Financial Times

La recesión frena al sector automotriz de Brasil

Los trabajadores de la industria automotriz en Brasil se han acostumbrado a ver cómo su sector rompe nuevos récords, conforme el país más grande de Latinoamérica se volvió el cuarto productor más grande de automóviles del mundo en la década pasada.
Joe Leahy
31 agosto 2014 18:59 Última actualización 01 septiembre 2014 5:0
General Motors. (Bloomberg)

La semana pasada, 930 empleados en la planta de General Motors en São José dos Campos fueron forzados a aceptar un “descanso” o suspensión de cinco meses para evitar despidos. (Bloomberg)

Los trabajadores de la industria automotriz en Brasil se han acostumbrado a ver cómo su sector rompe nuevos récords, conforme el país más grande de Latinoamérica se volvió el cuarto productor más grande de automóviles del mundo en la década pasada.

Pero la semana pasada, 930 empleados en la planta de General Motors en São José dos Campos cerca de São Paulo fueron forzados a aceptar un “descanso” o suspensión de cinco meses para evitar despidos.

La débil economía del país, que entró en una recesión técnica en el segundo trimestre, está socavando a la industria, obligándola el año pasado a reportar su primera caída anual en ventas de automóviles en una década – una tendencia que ha continuado a través de 2014.

“A través del sector automotriz, estamos viendo recortes, descansos y vacaciones forzadas, pero al mismo tiempo los fabricantes no han dejado de repatriar utilidades a sus oficinas matrices en sus respectivos países,” dijo Antônio Ferreira de Barros, del Sindicato de Trabajadores Metalúrgicos, en un comentario sobre las acciones de GM.

Sin embargo si la economía de Brasil sigue este camino, los trabajadores de GM podrán contarse como afortunados por no haber perdido sus trabajos desde un principio.

Después de coquetear varias veces en los últimos años con la recesión, la economía de Brasil registró su peor desempeño desde la crisis financiera de 2008-2009 y se ve débil para lo que resta del año.

Las noticias no podrían venir en un peor momento para la presidenta Dilma Rousseff, quien en las elecciones de octubre se enfrenta a un movimiento de oposición reforzado por el incremento de la popularidad según las encuestas este mes de su rival a la presidencia, Marina Silva.

“La economía global no se ha desarrollado como se esperaba y ha fallado en crear el impacto positivo esperado para la economía brasileña”, dijo Guido Mantega, ministro de finanzas, en una conferencia de prensa después de que se revelaron las cifras del PIB el viernes por la mañana.

Sin embargo, los economistas no están de acuerdo con la idea de que la economía global, que el Fondo Monetario Internacional proyecta que crecerá 3.4 por ciento este año, sea la culpable de los malos resultados en Brasil.

En el segundo trimestre, la economía se contrajo 0.6 por ciento en comparación con los primeros tres meses del año. Esto, combinado con una revisión del crecimiento del primer trimestre de 0.2 por ciento a -0.2 por ciento, lanzó al país a una recesión técnica.

El Sr. Mantega dijo que las exportaciones bajas eran las culpables de la caída. Pero las exportaciones fueron uno de los pocos puntos positivos que tuvo el PIB durante el segundo trimestre.

Entre los verdaderos culpables se encuentra la baja inversión, que cayó 5.3 por ciento en el segundo trimestre en comparación con los primeros tres meses y 11.2 por ciento interanual. La industria tuvo una caída del 3.4 por ciento interanual.

En el curso de los últimos tres años, el crecimiento real del PIB ha promediado 1.6 por ciento – lejos de las tasas de crecimiento de 3-4 por ciento y más alcanzadas por Brasil durante el boom de las materias primas durante la primera década del siglo.

Aunque tal vez haya una recuperación en la segunda mitad del año, será opaca, dicen los economistas y muchos de ellos predicen un crecimiento en 2014 menor que medio punto porcentual.

El mal desempeño es evidencia adicional de que el modelo económico de Brasil, impulsado por el consumo y acceso al crédito, ha dejado de funcionar, dijeron los analistas. Lo que se necesita es un aumento en las inversiones, pero la percepción de intervencionismo por el gobierno de la Sra. Rousseff ha desalentado a los inversores, dijeron los críticos. La tasa de inversión en la primera mitad cayó a 16.5 por ciento del PIB, la mayor baja en los últimos ocho años.

“Brasil tiene una de las proporciones de inversión más bajas en las economías emergentes”, dijo Alberto Ramos, economista de Goldman Sachs.

Aunque el inicio de la Copa Mundial de Fútbol de 2014 y un gran número de días feriados ayudaron a reducir la producción en la primera mitad del año, los analistas arguyen que la incertidumbre real se centra en las elecciones.

Los inversionistas están esperando a ver quién ganará las elecciones y qué tipo de personas colocará el ganador en las posiciones financieras clave, tales como el banco central y el ministerio de finanzas.

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