Entre EU-China, ¿quién lleva la ventaja si se reanudan hostilidades comerciales?
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Entre EU-China, ¿quién lleva la ventaja si se reanudan hostilidades comerciales?

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Entre EU-China, ¿quién lleva la ventaja si se reanudan hostilidades comerciales?

Beijing ha aceptado muchas concesiones, pero Trump ha concedido muy poco.

Financial Times Jamil Anderlini
04/12/2018
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Se ha logrado una tregua en la guerra comercial entre EU y China, pero los términos del cese al fuego dejan claro quién tiene la ventaja cuando inevitablemente se reanuden las hostilidades.

A cambio de que EU no imponga mayores aranceles a aproximadamente la mitad de las exportaciones chinas a partir del 1º de enero, Beijing acordó discutir una larga lista de concesiones que, si se implementaran en su totalidad, alterarían fundamentalmente la naturaleza propia del sistema chino.

Según un resumen de la Casa Blanca de la cena celebrada entre Donald Trump y Xi Jinping en la cumbre del G20 en Buenos Aires, China acordó a corto plazo comprar “una cantidad muy significante de productos energéticos, agrícolas, industriales y otros de EU”.

También acordó comenzar de inmediato las negociaciones sobre “cambios estructurales con respecto a la transferencia de tecnología obligatoria, la protección de la propiedad intelectual, las barreras no arancelarias, las intrusiones cibernéticas y el robo cibernético, los servicios y la agricultura”.

EU no ha ofrecido nada, excepto un plazo de 90 días, después del cual aumentará los aranceles sobre una lista de importaciones chinas valoradas en 200 mil millones de dólares, de 10 por ciento a 25 por ciento —como originalmente había previsto hacerlo el 1 de enero— si a Trump no le satisfacen las concesiones de Beijing.

Dado que es prácticamente imposible para Xi implementar o siquiera aceptar cambios tan extensos en la economía de China, es casi seguro que la guerra comercial se reanudará a finales de febrero de 2019. Es cierto que Xi ha comprado algo de tiempo para sí mismo y para la economía china en apuros. Él y sus colegas deben estar deseosos de que el fiscal especial Robert Mueller acorrale a su presa o que Trump se distraiga de otra forma cuando hayan pasado los 90 días.

Algunos críticos han cuestionado por qué Trump accedería a una tregua que involucra semejantes promesas informales por parte de China. Al hacerlo, ha debilitado la presión que creó de la nada al imponer los aranceles comerciales en primer lugar.

Pero al hacer una pausa y establecer términos onerosos para su socio, puede parecer fuerte y razonable al mismo tiempo. Esto le permite calmar a los miembros de su gobierno, como el Secretario del Tesoro Steven Mnuchin y el director del Consejo Económico Nacional, Larry Kudlow, quienes han abogado en favor de una mayor indulgencia hacia China, sin conceder nada excepto algo del impulso que se estaba generando hacia una guerra comercial total.

Los mercados han dado un suspiro de alivio y, sin duda, a muchos de los jefes de estado que se reunieron con Trump durante el G20 también les complace verlo parecer más moderado y razonable en el tema del comercio.

Pero nadie en Beijing se hará ilusiones de que se haya evitado la guerra comercial con EU, aunque así es como se está describiendo la situación en los medios oficiales chinos. En un marcado contraste con la declaración de la Casa Blanca, el resumen oficial de China de la reunión en Buenos Aires no mencionó el plazo de 90 días ni la mayoría de las otras concesiones chinas descritas en la versión estadounidense del acuerdo.

Al leer la declaración china de forma aislada, la mayoría de los observadores llegarían a la conclusión de que Xi había logrado una gran victoria diplomática al obligar a Trump a abandonar su guerra comercial de forma unilateral.

Pero si Beijing reconoce públicamente las promesas incluidas en la declaración de la Casa Blanca o no, es irrelevante, pues el poder de imponer aranceles mayores en un plazo de 90 días está totalmente en manos de Trump.