¿El Mundial qué? La FIFA tiene que limpiar su imagen
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¿El Mundial qué? La FIFA tiene que limpiar su imagen

Gianni Infantino tiene la labor de revertir este pesimismo y ésta es su propuesta para convencer a los escépticos.

Financial Times
21/05/2018
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FIFAFuente: Ismael Angeles

Los fanáticos del futbol han comenzado a quejarse: la FIFA sólo puede obtener tantos ingresos adicionales; sólo le quedan tantos territorios por conquistar. Por razones que abarcan los derechos humanos y el clima, las próximas Copas Mundiales en Rusia, comenzando el próximo mes, y en Qatar, programada para 2022, carecen del lustre de los torneos previos.

Gianni Infantino tiene la labor de revertir este pesimismo. El presidente de la FIFA, el organismo de gobierno mundial de fútbol, ha propuesto la creación de dos nuevos y lucrativos torneos. Una liga competitiva de naciones reemplazaría a los partidos amistosos internacionales, mientras que una Copa Mundial de Clubes cuatrienal enfrentaría a los mejores equipos de todo el mundo entre sí.

Las atracciones son obvias. Los fanáticos tendrán acceso a más partidos significativos de fútbol. A los jugadores se les prometerá un calendario que no es más agotador que el actual. Los clubes, equipos nacionales, federaciones regionales e incluso organizaciones de base podrían beneficiarse a medida que se involucran los patrocinadores y los medios. Infantino afirma que un consorcio de inversionistas no revelados está listo para comprometer 25 mil millones de dólares para los nuevos eventos.

Los escépticos, sin embargo, perciben interés propio institucional en la iniciativa. Infantino heredó una problemática FIFA en 2016. Socavada por honorarios legales y patrocinios perdidos después de escándalos de corrupción, la organización tuvo que reconstruir sus finanzas y su prestigio. Estas nuevas competencias, que serían manejadas por la FIFA, son medios para lograr ese fin. En principio, no tiene nada de malo.

Aun así, los nuevos planes padecen de lo que la UEFA, que maneja el fútbol en Europa, llama “planificación precipitada y falta de información concreta”. La opacidad del consorcio es particularmente preocupante tan pronto después de los escándalos financieros que afectaron al predecesor y compatriota suizo de Infantino, Sepp Blatter.

La FIFA debería recordar que el fútbol no ha crecido debido a la dirección central. Los nuevos fanáticos en África, Asia y América del Norte llevan las camisetas del Manchester United, Barcelona, Bayern Múnich y otros súper clubes. Los jugadores que admiran se crían en las academias de los clubes y se pagan con los presupuestos de los clubes. Los entrenadores más aclamados dirigen clubes, no equipos nacionales. El fútbol de clubes ha impulsado el deporte y ha logrado prosperar sin mucha participación desde arriba. Si la mayor preocupación de la FIFA es el crecimiento del deporte, entonces no hay una crisis obvia que solucionar.

Nada de esto significa que la idea de Infantino sea mala. Si el financiamiento detrás de su proyecto resulta ser real e incontrovertible, entonces los críticos deberían considerarlo con la mente abierta. Los partidos amistosos sin sentido son en realidad interrupciones tristes de la temporada de fútbol. Un torneo de clubes más global que la UEFA Champions League podría permitir que los equipos en América Latina y otros lugares se pongan al día con los dominantes equipos europeos.

Sin embargo, la FIFA tiene asuntos más urgentes que resolver. Tiene que decidir si la Copa del Mundo 2026 irá a Marruecos o a una oferta conjunta de América del Norte. Tiene que decidir si, y cómo, los árbitros asistentes de vídeo, una nueva y polémica manera de resolver las controversias en el campo, deberían ser introducidos en un deporte que siempre ha sido conocido por su simplicidad.

Sobre todo, debe continuar la ‘limpieza’ de una organización que ha llamado la atención de la Oficina Federal de Investigación (FBI) de Estados Unidos y las autoridades penales suizas. Infantino debe concentrar sus esfuerzos más cerca de su propia casa. La mayor amenaza para el fútbol no es la pérdida inverosímil del interés público, sino la pérdida de su propio buen nombre.