Financial Times

La lucha del café por 'sobrevivir' en Colombia

El país sudamericano es el tercer productor de café en el mundo; pese a ello, la planta enfrenta grandes desafíos para asegurar su futuro en esa tierra.
Gideon Long
25 septiembre 2017 0:12 Última actualización 25 septiembre 2017 5:0
Café lucha por sobrevivir en Colombia. (Ismael Ángeles)

Café lucha por sobrevivir en Colombia. (Ismael Ángeles)

En El Rosario, una granja de café cerca de la cima de las frondosas montañas verdes de la provincia colombiana de Antioquia, Carlos Ariel Ángel recita una lista de insectos y enfermedades que amenazan la cosecha del grano.

Encabeza la lista la roya del café, una enfermedad fúngica que primero llegó a la prominencia cuando en efecto aniquiló la industria del café de Sri Lanka en el siglo 19 y ahora es una amenaza en todo el mundo cafetalero.

Una epidemia que comenzó en 2008 devastó las cosechas en América del Sur y Centroamérica durante los siguientes cinco años.

Luego está la temida broca del café, un escarabajo negro que penetra en el fruto del café y lo arruina.

Esta plaga ha causado estragos a lo largo de América Latina, desde Perú hasta México.

La lista de Ángel continúa y suena como un manual de un boticario medieval: la mancha de hierro, enfermedad de la cereza del café, mal del talluelo, el derrite, la fumagina y el mal rosado son sólo algunas de las cosas que lo tienen sin dormir.

“Es una batalla constante”, dice Ángel, un científico en Cenicafé, uno de los centros de investigación líderes en el mundo para la industria del café. “Hay docenas de especies de insectos que se alimentan de plantas de café y muchas de ellas se encuentran en Colombia”.

El cambio climático también es una amenaza para los productores de café, aunque muchos de ellos están más preocupados por el impacto de fenómenos de más corto plazo como los patrones climáticos de ‘El Niño’ y ‘La Niña’.

Cuando se toma en cuenta el persistente impacto del largo conflicto interno colombiano entre guerrilleros izquierdistas, paramilitares de derecha y las fuerzas armadas, es casi un milagro que se pueda transportar el café desde las granjas del país hacia las tazas de los colombianos.

En un intento por facilitar la vida de los productores, Cenicafé les ha proporcionado datos y consejos desde la década de 1930. “Hemos estado trabajando en cuestiones de sostenibilidad antes de que existiera la palabra sostenibilidad”, dice el director de Cenicafé, Álvaro Gaitán.

En El Rosario, un extenso laboratorio a una altitud de más de 1,600 metros con magníficas vistas del frondoso paisaje verde del noroeste de Colombia, los científicos miden los patrones de temperatura, humedad y lluvia para determinar el impacto del calentamiento global. Ellos estudian el suelo y elaboran mapas detallados de erosión en las áreas productoras de café de Colombia. También prueban fungicidas y experimentan con la nueva tecnología de fumigación de cultivos.

Ellos proporcionan pautas para el control de malezas y consejos sobre cómo introducir insectos benignos que pueden matar a los insectos dañinos. Y tratan de desarrollar nuevas variedades de café que sean resistentes a patógenos. Por ejemplo, tomaron plantas de café de Timor Oriental con una alta resistencia a la roya del café y las cruzaron con plantas de café arábica colombianas para producir una variedad más capaz de combatir la enfermedad.

“Pero poco a poco el hongo logra superar esa resistencia”, dice Gaitán. Evoluciona y muta. Por lo tanto, éste es un desafío que probablemente estará con nosotros para siempre. Es una lucha continua entre el café y el hongo”.

Este tipo de investigación científica requiere tiempo y dinero, pero en Colombia, el café es un negocio tan grande que la inversión vale la pena.

El país es el tercer productor más grande del mundo, después de Brasil y Vietnam. El café es la mayor exportación no mineral de Colombia, y representa una cuarta parte del producto interno bruto agrícola. Casi un millón de hectáreas de tierra — un área del tamaño de Líbano – está dedicada al cultivo del café. La diversidad topográfica y climática del país permite la producción del café durante todo el año. En Antioquia y las regiones orientales de Santander y Santa Marta, la principal cosecha tiene lugar en los últimos tres meses del año, mientras que en el sur —en Cauca, Huila y Nariño— la cosecha sucede en el segundo trimestre del año.

Asegurar que la industria siga siendo sostenible es un gran desafío. Por ejemplo, tradicionalmente, la agricultura de café ha requerido grandes cantidades de agua para lavar los granos de café, pero Cenicafé ha estado trabajando para reducir el consumo de agua.

Cenicafé también utiliza “filtros verdes” para limpiar las aguas residuales. Los microorganismos que contienen purifican el agua conforme corre por las plantas y el suelo. Está experimentando además con diferentes usos para la pulpa del café, la masa frutal que se despoja de los granos durante el lavado. Puede utilizarse para fabricar biocombustibles como el etanol, reciclarse como composta o incluso ser utilizado para producir melaza.

Sin embargo, los científicos en Cenicafé dicen que todos sus esfuerzos no darán fruto, a menos que el mundo aborde el tema de los precios persistentemente bajos del café y la amenaza de extrema pobreza que enfrentan muchos productores.

“Si un agricultor no tiene la oportunidad de salir adelante económicamente y tener éxito en su negocio, no va a darle importancia al consumo del agua ni a las diferentes técnicas para lavar el café o proteger el suelo”, afirma Gaitán.

“Si no logramos establecer la sostenibilidad económica, todas las otras formas de sostenibilidad simplemente se desintegrarán”.