Financial Times

Compañías viven al borde del peligro en China

Las autoridades de competencia chinas rechazaron una alianza propuesta por tres líneas navieras europeas. Tenían la intención de consolidar sus flotas, pero aun así, hubieran competido entre sí para vender espacio en contenedores en sus buques compartidos.
Tom Mitchell
29 julio 2014 19:43 Última actualización 30 julio 2014 5:0
Apple. (Bloomberg)

Apple se disculpó por herir los “sentimientos del pueblo chino” después de que la cadena oriental Central Television la acusó de arrogancia y mal servicio al cliente. (Bloomberg)

Ya es el apogeo del verano en Beijing, esa época del año en que los ejecutivos expatriados huyen hacia climas usualmente más fríos y definitivamente más limpios, y se preguntan si, a cambio de trabajar en el mercado más emocionante del mundo, vale la pena sufrir el tráfico, la contaminación, las cámaras escondidas, y la amenaza de largas penas de prisión.

Esos últimos dos riesgos más peligrosos recién surgieron durante la implosión del negocio de GlaxoSmithKline en China durante el pasado año.

El jefe de Mark Reilly, ex director de GSK en el país, recibió un video, en su oficina en Londres, que documentaba las habilidades de su subordinado en la recámara. El investigador que fue contratado para llegar al fondo del asunto, Peter Humphrey, está a la espera de un juicio secreto. El propio Sr. Reilly ha sido acusado – aunque no formalmente – de complicidad en supuestas prácticas corruptas en las operaciones de la compañía farmacéutica en China.

En definitiva, es una mejor trama que la de muchas de las novelas baratas que los ejecutivos leerán en las playas de Europa y Norteamérica durante estas vacaciones veraniegas. Pero los males del Sr. Humphrey, el Sr. Reilly y GSK no surgieron de la nada.

Mucho antes de que el presidente, Xi Jinping, se aferrara a “El Sueño Chino” como el “leitmotiv” de su nueva administración, Joe Studwell había usado The China Dream como título para su libro de 2002 acerca de las locuras de los inversionistas extranjeros en el mercado más codiciado del mundo.

Como ha dicho el Sr. Studwell, el libro fue escrito mucho antes de que “la economía china explotara ... dando lugar a lo que podría ser en realidad las primeras ganancias que los inversionistas extranjeros han obtenido en China desde la Edad Media”. La mayoría de los estudios de casos comerciales que aparecen en su libro son cuentos de horror en lugar de éxito.

Sin embargo, un hecho fundamental se encuentra en el corazón tanto de los fracasos empresariales tipo GSK, que el Sr. Studwell retrató, como de las historias de éxito más recientes que él no pudo predecir.

Cuando los intereses de los inversionistas extranjeros se alinean con los de sus socios domésticos – como generalmente sucede hoy en día en el sector automotriz – a los inversionistas les va muy bien. Esa regla quizás se refleja en el éxito de muchas empresas mixtas sino-extranjeras de automóviles en lo que se ha convertido en el mayor mercado automotriz del mundo.

Sin embargo, cuando los intereses no están alineados – o cuando los extranjeros operan en sectores donde no están obligados a tener empresas mixtas – los extranjeros son vulnerables a repentinos cambios de fortuna, ya sean instigados por un socio amargado o por funcionarios indolentes.

El mes pasado, las autoridades de competencia chinas rechazaron una alianza propuesta por tres líneas navieras europeas. Tenían la intención de consolidar sus flotas, pero aun así, hubieran competido entre sí para vender espacio en contenedores en sus buques compartidos. A largo plazo, la llamada alianza P3 hubiera beneficiado a las compañías navieras chinas en aprietos al hacerse cargo del exceso de capacidad del mercado. Sin embargo, a más corto plazo, al Ministerio de Comercio le pareció un acuerdo que beneficiaría principalmente a tres líneas navieras extranjeras que ya controlan casi la mitad del comercio marítimo entre Asia y Europa.

Muchos analistas han argumentado que la decisión de Beijing de rechazar la alianza P3 fue cínica y contraproducente, en la forma que reza el viejo refrán de “la codicia engaña a la sabiduría”. ¿Pero qué gobierno con líneas navieras propias que proteger habría aceptado ese acuerdo?

Ahora consideremos los problemas que enfrentaron en China durante el pasado año las compañías como GSK, Apple y los cinco fabricantes de fórmula láctea para bebés que fueron multadas el año pasado por la Comisión para el Desarrollo Nacional y la Reforma, por su supuesto comportamiento anticompetitivo.

En el caso de la compañía tecnológica, Apple se disculpó por – más o menos – herir los “sentimientos del pueblo chino” después de que la cadena China Central Television la acusó de arrogancia y mal servicio al cliente.

GSK y sus ejecutivos podrían ser o no finalmente declarados culpables de cargos graves de corrupción. Pero, al igual que Apple y los fabricantes de fórmula para bebés, la compañía farmacéutica del Reino Unido ganó dinero de la venta de mercancías en China a precios que eran – según dice la policía china – altos para los estándares de muchos mercados. Al mismo tiempo, GSK no estaba compartiendo fuentes de ingresos con algún socio local que ayudara a contener el daño cuando las autoridades locales se aparecieron en su puerta.

Si cualquiera de estas dinámicas les suena familiar a los ejecutivos de otras multinacionales que andan de vacaciones, mientras meditan acerca de vivir otro año al borde del peligro en China, es posible que quieran empezar a hacer las cosas de manera diferente en el lugar de negocios más dinámico e impredecible del mundo.

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