Financial Times

Exceso de trabajo y falta de motivación: pesadilla de mandos medios

Apenas una tercera parte del sondeo de CareerBuilder reveló que aceptaría puestos de administrador, mientras que las otras dos partes prefieren el humilde puesto que tienen antes que aceptar nuevas responsabilidades y mayor trabajo. 
Lucy Kellaway
05 diciembre 2014 20:33 Última actualización 06 diciembre 2014 5:0
De acuerdo con un estudio, los trabajadores prefieren conservar sus puestos de trabajo inferiores que ocupar mayores cargos por la responsabilidad que éstos representan. (Bloomberg)

De acuerdo con un estudio, los trabajadores prefieren conservar sus puestos de trabajo inferiores que ocupar mayores cargos por la responsabilidad que éstos representan. (Bloomberg)

Hace poco, se les preguntó a miles de empleados en Estados Unidos si les gustaría ser ascendidos al rango de administrador. Uno pensaría que la mayoría hubiera dicho que sí. Después de todo, se supone que Estados Unidos es la tierra de la oportunidad y toda la vida corporativa está fundada en el principio de que es mejor estar en un escalón más alto que en uno más bajo. Sólo que no dijeron que sí.

Apenas un tercio de los empleados en el sondeo de CareerBuilder señaló que les apetecía ser administrador. Los dos tercios restantes dijeron no, gracias, prefiero el humilde trabajo que tengo. Dentro de las cifras había algunas variantes deprimentemente predecibles.

Por ejemplo, 40 por ciento de los hombres querían ser ascendidos, contra sólo 29 por ciento de las mujeres. Menos predecible, los homosexuales y las lesbianas resultaron ser más ambiciosos que los demás, con 44 por ciento de los empleados LGBT queriendo ser líderes. No tengo ni idea de qué comprueba esto, excepto que después de haber tenido cierto éxito derrotando la homofobia, se sienten optimistas.

¿Entonces, por qué la mayoría no quieren ser administradores?

Más de la mitad explicó que les gustaba el trabajo que tenían y por lo tanto no tenían por qué cambiarlo. Esto me parece una excelente razón. Dado que la pirámide es más ancha en el fondo, es bueno que mucha gente se sienta feliz haciendo lo que hacen.

Solamente es una vergüenza que estemos tan enganchados a la idea del progreso que les damos poca importancia a las vidas que se viven así.

Cerca de un tercio del grupo dijo que lo que no les gustaba eran las largas horas y la responsabilidad que acompaña ser administrador – lo cual es justo.

Una pequeña minoría no quería ofrecerse para un ascenso porque no estaban calificados. Ésta es la única mala razón que se dio – es una vergüenza y un desperdicio. Hay muchas cosas que impiden que las personas se conviertan en grandes gerentes, pero la falta de cualificaciones formales casi nunca es una de ellas.

Implícito en todo esto hay una verdad que las empresas tratan de callar.
Ser administrador de nivel medio es el trabajo menos agradecido que se ha inventado. Los empleados no son idiotas – ellos ven los que hacen sus superiores y piensan: de ninguna manera. Si alguien todavía se aferra a la fantasía que va a ser agradable ser administrador de nivel medio, un importante estudio publicado la semana pasada en la página web del Harvard Business Review, clarifica las cosas.

Revisó a empresas que juntas empleaban a 320 mil trabajadores, y examinó el perfil del 5 por ciento menos feliz. Los investigadores esperaban hallar que estos 16 mil miserables empleados fueran los más pisoteados soldados de infantería, o incomprendidos genios maniáticos, o los incompetentes sin esperanza que iban a ser despedidos en cualquier momento.

En vez, hallaron que el típico perfil de los miserables sin rescate era algo diferente. Eran mayormente administradores de medio nivel y medio funcionamiento. Eran a los que les iba perfectamente bien y habían estado trabajando en la empresa de cinco a diez años. En otras palabras, deberían haber sido la sal de la tierra, o por lo menos el pegamento que mantiene intacta la empresa.

Estos administradores ofrecieron una letanía de razones por su miseria: se sentían poco apreciados, sobrecargados de trabajo, nunca escuchados, estancados y con sentimientos de insignificancia. Pero sobre todo se quejaban de que sus superiores no hacían mucho.

¿Qué se puede hacer?

Los autores de este sondeo concluyen débilmente que es una cuestión de liderazgo. “Todo empleado merece un buen líder”, dicen. Bueno, sí, pero todo el mundo merece todo tipo de cosas en la vida que frecuentemente no consiguen, incluyendo buena salud, libertad de expresión y tres comidas al día.

La mayoría de nosotros no tenemos buenos líderes y, aun si los tuviéramos, no ayudaría mucho a los que están en el medio. Casi todas las empresas son necesariamente disfuncionales, y el lugar donde la disfunción duele más se encuentra a la mitad de la jerarquía.

De las personas que conozco que más detestan su trabajo, todos están estancados en su puesto. Su trabajo consiste en implementar malas decisiones que otros han tomado. Su trabajo consiste en asumir responsabilidad por cosas que no son su culpa. No pueden ni subir ni bajar de cargo. Les azotan las tormentas de oficina más que a nadie. No es bonito. El verdadero problema no está arriba. Está abajo.

Es cómo persuadir a gente decente y trabajadora que vale la pena tratar de superarse. Dado lo malo que luce el camino hacia arriba, no es sorprendente que aquellos que se embarcan en él y surgen victoriosos en la cima frecuentemente terminan desfigurados. Mientras tanto, algunos de los que triunfarían en la cima se quedan al pie de la cima, habiendo decidido sabiamente no escalar la montaña.