Financial Times

El último sacrificio del rey

La única forma de recobrar el prestigio de la monarquía española, habrá pensado Juan Carlos de Borbón, era pasarle la batuta a su hijo, Felipe.
Tobias Buck
03 junio 2014 0:22 Última actualización 03 junio 2014 5:0
Fotografía del Rey Juan Carlos junto a una bandera de España. (Reuters)

Fotografía del Rey Juan Carlos junto a una bandera de España. (Reuters)

Es poco probable que Juan Carlos haya querido que todo terminara de esta forma.

Como la mayoría de los monarcas, el rey de España siempre dejó claro que tenía intenciones de morir con la corona puesta. Abdicar no sólo prematuramente, sino en un momento en que la Casa Real española es objeto de feroces críticas, investigación criminal y escarnio público, será muy doloroso para él.

Los analistas se apresuraron a señalar que Juan Carlos es sobre todo una víctima de una crisis institucional más amplia que se ha difundido en España en años recientes. La confianza pública en el gobierno, parlamento, los partidos y el poder judicial ha caído drásticamente desde el comienzo de la amarga crisis económica del país. Pero las encuestas muestran que el apoyo popular al rey, que jugó un papel tan importante en dar lugar al nuevo orden democrático español, también ha caído mucho.


Al mismo tiempo, la decisión del rey de abdicar obedece a un patrón mucho más antiguo y profundo. A través de su vida y reinado, Juan Carlos hizo difíciles sacrificios en su empeño de recuperar la corona de España para su familia, y mantenerla allí. Pagó un precio personal muy alto por su ambición – abandonar a su familia exiliada a la edad de 10 años y ser criado, solo y triste, como heredero de Francisco Franco, el dictador español. La decisión de traspasarle la corona a su hijo parece estar basada en la misma necesidad política: hacer lo necesario para preservar la dinastía de los Borbones y su papel constitucional.

"Él debe haber sentido que su prestigio se estaba desvaneciendo y que los buenos tiempos ya no iban a regresar", consideró José Ignacio Torreblanca, investigador principal del Consejo Europeo de Relaciones Exteriores. "Esto no fue solamente una caída temporal de popularidad. La única forma de recobrar el prestigio de la institución era pasarle la batuta a su hijo".

Aunque el anuncio tomó a la mayoría de los españoles por sorpresa, el lunes existía el consenso generalizado de que la abdicación tenía sentido políticamente –y podía ayudar a defender la monarquía de las presiones y turbulencias del futuro: "Esto probablemente significa que ellos piensan que dentro de dos o tres años a partir de hoy, España no estará en el mismo lugar que ahora", indicó una persona cercana a la Casa Real, señalando el reciente aumento de partidos republicanos en toda España y la amenaza de un conflicto constitucional que se intensifica entre Madrid y el movimiento para la independencia de la región de Cataluña.

La actual constelación política española, según dijo un funcionario español bien posicionado, "ofrece garantías que dentro de pocos años podrían no existir".

Los últimos acontecimientos políticos en España de hecho sugieren que el clima político está a punto de volverse más difícil para los miembros de la realeza española. Los dos principales partidos políticos –el partido Popular, ahora en el poder, y los Socialistas de la oposición– han apoyado a la monarquía desde hace mucho tiempo. En este momento, estos dos partidos poseen 295 de los 350 escaños del parlamento español, y se espera que voten de forma aplastante a favor de la ley que se necesita para llevar a cabo la transición de Juan Carlos a Felipe.

Sin embargo, en las elecciones europeas del mes pasado, los dos partidos perdieron más de 15 puntos cada uno, y las encuestas sugieren que su dominio político se encuentra amenazado como nunca antes. Alfredo Pérez Rubalcaba, quien se espera que abandone el puesto como líder de los Socialistas en julio, rápidamente alabó al rey el lunes. Pero no hay garantías de que su sucesor estará igualmente dispuesto a defender el status quo institucional de España. Mientras tanto, los dos mayores ganadores de la elección, el partido Izquierda Unida y el recién formado Podemos, son abiertamente republicanos. Ambos pidieron un referendo acerca de la monarquía después de que se filtraron las noticias de la abdicación.

Charles Powell, historiador residente en Madrid y biógrafo real, dijo: "Esta [transición] se beneficiaría de un amplio consenso entre los partidos líderes, y creo que había crecientes preocupaciones sobre lo que estaba sucediendo en la izquierda española, y especialmente dentro del partido Socialista."

Y añadió: "Claramente el resultado de la elección fue peor de lo esperado para los dos grandes partidos, y esto puede haberle añadido cierto sentido de urgencia al proceso". 

Adaptar la monarquía española a la nueva era y a un público más escéptico será ahora la principal tarea de Felipe, quien disfruta de amplia popularidad y cuyo perfil y apariencias internacionales se han expandido notablemente en los últimos años.

En cuanto a su padre, la mayoría piensa que su legado histórico, a pesar de los recientes reveses, está asegurado. "Será recordado como un gran rey", opinó José María de Areilza, analista político y profesor en la escuela de derecho Esade. "Fue un transformador, y un motor impulsor de cambios. Sucedió a Franco y le traspasó el poder al pueblo. Creo que por eso será recordado".