Financial Times

Verdad, mentiras y la administración de Trump

Tener un mentiroso en la Casa Blanca no sólo es un desastre para la seguridad global sino para la democracia en todo el mundo, y Trump ya comenzó a entrar una categoría de deshonestidad.
Gideon Rachman Financial Times
27 enero 2017 17:46 Última actualización 29 enero 2017 4:55
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La falsedad no puede ser la base de la política exterior de EU.
El reportero del BBC se estaba riendo mientras nos informó sobre las declaraciones falsas de la Casa Blanca sobre el número de personas que atendieron la inauguración de Donald Trump. Debería de haber llorado. Lo que estamos viendo es la destrucción de la credibilidad del gobierno estadounidense.

Este espectáculo de falsedad que está intentando vendernos la Casa Blanca es una tragedia para la democracia estadounidense. Pero el resto del mundo — especialmente los aliados de EU — deberían estar atemorizados. Una administración Trump adicta a la “gran mentira” tiene implicaciones peligrosas para la seguridad nacional.

Como indicó Robert Moore, el corresponsal en Washington de Independent Television News (ITN): “Si el secretario de prensa de la Casa Blanca sigue diciendo cosas que sabemos que son falsas, ¿por qué deberíamos confiar en lo que diga sobre Corea del Norte, Rusia, Irán o el Estado Islámico? Ésa no sólo es una buena pregunta; es una pregunta esencial.

Todas las presidencias estadounidenses se han enfrentado a crisis internacionales. La administración Trump seguramente se enfrentará a más crisis, dado el carácter volátil y agresivo del nuevo presidente. En el pasado cuando se ha cernido un enfrentamiento internacional, EU se ha respaldado en sus aliados. ¿Cómo va a encontrar apoyo EEUU en la era de Trump, si sus aliados ya no creen en lo que están diciendo el presidente y sus asesores?

No cabe duda que la fe en EU sufrió cuando el gobierno no encontró armas de destrucción masiva después de la invasión de Irak en 2003. Pero la mayoría de los amigos de EU estaban dispuestos a creer que EU se había equivocado debido a inteligencia falsa, no que había mentido deliberadamente para obtener apoyo para librar la guerra. Desde la guerra de Irak, la administración Obama ha progresado significativamente en reconstruir la fe en la credibilidad del gobierno estadounidense.

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El Sr. Trump ya comenzó a deshacer esa importante labor. Él se encuentra en una categoría de deshonestidad diferente a los villanos de antaño, como Dick Cheney, el vicepresidente de George W Bush. Las mentiras del Sr. Trump son tan frecuentes y flagrantes que terminan siendo innegables.

Muchos tal vez argumenten, con cierta desesperación, que mentir sobre cuántas personas atendieron la inauguración, o las disputas sobre los servicios de inteligencia, son “pequeñas” mentiras que no deben afectar la credibilidad de la administración Trump cuando se trata de cuestiones importantes de guerra y paz.

Ellos ignoran el hecho de que la carrera política del Sr. Trump ha estado empapada en falsedad desde su inicio. Comenzó con una mentira — que el presidente Barak Obama no había nacido en EEUU — y siguió adelante de la misma manera.

Si la administración Trump destruye la credibilidad estadounidense, le otorgará una victoria de enormes proporciones a los gobiernos de Rusia y China. La guerra fría no sólo se trató de una lucha sobre cuestiones económicas o fuerza militar, sino también sobre la verdad. A fin de cuentas, la Unión Soviética se colapsó en parte debido a que era demasiado obvio que era un régimen basado en mentiras.

Actualmente Rusia ha adoptado un modelo más sofisticado de deshonestidad. El Kremlin de Vladimir Putin afirma, con un guiño, que todo el mundo dice mentiras y manipula los hechos, y que la Casa Blanca no es diferente al Kremlin.

Rusia ha avanzado utilizando esta estrategia. Pero también tiene limitaciones claras. El Kremlin no pudo negar convincentemente que no se habían usado armas rusas para derribar al vuelo 17 de Malaysia Airlines en 2014. El resultado fue la imposición de sanciones económicas adicionales contra Rusia.

Sin embargo, en el futuro cuando surja cualquier controversia sobre la versión verdadera de los hechos durante una crisis internacional, el resto del mundo tal vez ya no le crea al EU del Sr. Trump de la misma manera en que no creyó en la Rusia del Sr. Putin.

Tener un mentiroso en la Casa Blanca no sólo es un desastre para la seguridad global sino para la democracia en todo el mundo. Hasta ahora, los disidentes en Rusia, China y otros regímenes autoritarios podían librar una batalla peligrosa y solitaria a favor de la verdad y señalar a Occidente para demostrar que sí existía un mejor camino.

Si no podemos contar con el Sr. Trump para defender los estándares normales de honestidad en el ámbito de la política, ¿en quién puede confiar el resto del mundo? El gobierno alemán de Angela Merkel, no puede hacerlo por sí solo.

El gobierno británico tal vez esté demasiado desesperado por establecer un acuerdo comercial con EU para arriesgar su relación con el Sr. Trump. De hecho, existe el peligro de que Theresa May, la primera ministra del Reino Unido, se humille al acoger con demasiado entusiasmo al Sr. Trump en su visita a Washington esta semana.

Las democracias europeas todavía podrían ser un ejemplo demostrando que la mayoría de los países occidentales no utilizan el discurso degradado del Trumpismo. Pero los estadounidenses tendrán que desempeñar el papel más importante para proteger la verdad y por lo tanto la democracia misma.

La prensa tendrá que ser valiente y robusta. El sistema legal, en el que la verdad sigue siendo esencial, tal vez determine el destino de esta administración.

En el pasado, las instituciones estadounidenses, desde los medios de comunicación hasta el Congreso y las cortes han demostrado su independencia de la Casa Blanca. Ahora serán puestos a prueba como nunca antes.