Financial Times

En Rusia se enfrentan 'la tv contra el refrigerador'

El conflicto en Ucrania puede significar a Moscú mostrar su poderío militar, aunque la realidad es que la economía rusa es afectada por las sanciones impuestas por Occidente. Los refrigeradores vacíos reflejan que la economía está en serios problemas y la escasez de alimentos son una herida autoinfligida.
Gideon Rachman
20 febrero 2015 16:53 Última actualización 22 febrero 2015 5:0
Rusia

Es poco probable que las sanciones logren un cambio rápido en la política del Kremlin, pero afectan a la economía del pueblo ruso. (Reuters)

En lugar de enfrentar a Putin en el campo de batalla, tiene más sentido golpear a la economía

Un amigo mío de Moscú tiene una bonita manera de describir cómo sus conciudadanos ven a la guerra en Ucrania. Ella lo llama un "concurso entre el televisor y el refrigerador". La televisión mueve el espíritu ruso con la historia de una gran lucha patriótica contra la "fascista" Ucrania y un Occidente intrigante. Pero el refrigerador reduce los espíritus, con sus contenidos cada vez más escasos y costosos.

La contienda entre el refrigerador y la televisión ahora se puede medir en las encuestas de opinión. Una encuesta reciente muestra que el 44 por ciento de los rusos ven a Estados Unidos como el enemigo – frente al 4 por ciento antes de que comenzara el conflicto. Pero otra encuesta sugiere que sólo el 19 por ciento cree que Ucrania debe ser parte de Rusia – en comparación con alrededor del 50 por ciento que apoyaba esa idea en marzo del año pasado.

La batalla por las mentes rusas se reanudará siempre y cuando la guerra en Ucrania se reinicie en serio. Eso puede suceder pronto. Incluso Angela Merkel, la canciller alemana, quien ayudó a negociar el acuerdo de cese al fuego Minsk II de la semana pasada, se limitó a decir que ofrece un pequeño "rayo de esperanza".

Si los rusos y sus representantes se remontan a la ofensiva, habrá mucho llanto en el Occidente sobre cómo el astuto gobierno del presidente Vladimir Putin ha jugado con los occidentales de voluntad débil.

Pero, mientras que Moscú puede tener la ventaja militar y diplomática, en otros aspectos cruciales su posición es cada vez más débil. Los refrigeradores vacíos rusos reflejan el hecho de que la economía del país está en serios problemas. Eso podría cambiar en última instancia los cálculos rusos.

Rusia no es una democracia funcional por lo que el descontento popular no se traduce directamente en una presión sobre el gobierno. Pero el señor Putin sabe que una parte importante de su atractivo fue la promesa de mejores niveles de vida. La privación y el aislamiento son proposiciones menos atractivas.

Como un ruso de mediana edad sostiene: "Las personas que se acuerdan de la Unión Soviética saben lo que es vivir de patatas. Pero los jóvenes no tienen idea de lo que es eso”. Por extraño que parezca, la escasez de alimentos que está empezando a verse en los supermercados, incluso en Moscú, son una herida autoinfligida, ya que proviene en gran medida de las sanciones de represalia de Rusia, que implica una prohibición sobre la importación de muchos productos alimenticios de Occidente.

Le conviene a Putin utilizar el conflicto en Ucrania para demostrar la fuerza militar, más que la económica. Las fuerzas militares de Ucrania están irremediablemente superadas. Lo que es peor aún, si el suministro de armas Occidentales conduce a una escalada de Rusia, seguida de más derrotas militares de los ucranianos, la presión montaría para otra escalada de Occidente. Ése es un camino peligroso, que Moscú preferiría enfrentar más que Berlín o Washington.

Así que en lugar de enfrentar al gobierno de Putin, donde es relativamente fuerte, en el campo de batalla, tiene más sentido golpear a Rusia en su punto más débil: la economía. Occidente debería estar preparando más sanciones económicas, listas para ser aplicadas si Moscú intensifica la lucha de nuevo.

La sanción más sonada sería aislar a Rusia de la red financiera mundial al impedirle utilizar el sistema SWIFT de pagos bancarios internacionales. Una sanción similar fue aplicada contra Irán con un efecto devastador. Pero hay mucho más que se podría hacer antes de desplegar el arma SWIFT. Un alto funcionario de EU sostiene que, categorizando las sanciones en una escala del 1 al 10, la prohibición de SWIFT se puede catalogar como un 10. Y añade: "Hasta ahora, sólo estamos en alrededor de dos o tres".

El efecto de las sanciones, combinado con un precio del petróleo decaído y un rublo débil, ya está afectando los niveles de vida de Rusia. Además de la escasez de alimentos, existen preocupaciones sobre una escasez inminente de los medicamentos que se importan desde el Occidente.

Nadie en Occidente debería regocijarse ante la posibilidad de causarle sufrimiento al pueblo ruso. Por esa razón, cualquier ronda de nuevas sanciones inicialmente debe estar dirigida principalmente a la élite. Eso significaría prohibiciones de visados más amplias y una aplicación más agresiva de regulaciones en la lucha contra la corrupción y el lavado de dinero.

Incluso al aplicar presión, Occidente debe recordar en qué áreas todavía es posible llegar a un acuerdo con Moscú. Rusia tiene intereses legítimos de seguridad en Ucrania que deben ser reconocidos. Las diferencias culturales entre la parte oriental y occidental de Ucrania también deben ser reconocidas en los acuerdos políticos del país. Pero lo que es absolutamente inaceptable es que Rusia continúe buscando sus metas a través de la intervención militar en Ucrania.

Es poco probable que las sanciones logren un cambio rápido en la política del Kremlin. Pero la respuesta a la agresión rusa será un desafío a largo plazo. Si hay algún caso para la aplicación de la doctrina de la "paciencia estratégica" del presidente estadounidense, Barack Obama, éste es el ejemplo ideal.