Financial Times

Ejecutivos monitoreados como atletas estrellas

Un pionero del concepto de que la honestidad es la mejor política era Warren Buffett. A principios de 2000 Berkshire Hathaway, la compañía de inversiones que dirige, desestimó los rumores de que su líder estaba en el hospital en estado crítico.
Andrew Hill
07 julio 2014 19:42 Última actualización 08 julio 2014 5:0
 [Atraer a un CEO de otra firma puede ser muy costoso para las empresas. / Reuters]    

La transparencia debe ser la norma para los problemas importantes. (Bloomberg)

Mientras esperaba en un gran hospital de Manhattan hace unos 15 años, vi al presidente de uno de los mayores bancos del mundo en un consultorio. Nunca supe por qué estaba allí. Si estaba enfermo, su empleador nunca lo mencionó y el hombre se encuentra ahora disfrutando de una larga y aparentemente saludable jubilación.

Pero la declaración de Jamie Dimon, presidente ejecutivo de JPMorgan Chase, que tiene cáncer de garganta curable me indica cómo ha mejorado la comunicación de las empresas sobre la salud física de sus líderes.

Un pionero del concepto de que la honestidad es la mejor política era Warren Buffett. A principios de 2000, Berkshire Hathaway, la compañía de inversiones que dirige, desestimó los rumores de que el Sr. Buffett estaba en el hospital en estado crítico. Cuando el multimillonario se sometió a un tratamiento más tarde ese año, para retirar unos pólipos benignos de su colon, tuvo que revelar más. Hace dos años, al revelar que tenía cáncer de próstata, el Sr. Buffett fue indudablemente positivo, diciendo que su condición “no era remotamente peligrosa ni incluso debilitante de una manera significativa”.

El Sr. Dimon siguió su ejemplo y el Sr. Buffett estuvo cerca para desearle suerte al banquero, así como para alabar su transparencia.

Desde por lo menos 2009, cuando Steve Jobs y Apple se contradijeron públicamente acerca de las razones de su ausencia, los inversionistas y expertos en conducta corporativa han concordado con el Sr. Buffett de que cuando “se trata de un hecho importante... hay que comunicarlo rápida y acertadamente y si se produce algún cambio grande (entonces) se comunica posteriormente”.

La demanda por una comunicación más abierta sigue en aumento. Personas como el Sr. Buffett y Rupert Murdoch (quien también habló con franqueza acerca de su cáncer de próstata en 2000) están a la vanguardia de una generación de líderes empresariales de más edad, algunos de los cuales ejercerán hasta sus 80 años.

Incluso después de sus carreras ejecutivas, los veteranos pasan a servir en juntas, administran el dinero de otras personas, y asesoran en áreas críticas de política pública y empresa privada. Paul Volcker, expresidente de la Reserva Federal, fue uno de los candidatos para ser el primer secretario del Tesoro de Barack Obama a la edad de 81 años, momento en el cual, de acuerdo con su biografía, seguía trabajando “como si tuviera 30 años de edad”.

El mundo político sigue siendo un reducto de secretos. Se cubrieron contra posibles rumores las enfermedades de John Kennedy y el cáncer de François Mitterrand. Pero si el Sr. Volcker hubiera aceptado el puesto, los mercados, lógicamente, habrían querido saber acerca de la salud física del octogenario.

El tipo de mensaje que el Sr. Dimon compartió con el personal y los inversionistas, sin embargo, empieza a parecer algo anticuado en un mundo de datos digitales y compartibles con respecto a la salud y el bienestar.

En el Foro Económico Mundial de Davos de este año, Marc Benioff, director ejecutivo de Salesforce.com, relató cómo el emprendedor tecnológico Michael Dell le había llamado la semana anterior para preguntarle si se sentía bien. Los datos en línea que el Sr. Benioff y el Sr. Dell estaban compartiendo de sus monitores de salud Fitbit habían alertado al magnate informático que su amigo no estaba haciendo ejercicio.

A medida que los monitores de salud de vestir se vuelven más sofisticados, algunas empresas, en lugar de enviar a su director ejecutivo a un hospital para un chequeo dos veces al año, pueden optar por monitorearlos de forma remota. Lo que se estima es adecuado para los atletas de alto rendimiento podría ser considerado como algo esencial para los ejecutivos que buscan una ventaja sobre sus rivales.

La franqueza del Sr. Dimon es loable. La transparencia debe ser la norma para los problemas importantes. Pero a medida que más gerentes monitorean cada una de sus inhalaciones o latidos del corazón, con el tiempo tendrán que decidir cuánto querrán compartir con el mundo –o incluso con sus propios amigos– sobre lo bien que se sienten.

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