Financial Times

China: una mezcla de sentido de superioridad e injusticia

12 febrero 2014 4:29 Última actualización 06 junio 2013 11:46

 [Reuters] 


 

 
Por David Pilling
 

El 16 de diciembre de 1773, un grupo de patriotas tomó 3 buques británicos y destruyó el té que llevaban a bordo al arrojar cientos de cofres a las aguas del puerto de Boston. La rebelión, que pasó a la historia como la “Fiesta del té de Boston”, fue un hito para la independencia de Estados Unidos, que años más tarde se libró del yugo colonial.
 
El motín cantonés del opio de 1839 tuvo un fin algo menos triunfal. Lin Zexu, un comisionado imperial, escribió a la reina Victoria para preguntarle por qué los británicos estaban tan empeñados en vender "veneno" a los chinos. Al no recibir respuesta, ordenó que 20,000  cajas de opio fueran quemadas y lanzadas al mar. Gran Bretaña reaccionó con furia, al enviar buques de guerra, y forzó a China a firmar el ignominioso Tratado de Nanking, que la obligó a indemnizar a Londres, abrir 5 puertos al comercio extranjero y ceder la isla de Hong Kong. Lin fue enviado al exilio.
 
Mientras que el acto de desafío de los Estados Unidos dio a luz a una gran nación – y 2 siglos de optimismo – la rebelión china marcó el comienzo de una era en la cual se produjo el colapso imperial, la invasión japonesa y un empobrecimiento prolongado.
 
El legado de la historia pesa más para los perdedores. El presidente chino, Xi Jinping, quien reunirá en California con Barack Obama el 7 y 8 de junio, su homólogo estadounidense, trae consigo un cúmulo de expectativas nacionalistas que se han estado cociendo por más de un siglo y medio de humillaciones. Al mismo tiempo, el sentido del destino manifiesto de China es aún más fuerte que el de Estados Unidos y sin duda, más, antiguo, remontándose a 5,000 casi míticos años de historia continua de la cultura Han. Un sentimiento de burbujeante injusticia, aunado a la inquebrantable certeza del mérito que reviste su posición preeminente en la jerarquía global, es una combinación de alto octanaje. Sin embargo, contrariamente a la arrogancia con la que China se comporta últimamente en la escena internacional, en muchos aspectos, Beijing nunca se ha sentido tan vulnerable.
 
Esta revelación puede sorprender a muchos que ven a China como una entidad gigantesca, cada vez más dispuesta a intimidar a sus vecinos y absorber sin piedad los recursos naturales del mundo entero. The New York Times publicó recientemente una columna de Heriberto Araújo y Juan Pablo Cardenal, autores de 'La silenciosa conquista china', que lo presenta como un país decidido a intimidar y aplanar a una gran parte del mundo en desarrollo. La semana pasada, una empresa china incluso tuvo la osadía de tratar de engullir tocino y salchichas estadounidenses cuando ofreció 4,700 millones dólares por Smithfield Foods.
 
La perspectiva desde Beijing, sin embargo, luce mucho menos segura. Para empezar, China tiene pocos amigos. Cuenta con 14 países vecinos, 22,000 kilómetros de fronteras para proteger, y la rodean países con los que mantiene relaciones algo nerviosas, incluyendo Mongolia y países nucleares como Rusia, India y Corea del Norte. Estados Unidos, por el contrario, tienen sólo 2 vecinos con los que mantiene relaciones amistosas.
 
Peor aún, China depende ahora más que nunca del resto del mundo para mantenerse en marcha. Hasta mediados de la década de los años 90, era un país más o menos autosuficiente, pero ahora depende de otros para abastecerse de petróleo, cobre, mineral de hierro, soya y otras materias primas, sin las cuales no podría sostener su vertiginoso desarrollo ni satisfacer las crecientes aspiraciones de su pueblo.
 
Geoff Raby, ex embajador australiano en China, comentó lo siguiente en una conferencia en la Universidad de Monash en Melbourne el año pasado: "China es ahora, por primera vez en su historia, totalmente dependiente de personas y mercados extranjeros para obtener los insumos que necesita para mantener su economía en crecimiento”. Hay que recordar al emperador Qianlong, que se burlaba de las mercancías que traía un emisario británico del rey Jorge III en 1793, declarando que China no tenía ninguna necesidad de baratijas extranjeras.
 
Casi sin darse cuenta de ello, China se ha transformado de la nación mercantilista prevista por Deng Xiaoping cuando lanzó sus medidas de Apertura y Reforma a finales de 1970 a un país plenamente comprometido con el concepto ricardiano de ventajas comparativas, o una división global del trabajo. Eso hace que, en palabras del Sr. Raby, China sea "un potencia muy limitada". Durante su etapa de más rápido crecimiento, Estados Unidos, en cambio, contaba con todos los recursos que requería para crecer, salvo capital humano que llegó voluntariamente de Europa y a la fuerza desde África.
 
Por último, a Xi y sus colegas dirigentes les preocupan más los asuntos internos que los externos. La economía de China está experimentando dolorosos cambios  que requerirán un liderazgo que confronte poderosos intereses. A medida que los chinos se vuelven más ricos –o ven a otros alrededor de ellos acumulando riquezas– demuestran estar cada vez menos satisfechos con la simple idea de una expansión económica. Beijing gasta más en seguridad interna que en su defensa nacional. Linda Jakobson, experta en seguridad del Instituto Lowy de Sydney, describe la política exterior china como "reactiva"; considera que existe una brecha entre la percepción del mundo sobre la potencia ascenso y la preocupación de sus líderes sobre sus problemas internos.
 
Está claro que China está empezando a sentirse más segura de su poderío aun cuando crecen sus problemas internos y su dependencia del mundo exterior. Xi sugiere que China y Estados Unidos forjen "un nuevo tipo de relación entre potencias”, lo cual es a duras penas la actitud de un país tímido.  Sin embargo, mientras que el resto del mundo la percibe cada vez más como una nación más fuerte e invulnerable, para Beijing es todo lo contrario. Eso tendrá una incidencia en la manera en la cual tratará los distintos temas, desde las disputas relacionadas con los paneles solares con Europa, hasta las acusaciones de ciberespionaje  de Estados Unidos. Mientras más poderosa se vuelve China, más insegura se siente.
 
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