Financial Times

La era de los Bush se acabó

El dilema de Jeb Bush ha sido destacado últimamente en la biografía que Jon Meacham escribió sobre su padre, George Herbert Walker Bush.
Edward Luce
08 noviembre 2015 20:20 Última actualización 09 noviembre 2015 9:5
Jeb Bush

No importa cuánto se esfuerce Jeb, no se puede separar del nombre ni del legado. (Especial)

“Jeb lo arreglará” es el último mantra de la agitada campaña de Jeb Bush. Cualquier problema al que se enfrente EU, el anterior gobernador de Florida tiene la habilidad para resolverlo. Tristemente, la reinvención de Jeb no va a arreglar su propia campaña. Sólo uno de cada 25 votantes republicanos lo apoya ahora. Los grandes donantes están mirando a otros candidatos. En algún punto, habrá autopsias. Algunas causas cercanas seguramente saldrán (su torpeza durante la campaña seguramente será un factor importante). Y sin embargo está cada vez más claro que su campaña estaba destinada al fracaso desde antes de empezar. Sin importar lo mucho que Jeb trate de distanciarse del nombre Bush, no puede compararse con la distancia que necesita recorrer.

El dilema de Jeb ha sido destacado últimamente en la biografía que Jon Meacham escribió sobre su padre, George Herbert Walker Bush. ‘Destiny and Power’ es un título adecuado para un aristócrata que se hizo cargo de EU justo cuando estaba sellando su victoria en la guerra fría. Si le preguntas a prácticamente cualquier alumno de relaciones internacionales — estadounidense o extranjero — estarían de acuerdo en que la presidencia de “Bush 41” ha sido subestimada. El colapso soviético podría haber sido un desastre. Bush padre guió la apertura pacífica de la cortina de hierro y desechó el consejo unánime de sus consejeros para presentarse en el Muro de Berlín al tiempo que era derrumbado. No quiso bailar en la tumba del imperio ruso. Tampoco quería robarle a Alemania su momento.

Para los estándares actuales, la discreción de Bush padre sería vista como una mala práctica electoral. Sin embargo demostró la confianza tranquila de una superpotencia que sabía que la historia estaba de su lado. Los europeos se mantienen agradecidos por el manejo que tuvo al final de la guerra fría. La mayoría de los republicanos, sin embargo, lo recuerdan con desdén. Es famoso por su dicho “lean mis labios: no más impuestos”. Se volvió notorio entre la facción conservadora por haber roto esa promesa en 1991 al apoyar un presupuesto que incrementó los impuestos para reducir el déficit de EU. Fue un acto de habilidad política que resultó costoso electoralmente. También, sembró las semillas para la reacción “anti-establishment” de los republicanos que está afectando a su hijo actualmente.

El eslogan de campaña de Jeb — Jeb! —resultó hueca. Implicaba que había pensado a fondo que parte del legado de su familia repudiar. Pero, aun ahora, parece que tiene poca idea. El verano pasado, a Jeb le tomó cinco intentos para responder a la pregunta básica de si hubiera emulado la invasión a Irak en 2003 de su hermano. Era evidente que no lo había pensado. Al principio dijo que sí: George W Bush (Bush 43) estuvo correcto al invadir Irak. Luego cambió a sí, probablemente, pero se hubiera enfocado más en manejar las consecuencias de la invasión.

Luego decidió que no le gustaba responder a preguntas hipotéticas. Finalmente se le ocurrió la fórmula de que si hubiera sabido entonces lo que sabemos ahora — que la invasión iba a generar caos y regalarle Irak a Irán en una bandeja de plata — no hubiera ido a la guerra. Para entonces los votantes ya no lo estaban escuchando. Lo que escuchaban es que el legado de su hermano estaba creándole problemas en su cabeza.

Los republicanos tendrán su cuarto debate presidencial esta semana. A Jeb le fue mal en los primeros tres. En uno, insistió que su hermano “mantuvo seguro a EU” después del ataque terrorista de 9/11. Eso fue en respuesta a críticas de Donald Trump quien dijo que la invasión de Irak fue un desastre. Cuando Trump ataca a tu familia por ser demasiado belicosa, sabes que tienes un problema.

Es teóricamente posible que Jeb tenga un resurgimiento aunque parece improbable. El dinero le va a permitir continuar durante algún tiempo. Pero los dólares se están desplazando hacia Marco Rubio, anteriormente protegido de Jeb, y Ted Cruz, el tejano de línea dura.

Rubio, de 44 años, se ha distinguido al llevar una campaña que mira de frente arguyendo que EU necesita una nueva generación de líderes para enfrentarse a los retos del siglo 21. El tiempo futuro en el que habla el senador ha sido contrastado con el resto de los republicanos, que miran como hacer a “EU grande otra vez” (Trump), “revivir a EU” (Cruz) y más en ese tenor.

Aún si Jeb fuera un gran estratega de campaña, llegó tarde a la fiesta familiar. Tal vez debería haber escuchado a su mamá. “Hay otras personas muy calificadas”, dijo Barbara Bush hace dos años, cuando le preguntaron si Jeb debería lanzarse. “Hemos tenido demasiados Bushes”.

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