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El mediador papal, a prueba en conversaciones de paz en Venezuela

Pietro Parolin, secretario de Estado del Vaticano, tendrá una misión difícil al participar como "testigo de buena fe" durante las conversaciones entre el gobierno de Venezuela y la oposición para acabar con los disturbios que se registran en el país.
Andres Schipani
16 abril 2014 21:9 Última actualización 20 abril 2014 5:0
Pietro Parolin. (Reuters)

Pietro Parolin conoce bien Venezuela, ya que durante cuatro años fungió como nuncio papal. (Reuters)

Source: Financial Times Newspaper Spanish

Cuando Pietro Parolin fue nombrado por el Papa Francisco como secretario de Estado del Vaticano el año pasado, el cardenal dijo que se le había confiado una "misión difícil y desafiante".

Las habilidades diplomáticas del mediador italiano serán probadas completamente en su intento de actuar como un "testigo de buena fe" en las conversaciones que se reanudarán el martes entre el gobierno de Venezuela y los miembros de la oposición con la meta de poner fin a los disturbios violentos que han dejado al menos 41 muertos en el país en los últimos dos meses.

Los opositores de Nicolás Maduro, presidente de Venezuela, han denunciado el saqueo de la economía del país rico en petróleo y el aplastamiento de la disidencia.

El Sr. Maduro, quien sucedió a Hugo Chávez como presidente hace casi un año, a su vez ha acusado a sus opositores radicales de tratar de instigar – con apoyo de EEUU – un golpe de Estado "fascista" similar a los disturbios de 2002 que derrocaron brevemente a su predecesor del poder.

En una reunión organizada por tres ministros de Relaciones Exteriores de América del Sur y un emisario del Vaticano, los representantes de ambas partes se sentaron a hablar la semana pasada en la primera gran prueba de madurez política desde que comenzaron las protestas contra el gobierno.

Ramón Guillermo Aveledo, un líder de la oposición, durante una reunión pública transmitida el jueves por la noche dijo: "Algo tiene que estar muy mal para que una reunión entre el Gobierno y la oposición sea rara".

Él y otros acordaron asistir a las conversaciones después de recibir promesas de que temas espinosos como la liberación de los manifestantes encarcelados y el establecimiento de una comisión de la verdad, en medio de acusaciones de abusos de derechos humanos, estarían sobre la mesa. También exigieron la acción del gobierno sobre la alarmantemente alta tasa de asesinatos en Venezuela – la segunda más alta del mundo después de Honduras, según un informe reciente de la ONU.

Mostrándose como un estadista moderado, el Sr. Maduro dijo en el cierre de la sesión "tenemos la obligación de conocernos y reconocernos unos a otros".

La reunión de la semana pasada terminó sin que se fijara una agenda, aunque hicieron la promesa de reunirse nuevamente. Los manifestantes salieron a las calles de Caracas de nuevo esa misma noche. A pesar del gran avance de acercar a las dos partes, es difícil encontrar un terreno común en un país dividido casi por la mitad entre los partidarios a favor y en contra del gobierno.

La esperanza es que el diplomático de más alto rango de la Iglesia Católica ayudará a Venezuela a salir del punto muerto. El Sr. Parolin conoce bien al país, después de haber pasado cuatro años como nuncio papal en Caracas antes de regresar a Roma el año pasado. La Santa Sede también ha desempeñado un papel en la mediación de la región en el pasado, sobre todo a través de una crisis de rehenes en Perú en la década de 1990.

Moisés Naím, asociado sénior de la Fundación Carnegie para la Paz Internacional y ex ministro del gobierno de Venezuela, dijo: "En medio de tanta desconfianza – especial y comprensiblemente de la oposición – incluir a la Iglesia Católica, y en especial al Cardenal Parolin, en las conversaciones es la decisión adecuada”.

El Papa Francisco, un argentino que ha sido elogiado por su humildad y conocimiento político, también envió una carta instando a ambas partes a dejar de lado la "polarización que hiere profundamente a Venezuela" para llegar a un acuerdo a través del diálogo.

Otros señalaron que el radicalismo tendría que ser controlado antes de poder llegar a algún acuerdo. Arturo Valenzuela, ex subsecretario de estado de EEUU y ahora profesor de estudios latinoamericanos en la Universidad de Georgetown, sostiene que "a pesar de que hay fuerzas moderadas en ambas partes que podrían ayudar a dar forma a una alternativa, están intimidadas por los extremos".

Durante las conversaciones de la semana pasada, Diosdado Cabello, el poderoso jefe de la Asamblea Nacional, utilizó Twitter para criticar al líder opositor Henrique Capriles, quien estaba sentado en la mesa frente a él. "Este asesino fascista Capriles tiene problemas", tuiteó. Al día siguiente, María Corina Machado, una legisladora de la oposición quien fue despojada de su puesto el mes pasado, etiquetó las conversaciones como una "farsa".

Algunos manifestantes de línea dura de la oposición, que dicen que el gobierno es autoritario, han tratado de provocar una "primavera venezolana" y exigen la renuncia del presidente. Pero aun con una caída en la popularidad del Sr. Maduro, hasta ahora no han logrado convencer a la mayoría empobrecida del país a tomar las calles.

Y aunque han habido indicios de que el gobierno está dispuesto a coquetear con el pragmatismo económico, como las reformas de cambio extranjero, por ahora no hay señales de que sea posible un cambio de régimen, especialmente con varios militares en puestos ministeriales clave.

Frente a tales divisiones, Henri Falcón, miembro de la coalición de oposición, dijo por televisión que las conversaciones serán la única forma de avanzar. "Dialogamos o nos matamos unos a otros. No hay otra manera – el diálogo o el abismo", sostuvo.