Financial Times

La primera dama
de Panamá apunta
a la presidencia

Marta Linares, esposa del presidente Ricardo Martinelli, quiere seguir los pasos de éste y convertirse en la próxima mandataria del país canalero, siguiendo los pasos de Cristina Kirchner en Argentina.
Andres Schipani
02 mayo 2014 22:7 Última actualización 03 mayo 2014 5:0
Ricardo Martinelli, presidente de Panamá, y su esposa Marta Linares. (Reuters)

Ricardo Martinelli, presidente de Panamá, y su esposa Marta Linares. (Reuters)

Hacia el final de una presidencia durante la cual el país se convirtió en una de las economías de mayor crecimiento en el mundo, pero que además se caracterizó por alegaciones de corrupción y la erosión de la independencia judicial, Ricardo Martinelli de Panamá no está listo para despedirse.

Al magnate de supermercados se le prohíbe postularse para un segundo mandato en las elecciones presidenciales del domingo, pero su partido conservador, Cambio Democrático, ha nombrado a su esposa, Marta Linares, contendiente vicepresidencial en un intento de reforzar la candidatura de su sucesor escogido, José Domingo Arias.

Las encuestas están apretadas, pero muestran que Arias está sobrepasando a Juan Carlos Navarra, el exalcalde de centroizquierda de la Ciudad de Panamá, y Juan Carlos Varela, el vicepresidente de centroderecha que rompió con Martinelli hace tres años y que ahora se encuentra atascado en un escándalo de lavado de dinero.

El ascenso a la prominencia de las ex primeras damas se ha convertido en un fenómeno común en la política latinoamericana. Cristina Fernández de Argentina sucedió a su esposo Néstor Kirchner; en Nicaragua, Rosario Murillo es la cara pública de la administración de su esposo, Daniel Ortega; la ex primera dama Margarita Cedeño fue elegida vicepresidenta de la República Dominicana; mientras que en el Perú muchos creen que la esposa del presidente Ollanta Humala, Nadine Heredia, es la verdadera gobernante del país.

Pero en Panamá, la candidatura de Linares, quien no tiene experiencia política previa, es vista por muchos como un desvergonzado intento de su esposo multimillonario para mantener su control del poder. “Esto es inconstitucional. Arias es un testaferro, por lo cual Martinelli esencialmente se está reeligiendo a través de su esposa”, dice Miguel Antonio Bernal, profesor de ley constitucional en la Universidad de Panamá.

Aunque la constitución de Panamá prohíbe que los parientes consanguíneos de un presidente aspiren a los dos principales puestos del país, algunos abogados dicen que los esposos se hallan en una zona gris. Los críticos han apelado a la Corte Suprema para prohibir que Linares llegue al cargo, aunque Ernesto Cedeño, un prominente abogado panameño, dice que no hay impedimento a su candidatura.

Martinelli se jacta de haber logrado más que los presidentes anteriores y, con un índice de aprobación de 60 por ciento, muchos panameños parecen creerle.

Un programa masivo de inversión pública de 15 mil millones de dólares, equivalente a más de un tercio de la economía de Panamá, ha visto la construcción de carreteras, puentes y el primer metro de Centroamérica, así como la expansión, por separado, de 5 mil millones de dólares del Canal de Panamá, una obra comenzada por su predecesor.

Mientras tanto, un boom inmobiliario ha dejado a la capital de Panamá luciendo como un Dubai de los trópicos, con relucientes rascacielos, bancos y las sedes regionales de varias multinacionales, como Procter & Gamble y Maersk.

El programa de infraestructura ha ayudado a impulsar el crecimiento económico a un promedio de 8 por ciento al año. Frank de Lima, el ministro de finanzas, dice que aunque la deuda pública subiera de 10 mil millones de dólares a 18 mil millones, para el próximo año la economía de Panamá se habrá doblado en tamaño desde el principio de la administración.

Él también estima que los ingresos del canal ampliado –donde la obra se había paralizado debido a una disputa acerca de sobrecostos, pero que ha comenzado de nuevo– subirá de mil millones a 4 mil millones para el año 2025.

“Éste es un gobierno en el cual, en su mayoría, el presidente y sus ministros provienen del sector privado. Tienen una mentalidad más proactiva, de que las cosas hay que hacerlas ahora mismo”, dice De Lima, quien ve el futuro de Panamá como un centro de logística y servicios financieros, muy parecido a Singapur.

A diferencia de Singapur, sin embargo, los analistas dicen que en los 25 años desde una intervención militar de Estados Unidos que derribó al dictador Manuel Noriega, las instituciones de Panamá han seguido siendo débiles y propensas a la corrupción.

Felipe Chapman, exjefe ejecutivo de la Bolsa de Valores de Panamá, dice: “En este gobierno, el proceso expansionista de gastos públicos se ha dirigido solamente a levantar el índice de aprobación del presidente.”

Isabel Saint Malo de Alvarado, la candidata vicepresidencial de Varela y exdelegada del Programa de Desarrollo de la ONU, cree que durante la administración de Martinelli ha habido “una creciente deterioración del Estado de derecho, que podría afectar negativamente la inversión privada y por lo tanto obstaculizar el crecimiento futuro”.

Martinelli ha denominado las acusaciones de haber aceptado sobornos a cambio de contratos con el gobierno “una telenovela” y no se han presentado cargos formales contra él.

No obstante, en el índice anual de corrupción de Transparencia Internacional, Panamá ha caído del lugar 83 en 2012 al 102 en 2013, mientras que el Foro Económico Mundial sitúa la independencia judicial de Panamá en el lugar 118, de 148 países.

“Gracias a Martinelli, estamos en el proceso de regresar a nuestro antiguo estatus de república bananera”, dice Ramón Ricardo Arias, un abogado que dirige la sección de Transparencia Internacional en Panamá.