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Fábricas en Asia ganan con certificación ambiental

01 febrero 2014 3:55 Última actualización 18 enero 2014 5:0

   


 
New York Times News Service
 
CIUDAD HO CHI MINH, Vietnam.- Cuando Intel se dedicó a establecer su fábrica de chips en Vietnam, encontró una peculiaridad: las leyes locales no regían para cada aspecto de la construcción.
 
El gobierno no contaba con estándares integrales, por ejemplo, sobre químicos refrigerantes, que, en Estados Unidos, es típico que estén regulados por el Departamento de Protección Ambiental. De hecho, funcionarios locales preguntaron a Intel si tenía algunas ideas sobre el tema que pudieran serles útiles a otros fabricantes que operan en el país.
 
Sin embargo, hoy, la planta de mil millones de dólares de Intel, ubicada a unos 16 kilómetros del centro de Ciudad Ho Chi Minh, abraza medidas ambientales y de sustentabilidad que van muchísimo más allá de las exigidas en las leyes vietnamitas.
 
Inaugurado en 2010, el complejo cuenta con el conjunto más grande de paneles solares en funcionamiento en ese país. Ejecutivos de la compañía dicen que el nuevo sistema de reciclaje de agua pronto podría ayudar a reducir el consumo del líquido en la planta en hasta 68 por ciento. Asimismo, busca la certificación del Consejo de la Construcción Ecológica de Estados Unidos.
 
Intel no tuvo que esforzarse mucho, pero la motivación para adoptar esas medidas es simple, según la gerente general del complejo, Sherry Boger: “Resulta que lo que es bueno para el ambiente también es bueno para el negocio”.
 
En los últimos cinco años, las multinacionales occidentales -y en algunos casos sus proveedores asiáticos-, empezaron a construir fábricas más ambientalmente sólidas en países en desarrollo, dicen expertos en construcciones ecológica.
 
No obstante, el Consejo de la Construcción Ecológica de Estados Unidos, un destacado certificador mundial, informa que sólo unas 300 instalaciones para las manufacturas están certificadas en Asia, o esperan la certificación mediante su herramienta para calificar llamada Liderazgo en Diseño Energético y Ambiental (LEED, por sus siglas en inglés).
 
Consultores en eficiencia en Asia dicen que es difícil estimar cuánta energía o cuánto dinero se ahorra en promedio una multinacional al tener una planta ecológica certificada.
 
Sin embargo, la tendencia a la certificación es potencialmente significativa en Asia porque son tantos los bienes industriales y de consumo que se fabrican en la región, que ofrecen un potencial enorme para el ahorro de energía, si la práctica se generaliza, dicen expertos. Algunos de los datos de las fábricas indican que los ahorros de energía en instalaciones certificadas son significativos.
 
Intel, por ejemplo, ha reducido su cuenta mundial de electricidad en 111 millones de dólares desde 2008 como resultado de inversiones en sustentabilidad por valor de 59 millones de dólares en mil 500 proyectos en todo el mundo, dijo Boger.
 
Estos han compensado las emisiones de bióxido de carbono equivalentes a la cantidad producida por 126 mil hogares estadounidenses al año, agregó, y el conjunto solar de 1.1 millones de dólares de Intel en la planta vietnamita compensa a diario una cantidad de bióxido de carbono equivalente a la emitida por cerca de 500 motocicletas en Vietnam.
 
En 2011, un estudio de eficiencia encontró que, en comparación con la típica fábrica, una de zapatos, certificada con LEED, en el sur de Vietnam, que produce exclusivamente para Nike, utiliza 18 por ciento menos electricidad y combustible, así como 53 por ciento menos agua, según Melissa Merryweather, la principal consultora en sustentabilidad del proyecto.
 
La fábrica es propiedad de Taekwang Vina, una empresa de coinversión del fabricante sudcoreano Taekwang y un socio vietnamita.
 
Stephanie Clark, una portavoz de Colgate Palmolive, el gigante de productos estadounidenses de consumo, proporcionó estadísticas que indican que sus siete fábricas certificadas con LEED en todo el mundo redujeron los desechos en la construcción, así como en el uso de agua y energía.
 
Clark agregó que se están construyendo cuatro más y, en su sitio web, se muestra que sus 11 proyectos LEED en todo el mundo -cinco en Asia- representan alrededor de un tercio de las plantas de la compañía.
 
El gobierno malasio certificó unos 69 mil 677 metros cuadrados de espacio fabril desde 2009, según la Confederación Malasia de Construcciones Ecológicas, lo que representa alrededor de uno por ciento del total de sus certificaciones de construcciones.
 
Y Kevin Mo, el director del programa de construcciones de China en la Fundación de Energía, una organización no lucrativa basada en San Francisco, dijo que las autoridades chinas incluyeron a ocho fábricas entre los 742 edificios certificados a finales de 2012. La mayoría de los demás eran residenciales o comerciales, dijo; otras fábricas están en preparación.
 
También está creciendo un mercado de modernizaciones para la eficiencia industrial en India, donde a muchos dueños de plantas les preocupan los cortes de electricidad, dijo Prashant Kapoor, principal especialista en construcciones ecológicas en la Corporación Financiera Internacional, el brazo para el sector privado del Banco Mundial. Agregó que la demanda de las modernizaciones es ahora suficientemente consistente allá como para que unos cuantos contratistas nacionales empezaran a hacerla su especialidad.
 
En comparación con las multinacionales occidentales, cuyos consumidores valoran los enfoques ecológicos, es típico que la mayoría de los fabricantes nacionales en Asia no vean beneficios palpables para solicitar una certificación independiente, dicen expertos en sustentabilidad. Algunos construyen ecológicamente o invierten en readaptaciones de eficiencia como una forma de reducir el consumo de energía o en respuesta a las normativas gubernamentales pendientes.
 
Jackson Seng, director de servicios profesionales en la oficina de Schneider Electric en Singapur, la consultoría francesa en energía, dijo que contestó de cuatro a cinco veces más solicitudes de modernizaciones de eficiencia en fábricas que hace cinco años. La modernización incluye, típicamente, auditorías energéticas e instalación de programas informáticos para monitorear el uso de energía, así como el remplazo de motores eléctricos, que a menudo consumen una vasta proporción del suministro de electricidad de la planta.
 
Seng dijo que a 90 por ciento de sus clientes los motiva el deseo de reducir los costos por energía, en lugar de pulir su imagen corporativa o mejorar sus posibilidades de obtener certificaciones internacionales, como la LEED.
 
Consultores dicen que las multinacionales occidentales solicitan la certificación independiente de las estructuras de las fábricas, no como una forma de cumplir con las leyes locales, sino porque el diseño de los edificios sustentables es una política corporativa en Estados Unidos y Europa. Desde una perspectiva del márquetin, una fábrica certificada en Asia presenta una comparación positiva con acontecimientos como el colapso el año pasado de una fábrica de ropa mal construida en Bangladés, y docenas de informes de derrames químicos y otros percances en las manufacturas al paso de los años.
 
“Estos grandes corporativos decidieron impulsar una política” de buscar certificaciones independientes para sus instalaciones mundiales para manufacturas, notó Michelle Malanca, la vicepresidenta del consejo World Green Building con sede en Toronto. “Tiene mucho que ver con la mitigación de los riesgos”.
 
Es típico que tal riesgo adopte la forma de un desastre de relaciones públicas que pudiera ser resultado de accidentes ambientales o escándalos, y las multinacionales occidentales buscan certificaciones para las fábricas por interés propio, no por buena voluntad, notó Damien Duhamel, director administrativo de Solidiance, una consultoría basada en Singapur, especializada en el sector de construcciones ecológicas en Asia.
 
Duhamel dijo que muchas de las compañías – especialmente estadounidenses que venden directamente a los consumidores en lugar de a los negocios – han limpiado sus prácticas laborales en los últimos años como respuesta a las campañas de las organizaciones occidentales de defensoría. Sin embargo, las políticas ambientales de las compañías se convierten rápidamente en el siguiente blanco de esas campañas, agregó, y el riesgo potencial para una marca mundial se resalta con la creciente importancia de los medios sociales, que pueden amplificar la publicidad negativa.
 
“La siguiente batalla será allí”, dijo Duhamel sobre los estándares corporativos ambientales. “Es la razón por la que algunas empresas inteligentes – Intel, por ejemplo – tomaron medidas para ser proactivas”.