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FINANCIAL TIMES: La capacidad vale más que la confianza en la oficina

10 febrero 2014 4:26 Última actualización 14 octubre 2013 5:2

[Deberíamos ser realistas cuando se trata de lo que somos o no somos capaces de lograr. / Arturo Monroy / El Financiero] 


 

 
Por Lucy Kellaway
 
 

“Con cada paso estoy más segura”, canta Julie Andrews al encaminarse hacia su primer trabajo como niñera en The Sound of Music (La Novicia Rebelde). “Todo va a salir bien. Tengo confianza en que el mundo puede ser mío. Todos podrán decir que tengo confianza en MÍ MISMA.”
 
 
Durante toda mi vida profesional, yo he tratado de emular esta actitud. Si sólo pudiera encontrar un poco de “confianza en MÍ MISMA,” el mundo también sería mío. Nunca me he molestado en preguntar si ésta es la mejor estrategia a seguir porque claramente lo es. Todos admiran a las personas que muestran confianza en sí mismas. Todos quieren darle confianza a sus hijos. Cuando miro a mi hijo –quien nació creyendo que era casi perfecto– es evidente que se ha ganado la lotería genética.
 
 
Aún las personas que no toman tan en serio las lecciones de The Sound of Music pueden estar de acuerdo en que la confianza es importante. Cuando Michelle Obama (quien inexplicablemente ha dicho que prefiere It’s a Wonderful Life (Qué Bello es Vivir) a The Sound of Music) visitó una escuela urbana en Londres hace unos años, le dijo a los estudiantes: “Tu éxito será determinado por su propia confianza y fortaleza”.
 
 
Cicerón, quien tristemente murió dos mil años antes de que se creara la obra musical, está de acuerdo: “Con confianza has ganado aun antes de comenzar.” Aun Samuel Johnson creía que “la confianza en uno mismo es el primer requisito para llevar a cabo grandes hazañas”.
 
 
Pero parece que todos estamos equivocados. Ser confiado no es necesariamente bueno. Según un libro reciente muy persuasivo, Confidence, por Tomas Chamorro-Premuzic, un profesor de psicología empresarial en la University College London, es mejor no tener confianza en uno mismo.
 
 
Para empezar, los que no tienen confianza en sí mismos se esfuerzan más ya que están motivados por ansiedad. Además escuchan más cuando se les critica y tratan de cambiar según lo que han escuchado. Y es mucho menos probable que se conviertan en monstruos arrogantes.
 
 
Esto tiene mucho sentido. El libro no aboga por los complejos de inferioridad, pero simplemente apunta hacia algo que debiera ser obvio: deberíamos ser realistas cuando se trata de lo que somos capaces o no somos capaces de lograr. Así, tenemos más posibilidades de mejorar, obtener amistades e influenciar a los demás en nuestras vidas. No faltan estudios que conecten la confianza con el éxito. Sin embargo, el profesor Chamorro-Premuzic ha mostrado datos que sugieren que la causalidad va en el sentido contrario. Tal vez Barack Obama, Sir Richard Branson y Madonna tengan confianza en sí mismos. Pero su confianza no causó su éxito: fue su éxito lo que causó su confianza. Él argumenta que deberíamos dejar a un lado nuestra obsesión con la autoestima –lo cual corre el riesgo de convertirnos a todos en narcisistas perezosos– y enfocarnos en la capacidad. Nuestra meta no debe ser creer que somos capaces en nuestras labores, sino debemos de intentar simplemente de ser capaces al realizarlas.
 
 
Lo que resulta extraño de esta conclusión increíblemente sensata es que ha resultado ser tan herética. No creo que jamás haya leído un libro de administración de empresas que asevere que la capacidad es el factor importante. He leído muchos que subrayan la importancia de la excelencia, la cual en realidad es una meta arrogante y errada cuando piensas en la incompetencia de la mayoría de las personas.
 
 
En el Reino Unido, la incompetencia es más prevalente que nunca: un estudio de la OCDE reciente ha mostrado que los jóvenes británicos de 20 años son “cabezas huecas” en el área de las matemáticas en comparación con sus padres y abuelos. Tal vez la Sra. Obama debería haberle dicho a los niños que se concentraran en aprender sus tablas de multiplicación.
 
 
En realidad es evidente. Pero parece que las compañías no tienen una actitud clara sobre la capacidad –la cual es simple y útil– y la han convertido en un tema complicado e inútil que tiene que ver con “capacidades clave.” KPMG, una empresa de servicios profesionales, que emplea muchos graduados universitarios, no les dice a sus empleados potenciales que espera que sepan multiplicar, dividir y escribir. La compañía dice que está buscando personas con siete “capacidades clave,” que incluyen atributos poco claros como “producir calidad” y “fomentar inclusión”.
 
 
El profesor Chamorro-Premuzic admite que tener confianza en uno mismo sí puede jugar un pequeño papel en la búsqueda por mejorar nuestra capacidad. A veces tiene sentido mostrarle al mundo que sentimos confianza en nosotros mismos para que los demás confíen en nosotros. Pero sólo debemos de simular esta confianza hasta cierto punto. Si intentamos fingir ser mejores de lo que realmente somos, es muy probable que acabemos en problemas.
 
 
Lo cual, para mi alivio, significa que The Sound of Music sí tenía razón, a diferencia de la Primera Dama y Cicerón. El punto es que María en realidad no tiene confianza en sí misma. “Auxilio,” clama, cuando se enfrenta a la impresionante entrada de la casa Von Trapp. Así que canta la canción para convencerse a abrir la puerta y presentarse con los siete niños hostiles que la esperan adentro.
 
 
 

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