Financial Times

¿Deben los clubes deslumbrarse con las atajadas de Ochoa?

La excelente actuación de Guillermo Ochoa en la portería de la Selección Mexicana ha hecho que varios equipos volteen a verlo. Pero, ¿qué tan conveniente es para los equipos de futbol contratar jugadores sólo por su desempeño en un Mundial?
Simon Kuper
08 julio 2014 0:55 Última actualización 08 julio 2014 5:0
Guillermo Ochoa

Guillermo Ochoa

FORTALEZA.- Hace apenas un mes nadie quería a Guillermo Ochoa. El portero mexicano acababa de terminar en el último lugar de la Liga de Francia con su pequeño club, el Ajaccio. Luego tuvo un pobre desempeño con México en los partidos de preparación rumbo al Mundial. En una encuesta en el país, la mayoría de los consultados quería que Jesús Corona, su principal rival, fuera el arquero de la selección en Brasil 2014.

Pero Ochoa tuvo cuatro brillantes actuaciones. Ahora, equipos más grandes están tras de él.

Las transferencias motivadas por el Mundial son una tradición en el futbol. Jugadores que sorprenden al mundo en estos torneos -como el delantero costarricense Joel Campbell o el lateral colombiano Juan Cuadrado- suelen lograr una gran transferencia.


Una Copa del Mundo puede poner de moda toda una nacionalidad: esperen un incremento en el precio promedio de los futbolistas de Costa Rica. Pero como muchas otras tradiciones futbolísticas, las transferencias del Mundial son irracionales.

Sir Alex Ferguson da su diagnóstico del problema. Quien por décadas fuera técnico del Manchester United escribió esto después de retirarse el año pasado: "Siempre fui temeroso de fichar jugadores con base en un buen desempeño en algún torneo. Lo hice en la Eurocopa de 1996, que me llevó a apostar por Jordi Cruyff (holandés hijo de la leyenda Johan Cruyff) y Karel Poborsky (estrella de la sorprendente República Checa). Ambos tuvieron un excelente desempeño en ese torneo, pero yo no recibí de ellos lo mismo que sus países obtuvieron ese verano... Algunas veces los jugadores se motivan y preparan para una Copa del Mundo o campeonatos europeos y después de eso hay puede venir una baja de nivel".

Más aun, después de un buen torneo, un jugador se sobrevalúa. Es como comprar acciones en el precio más alto.

Y un torneo es una muestra de juegos muy pequeña para poder juzgar a un futbolista. Si uno vio únicamente este Mundial, podría llegar a la conclusión de que el portugués Cristiano Ronaldo (Balón de Oro el último año) no es ni la mitad de bueno que el costarricense Campbell.

Tal vez un Mundial puede mostrar hasta dónde puede llegar un jugador. Pero eso no es tan interesante. Lo que importa es el desempeño normal del futbolista, semana a semana. Un torneo corto en circunstancias irrepetibles no muestra eso.

En 2010, luego de la buena copa del ghanés Asamoah Gyan, Sunderland pagó 13 millones de libras esterlinas por él, un récord para el club británico. Un año después, lo dejaron ir a los Emiratos Árabes.

Para algunos clubes, adquirir un gran nombre es suficiente justificación. Muchas transferencias son sobre todo "regalos" para los fanáticos, patrocinadores y medios locales. Adquirir una estrella del Mundial mantiene a los socios satisfechos al final del verano. Les da la emoción de la expectativa.

Hay aquí, sin duda, algunos jugadores poco valorados, particularmente porteros, a los que muchos técnicos se les hace difícil juzgar. Keylor Navas, de Costa Rica, tuvo el mejor promedio de salvadas del Mundial. Más significativo es que tuviera el tercer mejor promedio de las cinco principales ligas de Europa la temporada pasada jugando para el Levante de España, según el proveedor de datos Opta.
El Atlético de Madrid, campeón de la Liga española, probablemente está en lo correcto al ir tras él.

De todas formas, usualmente las transferencias más inteligentes del Mundial se dan cuando un club hace exactamente lo contrario: comprar un jugador que ha perdido valor durante el torneo.

Chelsea pagó al Atlético de Madrid 32 millones de libras por Diego Costa, quien decepcionó con España. En tanto, el Barcelona, según reportes, ha ofrecido 70 millones de libras por Luis Suárez, quien fue suspendido después de recordarle al mundo su afición por morder. Estos clubes están pensando como Warren Buffett: sé temeroso cuando otros son codiciosos, y codicioso cuando otros son temerosos".

Pero para algunos futbolistas el torneo puede acabar completamente con sus opciones.

"Además de Italia, soy yo el que perdió con este Mundial", se quejaba el dueño del Milán y exprimer ministro, Silvio Berlusconi. "Estaba a punto de vender a (Mario) Balotelli a un club inglés por millones, ¿pero quién comprará a Balotelli después de esta Copa del Mundo?".