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Cómo la adicción a la deuda llegó incluso a China

Los cambios en las hojas de balance moldean el desempeño de las economías, ya que el crédito se mueve en ciclos de optimismo y pesimismo que se cumplen a sí mismos. La economía mundial es adicta al crédito. China podría ser la próxima víctima.
Martin Wolf
24 febrero 2015 20:37 Última actualización 25 febrero 2015 5:0
FT. Cómo la adicción a la deuda llegó incluso a China.

Las hojas de balance importan. (El Financiero)

Las hojas de balance importan. Ésa es la lección más importante que nos imparten las crisis financieras que han afectado a todo lo ancho de la economía mundial. Los cambios en las hojas de balance moldean el desempeño de las economías, ya que el crédito se mueve en ciclos de optimismo y pesimismo que se cumplen a sí mismos. La economía mundial es adicta al crédito. China podría ser la próxima víctima.

Si pensamos en los balances de la economía mundial de hoy, se plantean cuatro preguntas. En primer lugar, ¿qué determina la vulnerabilidad? En segundo lugar, ¿en dónde se manifiestan esas vulnerabilidades? En tercer lugar, ¿cómo le hacen frente los países a la secuela de las viejas crisis de deuda? Por último, ¿puede la economía mundial hacerles frente a las nuevas vulnerabilidades?

Comencemos con las fuentes de vulnerabilidad. En las economías con sectores financieros liberalizados, el factor causante del desastre es mucho más frecuente de origen privado que la imprudencia del sector público. El aumento de los precios de las propiedades y la expansión de los préstamos hipotecarios conducen a muchos auges crediticios. El deterioro de los balances del sector público por lo general sigue las crisis. El no reconocer este vínculo entre los excesos del privado y el endeudamiento público es hacerse la vista gorda.

En una actualización de los trabajos sobre la deuda y el desapalancamiento, McKinsey señala que entre 2000 y 2007, la deuda de los hogares aumentó en proporción a los ingresos en un tercio o más en EU, el Reino Unido, España, Irlanda y Portugal. Todos estos países experimentaron posteriormente crisis financieras. De hecho, un enorme aumento en el crédito al sector privado precedió muchas otras crisis: Chile en 1982 fue un ejemplo importante de esta conexión.

Ruchir Sharma de Morgan Stanley sostiene que los 30 auges más explosivos de crédito llevaron a una desaceleración, y a menudo a una crisis. Un rápido cambio en la relación entre el crédito y el Producto Interno Bruto es más importante que su nivel. Eso es en parte porque algunas sociedades son capaces de gestionar más deuda que otros; se debe en parte a que un repentino estallido de los préstamos se relacione probablemente con un colapso repentino de las normas de préstamo.

Por lo tanto, al buscar nuevas vulnerabilidades, tenemos que prestarles atención a las economías que han tenido fuertes subidas de la deuda privada. China lidera la manada, con un aumento de 70 puntos porcentuales en la proporción de la deuda empresarial y familiar con el PIB entre 2007 y 2014. Si sumamos la deuda del sector financiero, el aumento del endeudamiento privado bruto es de 111 puntos porcentuales. Al incluirse la deuda gubernamental, es de 124 puntos porcentuales.

El enorme auge del crédito de China tiene varias características inquietantes. Gran parte del aumento de la deuda se concentra en el sector inmobiliario; la “banca en las sombras” – los préstamos fuera de las hojas de balance de las instituciones financieras formales – representa el 30 por ciento de la deuda pendiente, según McKinsey; gran parte del endeudamiento se ha puesto en vehículos que yacen fuera de las hojas de balance de los gobiernos locales; y, sobre todo, el aumento de la deuda no estaba vinculado a un aumento correspondiente en la tendencia de crecimiento, sino más bien al contrario.

Esto no significa que China probablemente experimente una crisis financiera inmanejable. Por el contrario, el gobierno chino tiene todas las herramientas que necesita para contener una crisis. Lo que sí significa, sin embargo, es que la demanda, un motor de crecimiento, está a punto de apagarse. A medida que la economía se desacelera, muchos planes de inversión tendrán que reconsiderarse. Eso podría comenzar en el sector inmobiliario, pero no termina ahí. En una economía en la que la inversión representa cerca del 50 por ciento del PIB, el descenso de la demanda (y por lo tanto de la producción) puede ser mucho más grave de lo esperado.

El mundo necesita desesperadamente nuevas formas de gestionar su economía, unas que apoyan la demanda sin crear subidas incontrolables del endeudamiento. Si este flagelo está afectando a China, entonces habrá infectado todas las grandes economías. Con la deuda en aumento, es probable que se propague aún más. En ausencia de reformas radicales, la economía mundial depende de la generación de balances frágiles. Mejores alternativas son imaginables, pero no están siendo utilizados. En su ausencia, tendremos que esperar una crisis.

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