarios estadounidenses están divididos sobre si las revelaciones son una tormenta que pasará rápidamente o si le están haciendo un daño duradero al prestigio e influencia de Estados Unidos.
 

La reacción inicial fue insistir en que la NSA no había cometido ninguna falta. “Número uno: Estados Unidos sí espía,” como lo dijera el exdirector de la NSA, Michael Hayden, después de publicarse un artículo en junio acerca de micrófonos ocultos en las oficinas de la UE. La cuarta enmienda, añadió, “no es un tratado internacional.”
 

Desde entonces, el tono se ha suavizado un poco. Cuando Brasil estalló en ira el mes pasado ante revelaciones acerca de un extenso espionaje en el país, la Casa Blanca emitió un comunicado diciendo que se dio cuenta de que los reportajes habían “creado tensiones”, pero que Estados Unidos estaba “comprometido a trabajar con Brasil para aliviar estas preocupaciones.” Ese toque de ligereza no funcionó: la presidenta Dilma Rousseff canceló de todas maneras una visita de Estado ya prevista.
 

Esta semana, después de que Francia protestara por un nuevo informe que afirma una extensa grabación de llamadas telefónicas, la administración dio muestras de ceder un poco más. Durante una conversación telefónica con su homólogo francés, François Hollande, Obama dijo que el informe plantea “preguntas legítimas de nuestros amigos y aliados acerca de cómo se emplean estas capacidades.”
 

Entre todas las objeciones de los gobiernos amigos con respecto al NSA, es justo decir que Francia no ha sido objeto de gran lástima en Washington. Los dos países tienen un largo historial de espionaje mutuo. Antes de que los chinos aparecieran en escena, los estadounidenses consideraban que Francia era uno de los países más agresivos cuando se trataba de robar secretos comerciales, mientras que Estados Unidos dedicó mucho esfuerzo en el seguimiento de las actividades francesas en países como Siria e Irak. Las protestas de Hollande acerca del espionaje norteamericano son el último capítulo de una historia en la prensa francesa publicada este verano que sugería que sus propios servicios de inteligencia realizan muchas de las mismas actividades de las que se acusa al NSA.
 

Brasil también puede considerarse como un caso especial porque Glenn Greenwald, el periodista que ha escrito la mayor parte de los reportes acerca de Snowden, vive en Río de Janeiro. Las presentaciones regulares de Greenwald en el programa Fantástico de TV Globo sería el equivalente de que un activista chino ofreciera cada dos semanas en 60 Minutes detalles acerca del espionaje que realiza Beijing. Por ende, esta historia tiene aún más repercusiones políticas en Brasil.
 

La verdadera prueba bien pudiera ser México, el supuesto objeto del espionaje que ha recibido la menor atención, pero acerca del cual los informes han incluido los detalles más comprometedores. Los documentos divulgados en septiembre indican que la NSA recogió los mensajes de texto del presidente Enrique Peña Nieto cuando era candidato. Un informe publicado en Der Spiegel la semana pasada dijo que Estados Unidos también tuvo acceso a la cuenta de correo electrónico del ex presidente Felipe Calderón.
 

México bien podría ser un punto de inflexión debido a que la guerra entre el Estado mexicano y los carteles de la droga tiene implicaciones especialmente obvias para la seguridad nacional estadounidense. Un diplomático mexicano de alto nivel dijo el martes que las acusaciones de espionaje representaban “un abuso de confianza” y añadió que Estados Unidos había prometido una investigación.
 

En la última edición de Foreign Affairs, los politólogos Henry Farrell y Martha Finnemore argumentan que las filtraciones de Snowden están forzando lo que ellos llaman “el fin de la hipocresía” en la política exterior de EU, el momento en que Washington tiene que elegir entre la realpolitik de que “todas las naciones espían” y su retórica acerca de la transparencia y de los valores de la libertad.
 

Si la ira de México ante las revelaciones de Snowden fuerza a su gobierno a limitar la cooperación en seguridad con Estados Unidos con respecto al tráfico de drogas, los servicios de inteligencia estadounidenses no podrán evitar la conclusión de que “metieron la pata” por husmear demasiado en los asuntos de su amigos. Washington tendrá entonces que tomar esa decisión.
 
 
 
 
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