Financial Times

Crisis a la vista

El jueves 9 de agosto de 2007 los mercados financieros repentinamente se congelaron. ¿La razón? Nadie sabía. 
Gillian Tett
10 agosto 2017 23:44 Última actualización 11 agosto 2017 5:0
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Hace una década, pasé una noche en vela preocupándome por un contenedor de basura español. ¿La razón? El jueves 9 de agosto de 2007 los mercados financieros repentinamente se congelaron.

Debido a que yo estaba a cargo del equipo de mercados del Financial Times, pasé dos días tratando frenéticamente de identificar la razón del pánico. Nadie la sabía. Pero ese fin de semana me desperté de repente en medio de la noche con una imagen de un contenedor de basura español en mi mente.

Un mes antes había asistido a una conferencia crediticia en Barcelona, donde leí folletos sobre una entidad poco conocida, y supuestamente segura, conocida como “vehículo de inversión estructurado “ o SIV, por sus siglas en inglés. El material me había parecido extremadamente aburrido. Por eso, en el camino de vuelta a casa, arrojé los papeles en un contenedor de basura del aeropuerto y los olvidé. Así es que me desperté y me metí en línea para descubrir lo que había dejado en ese contenedor.

Al amanecer ya me había dado cuenta de que esos productos de inversión ampliamente ignorados eran los principales responsables del misterio del mercado: los detalles eran complejos pero, esencialmente, estos SIV contenían hipotecas tóxicas.

Hay una lección en esta diminuta porción de mi historia personal, conforme contemplamos lo sucedido en el pasado en este décimo aniversario del drama para evaluar lo que pasó.

Unas crisis no involucran fondos de cobertura de alto riesgo o productos que son evidentemente peligrosos. Más bien, existe una bomba de tiempo a punto de explotar oculta a plena vista.

En la crisis del mercado bursátil de 1987, por ejemplo, la bomba de tiempo fue la proliferación de las llamadas “estrategias de aseguramiento de cartera”, un producto que se suponía fuera aburrido porque parecía proteger a los inversores contra las pérdidas.

En el choque del mercado de los bonos de 1994, los choques fueron el resultado de los “swaps” en las tasas de interés, las cuales habían sido anteriormente ignoradas porque, en ese momento, se les consideraban “geeky”.

Y en 2007 no sólo fueron los SIV los que sirvieron de desencadenante. Otro problema lo representaron productos como las obligaciones colateralizadas por deuda (CDO, por sus siglas en inglés) o las permutas de incumplimiento crediticio (CDS, por sus siglas en inglés), las cuales también habían sido ignoradas.

La buena noticia actualmente es que no parece que el sistema financiero se esté enfrentando a una amenaza inminente de que otra “aburrida” bomba de tiempo cause estragos. Los bancos occidentales están bien capitalizados, los reguladores están alertas, la economía global está creciendo y los bancos centrales están proporcionando apoyo monetario.

Pero la mala noticia es que precisamente porque el sistema se ha vuelto tan tranquilo y tan cargado de dinero, existe despreocupación.
Consideremos los bonos del Tesoro.

La mayoría de los inversionistas suponen que los bonos del Tesoro son libres de riesgo, y que los rendimientos de los bonos del Estado se mantendrán bajos durante mucho tiempo. Pero hace tan sólo unos días Alan Greenspan, el expresidente de la Reserva Federal, advirtió que los precios de los bonos “están en una burbuja” y que “cuando las tasas de interés reales a largo plazo se eleven, es probable que se eleven considerablemente rápido”.

De ser así, esto pudiera generar algunas inesperadas reacciones en cadena en las carteras de bonos y derivados de los inversionistas, los bancos y las compañías de seguros.

No me malinterpreten. No estoy argumentando que tales choques sean inminentes. Pero el punto clave es éste: si queremos evitar una repetición de lo sucedido en 2007, debemos seguir cuestionando nuestras suposiciones y mirando con detenimiento las partes del sistema que parecen “aburridas” y “geeky”.