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Buffett necesita una nueva fórmula de inversión

Warren Buffett encarna su creencia en las marcas de alimentos. Bebe Coca-Cola diariamente acompañadas de papas elaborados por Utz, una compañía de Pensilvania cuya compra ha discutido y antes de ir trabajar pasa por su desayuno a McDonald’s en vía al trabajo. En pocas palabras: ingiere como invierte.
John Japper Financial Times
22 febrero 2017 21:0 Última actualización 23 febrero 2017 5:0
Kraft Heinz. (Reuters)

La fallida oferta de Kraft Heinz para adquirir Unilever muestra que la industria alimentaria ha perdido capacidad de crecer. (Reuters)

Warren Buffett una vez observó que “cuando una gerencia con una reputación de brillantez aborda un negocio con una reputación de mala economía, es la reputación del negocio la que permanece intacta”.

Entonces, ¿qué sucede cuando un inversionista con una sagrada reputación aborda una impía tarea? Una respuesta provino esta semana de Kraft Heinz, una empresa en la cual la compañía Berkshire Hathaway de Buffett es una inversionista principal. Kraft Heinz retiró una oferta de 143 mil millones de dólares para apoderarse de Unilever en medio de la hostilidad ante su implacable enfoque en reducir costos y empleos. Buffett, quien forma parte de la junta directiva de Kraft Heinz, claramente quería que su reputación de santidad permaneciera intacta.

Paul Polman, el director ejecutivo holandés de Unilever, dirige la multinacional como un ejemplo de sostenibilidad y capitalismo de los accionistas en lugar de como una variedad puramente de accionistas, y la oferta abortada puso en contra de sí dos de los instintos de Buffett. Uno de ellos es invertir en empresas de alimentos y bebidas procesados, como Coca-Cola y Kraft Heinz, con confiables marcas mundiales; el otro es ser apreciado.

Este último no le molesta a Jorge Paulo Lemann, el multimillonario brasileño cuya firma de capital privado, 3G Capital, está arrasando con la industria de alimentos y bebidas. Debido a que el crecimiento ha disminuido casi hasta detenerse como consecuencia de la deflación de precios y de la competencia de los fabricantes de productos más sanos, 3G ha reaccionado acumulando y combinando grupos de productos de consumo y recortando los presupuestos. Esto le preocupa a Buffett, y así debería ser, porque ataca la esencia de cómo construyó su compañía, y su récord único de inversión. “En Berkshire, sólo vamos a donde somos bienvenidos”, prometía en su carta de 2015 a los accionistas en un pasaje defensivo acerca de cómo trabaja con 3G a pesar de sus métodos incompatibles. El pasaje mostraba, como mínimo, la tensión en su propia mente.

En el pasado era más fácil ser amigable. Aunque Berkshire Hathaway ha hecho una gran parte de su dinero en el campo de los seguros, Buffett era más feliz cuando invertía en marcas de consumo — en particular en EU — que eran menos vulnerables a la competencia porque la gente siempre necesitaba comer, beber y comprar productos para el hogar, e instintivamente acudían a los nombres familiares.

Hace un cuarto de siglo, sus mayores inversiones no financieras — las “siete sagradas” — eran marcas que incluían See’s Candies y Nebraska Furniture Mart.

El punto óptimo surgió en la década de 1980 cuando las compañías estadounidenses empezaron a volverse globales. En su carta de 1989 a los accionistas, Buffett señaló que las ventas de Coca-Cola en el extranjero, en las cuales acababa de aumentar su participación, estaban “prácticamente explotando”.

Buffett encarna su creencia en las marcas de alimentos. Él bebe varias latas de Coca-Cola al día, a menudo acompañadas de palitos de papas hechos por Utz, una compañía de Pensilvania cuya compra él ha discutido, y recoge su desayuno de McDonald’s en vía al trabajo. Él ingiere como invierte.

Él solía disfrutar de otra ventaja: poseer fuertes marcas en los mercados en crecimiento significaba que podía dejar en paz a los ejecutivos que las dirigían, en lugar de despedazar su forma de operar. “Nuestro papel es simplemente crear un ambiente en el que estos directores ejecutivos... puedan maximizar tanto su efectividad gerencial como el placer que derivan de su trabajo”, escribió Buffett el año pasado.

Pero el negocio de alimentos y bebidas se ha desarrollado en formas que imposibilitan sostener tal sensación de comodidad. Compañías como Unilever y Nestlé son más grandes y más globales; son colecciones de marcas que valen miles de millones de dólares en lugar de propietarias de una o dos. Están dirigidas por una estructura global: los dos ejecutivos más importantes de Kraft Heinz proceden de Brasil.

La industria también ha dejado de crecer. La aceleración internacional ha dado lugar a la caída de las ventas en algunas compañías y a la expansión mediocre en otras. Nestlé anunció la semana pasada una “pausa” en la meta anual de crecimiento orgánico de ventas de entre 5 y 6 por ciento. Incluso antes de la oferta de Kraft Heinz, Polman ya había adoptado el mantra de reducción de costos de 3G en Unilever.

De ahí la vacilación de Buffett. Sus inversiones junto a 3G Capital, primero en Heinz y luego en Kraft, han sido altamente rentables, pero se sitúan incómodamente junto a su preferencia por maximizar la felicidad. Kraft Heinz ha eliminado 13,000 empleos desde que las empresas se fusionaron hace dos años. Tal y como lo indica Buffett, 3G se especializa en “eliminar muchos costos innecesarios ... muy rápidamente”.

La oferta de Unilever lo ha confrontado con una opción. O bien tiene que comportarse con una evidente agresión en la industria que conoce mejor o encontrar otros medios para la inversión del capital de Berkshire. Dudo que pudiera cambiar de personalidad a los 86 años, aunque quisiera, por lo que debe modificar su estrategia de inversión.

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