Elecciones en Colombia ponen a prueba su acuerdo de paz
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Elecciones en Colombia ponen a prueba su acuerdo de paz

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Elecciones en Colombia ponen a prueba su acuerdo de paz

Nada ha resultado sencillo a la hora de resolver un conflicto que ha cobrado 200 mil vidas y ha desplazado a millones, además de generar intensas emociones.

La fórmula de paz y las credenciales democráticas están siendo severamente puestas a prueba antes de las elecciones presidenciales debido a una campaña venenosa.

Financial Times Por John Paul Rathbone
16/02/2018
Actualización 15/02/2018 - 23:20

Cuando Colombia llegó a un acuerdo de paz hace dos años, la fórmula para terminar con el conflicto civil más prolongado del hemisferio occidental parecía simple: a cambio de entregar sus armas, los líderes del grupo guerrillero marxista de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) podrían postularse para las elecciones de este año.

Pero nada ha resultado sencillo a la hora de resolver un conflicto que ha cobrado 200 mil vidas, que ha desplazado a millones de personas y que todavía provoca intensas emociones.

Aunque no se ha reiniciado el combate, tanto la fórmula de paz como las credenciales democráticas de Colombia están siendo severamente puestas a prueba antes de las elecciones presidenciales de mayo debido a una campaña particularmente venenosa.

La semana pasada, las FARC suspendieron la campaña después de que Rodrigo Londoño -un alto comandante postulándose para la presidencia- y sus colegas fueran atacados con piedras. En un comunicado, las FARC dijeron que dejarían de hacer campaña debido a tales ataques -algunos violentos y otros virtuales- como las amenazas en los medios sociales y las fotografías circuladas de los hogares de los activistas de las FARC.

“Hay una sensación de pánico, de conflagración inminente”, comentó Jorge Restrepo, el director de CERAC, un grupo de expertos de Bogotá. “La izquierda está agrediendo a la derecha, la derecha está agrediendo a la izquierda. Muchos candidatos todavía están enmarcando las elecciones en términos de lucha, de guerra contra paz”.

Los colombianos tienen buenas razones para estar nerviosos. Según la Organización de las Naciones Unidas (ONU), casi 40 miembros de las FARC han sido asesinados desde el acuerdo de paz de 2016. Al mismo tiempo, un ataque con bombas el mes pasado por parte del Ejército de Liberación Nacional (ELN), un grupo guerrillero rival, mató a cinco e hirió a 42 en la costa.

La mayoría de los ataques, sin embargo, ocurren en las redes sociales, donde la mentalidad de asedio continúa conforme circulan las noticias falsas o los chismes en grupos de mensajes como WhatsApp, y se insulta virulentamente a los políticos de todo el espectro político. “Es como si Colombia no supiera cómo pasar la página”, ha comentado Ricardo Silva Romero, un destacado columnista.

Álvaro Uribe, un expresidente de dos términos que se opuso al acuerdo de paz y que es un adalid de la derecha política de Colombia, ha enfrentado acusaciones de abuso sexual y una reanudación de los rumores de sus supuestos vínculos con letales grupos paramilitares de derecha, afirmaciones que él ha negado pero que sus enemigos reciben con regocijo en las redes sociales.

Mientras tanto, Gustavo Petro, un exalcalde izquierdista de Bogotá que se está postulando para presidente, ha declarado que se le ha difamado mediante declaraciones de que él expropiaría empresas colombianas si se le eligiera.

“Estoy esperando que el fiscal general revele quién es el autor de las noticias falsas en las redes sociales”, tuiteó Petro el martes.

“Corremos el riesgo de convertirnos en tribus digitales y regresar a la Edad Media por la puerta trasera”, dijo Alejandro Santos, el director de “Semana”, el semanario líder que este mes publicó una encuesta electoral que mostraba a Petro a la cabeza, sólo para ver los resultados invertidos y republicados en las redes sociales presentando al candidato presidencial preferido de Uribe con una clara ventaja.

La economía colombiana también está apenas saliendo de la recesión. El presidente Juan Manuel Santos está avanzando con dificultad hacia el final de un segundo mandato. Agregando a la sensación de estar a la deriva, la producción de cocaína se ha disparado a medida que las guerrillas disueltas han abandonado sus refugios selváticos y les han cedido el territorio a pandillas criminales.