Financial Times

La economía de México se niega a despertar

El problema es que a pesar de que Samsung está en pleno auge productivo, la economía de México – que ha decepcionado durante meses y se espera un 2014 mucho peor de lo previsto – dista de estarlo.
Judd Webber
18 junio 2014 20:0 Última actualización 19 junio 2014 5:0
[ICH detalló que la disminución del EBITDA se debió a una reducción en el precio del acero a escala global. / Bloomberg]

En general, la economía azteca se niega a despertar. (Bloomberg]

Una cinta transportadora zumba. Los paneles se izan en sus lugares. Un equipo uniformado se abalanza, herramientas en ristre, adjuntando las bisagras de una puerta en un instante. Hay un frenesí de actividad controlada y constante. Una nevera terminada sale de la línea de producción cada 27 segundos en la fábrica de Samsung en Querétaro, un estado clave en el exitoso empuje de México en las industrias electrónica, aeroespacial y automotriz de alta tecnología.

“La meta del año pasado era 4 mil 500 por día”, dice Venancio Pérez Gómez, vicepresidente de Samsung Electronics México. El nuevo objetivo –estampado en carteles gigantes que cuelgan por encima del piso de la fábrica– exhorta a los trabajadores a aumentar esa cifra a 6 mil. “Y cuando la alcancemos, la cambiaremos”, añade. De hecho, ya casi la han alcanzado; la producción actual es de 5 mil 800.

El problema es que a pesar de que Samsung está en pleno auge productivo, la economía de México –que ha decepcionado durante meses y se espera un 2014 mucho peor de lo previsto– dista de estarlo.

La producción industrial subió levemente en abril; la industria de la construcción está finalmente emergiendo del hoyo con un aumento de la producción por tercer mes consecutivo; la manufactura está mejorando más rápidamente que la economía en general; y la industria automotriz, una de las estrellas de un sector naciente de alta tecnología que representa más de 17 por ciento del Producto Interno Bruto de México, disfrutó de un mes récord en mayo.

Pero la economía en general se niega a despertar. Después de una actuación decepcionante el año pasado, en el que el PIB creció sólo un 1.1 por ciento –el peor resultado en cuatro años– está muy por debajo de las exuberantes previsiones iniciales del nuevo gobierno de Enrique Peña Nieto. En lugar de ello, el gobierno ha recortado su previsión de crecimiento de 2014 a 2.7 por ciento –un objetivo que muchos economistas siguen temiendo está fuera de su alcance.

Mientras tanto, la confianza del banco central en su propio y recién reducido objetivo del 2.3 al 3.3 por ciento ya está vacilando. Cuando recortó su tasa clave de interés este mes con la esperanza de estimular la actividad económica, también advirtió que las perspectivas de crecimiento eran “más débiles de lo esperado hace apenas un par de semanas”.

El gobierno está empujando una serie de reformas estructurales ambiciosas y largamente atrasadas, incluyendo la apertura del sector energético potencialmente a decenas de miles de millones de dólares en inversión privada y sacudiendo los acomodados imperios de las telecomunicaciones y los medios nacionales.

El gobierno insiste en que el crecimiento de 5 por ciento anual puede lograrse antes del final del mandato del Sr. Peña Nieto en 2018. Eso representaría una aceleración dramática del estancado crecimiento mexicano.

Pero más de la mitad de los trabajadores mexicanos están fuera de la economía formal, pagadora de impuestos, y, o bien se burlan de la idea de que las reformas mejorarán las cosas, o simplemente miran en blanco.

“Lo dudo”, dice Antonio López, vaciando granos de maíz conocidos como esquites en un vaso de papel, antes de rociarlos con mayonesa, chile, limón, queso y sal en el puesto que ha mantenido durante 20 años en una calle de la ciudad de México, donde gana alrededor de 60 pesos por día. “Ellos siempre han prometido más y nunca hemos visto nada. Nunca”.

Rogelio Ramírez de la O, economista, considera que el gobierno “ha perdido el control de las expectativas de la gente –y un gobierno que está empujando reformas no puede darse ese lujo”.

Durante una visita a España este mes, el Sr. Peña Nieto instó a las empresas a “invertir y crecer con México”. Los industriales locales aplaudieron recientemente cuando anunció una media docena de medidas para impulsar el crecimiento, incluyendo la ampliación del financiamiento para las pequeñas y medianas empresas que conforman la mayoría de las empresas mexicanas.

Marco Oviedo, economista en jefe de Barclays, comparte esa fe de que México se encuentra en un “sendero de aceleración” y que el gobierno ha aumentado el gasto público y está haciendo todo lo posible por estimular el crecimiento. Él considera que un crecimiento de 3 por ciento este año es posible.

Pero el Sr. Ramírez de la O cree que el gobierno de año y medio de edad debería prestar mayor atención a la mejora de las expectativas, tal vez mediante la reducción de las tarifas de electricidad ahora, en lugar de esperar un par de años para que arranque la reforma, y pagando la diferencia mediante el recorte de gastos innecesarios del estado.

Édgar Trillo, quien trabaja en una pequeña tienda que contrata y repara equipos para pulir pisos y otras máquinas, ha recortado las salidas familiares y cambiado a alimentos más baratos al sentir las consecuencias de la desaceleración económica.
Las herramientas de limpieza con trapos manchados de aceite en su taller están a mundos de distancia de la reluciente fábrica de Samsung. Pero mientras que la planta es una visión del futuro de México, el Sr. Trillo es un recordatorio de lo lejos que parece estar.

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