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De rey del porno, a gurú de empresas en Japón

Keishi Kameyama, un magnate del entretenimiento para adultos en Japón, ha diversificado sus negocios y ahora es visto con como un líder empresarial en el país.
Pavel Alpeyev|Bloomberg
24 agosto 2017 11:15 Última actualización 24 agosto 2017 15:52
kameyama

(Especial)

Imagine por un momento que al editor de Pornhub.com le piden que hable a estudiantes de la Universidad de Harvard sobre las virtudes de dirigir una empresa socialmente responsable.

Eso es básicamente es lo que sucedió en Japón en diciembre pasado, cuando la universidad privada más prestigiosa del país cursó una invitación al magnate del entretenimiento adulto, Keishi Kameyama.

Después de años de créditos bancarios rechazados y acuerdos de negocios congelados, quien fue anteriormente un paria es ahora recibido como pionero de internet, y hasta como modelo a seguir.

Sus medios en constante evolución y su imperio tecnológico, DMM.com, comenzaron con la pornografía pero se han convertido en una vasta colección de empresas que han hecho de él una de las personas más ricas de Japón.

Kameyama obtuvo un importante voto de confianza hace unos años cuando el cineasta 'Beat' Takeshi Kitano aceptó aparecer en avisos publicitarios para su incubadora de empresas emergentes, y desde entonces los auspicios llegan rápidamente.

En diciembre fue una invitación de estudiantes de la Universidad Keio para que hablara sobre su trabajo invirtiendo en África y apoyando a jóvenes emprendedores.

Un mes más tarde, la revista semanal más popular de Japón lo contrató para escribir una columna en su sitio web, Bunshun Online, ofreciendo consejos sobre crianza de los hijos y relaciones.

En abril, estudiantes universitarios encuestados por el diario Nikkei lo eligieron uno de los mejores 100 empleadores de Japón, por delante de IBM y Google.

“Siempre estamos probando cosas nuevas, y la gente piensa ‘Si trabajas allí, van a pasar cosas interesantes’. Es como pensar ‘¿qué hará ahora, lanzar un cohete?’”, dijo Kameyama riéndose durante una extensa entrevista en la que habló sobre su familia, sus finanzas y la compleja ética del negocio que lo hizo rico.

Quizá parezca extraño que el operador de un centro comercial online para vídeos de sexo explícito haya ganado semejante aceptación pública, pero Japón siempre ha tenido una suerte de tolerancia de mirar hacia otro lado con respecto a la pornografía.

Más significativo aún, Kameyama ha desarrollado una cartera ecléctica de negocios que en la actualidad incluyen una plataforma de negociación de divisas, videojuegos, una escuela de inglés online y parques solares. El año pasado, la pornografía representó menos de un tercio de las ventas de mil 700 millones de dólares del grupo.

“La gente está empezando a darse cuenta de lo listo que es este tipo”, dice Akira Ishihara, presidente de la firma consultora Kiseki Keiei Risya, con sede en Tokio, que presentó a Kameyama en un seminario sobre empresas emergentes el año pasado. “Tiene una visión de futuro increíble y la forma en que pone a trabajar el efectivo es muy, muy inteligente”.

De 56 años, casado y con dos hijos, lleva perilla de tan sólo unos días y un uniforme de camisetas monocromas que no llama la atención.

Ser dueño de DMM le da un patrimonio neto de 3 mil 500 millones de dólares, según registros financieros revelados por primera vez a Bloomberg News y cálculos del Bloomberg Billionaires Index basados en ganancias actuales.

Sin embargo, la apariencia y la actitud de Kameyama prácticamente no sugieren riqueza. El noveno hombre más rico de Japón va a trabajar en bicicleta.

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 MISTERIOSO

 

kameyama

Kameyama dice que comenzó a dar entrevistas hace unos años con el fin de anular los rumores de que era un gangster. Sin embargo, nunca se permite ser reconocible en las fotografías, y pide a las revistas y sitios de Internet enmascarar su cara con un avatar de dibujos animados. Dice que es para proteger su privacidad.

En tres décadas de financiar la pornografía, Kameyama dice que no ha puesto un pie en una filmación de una película para adultos más de una o dos veces, y él no mira sus propias películas.

Para él, el porno es un widget proverbial, una cosa para vender por más dinero de lo que cuesta hacer y comercializar, y no es diferente de cualquier otro producto.

"No me metí en el negocio de películas para adultos porque era fanático", dice. "Pero fue un experimento que funcionó, y una vez que tuve dinero, también quería probar otras cosas".

Kameyama comenzó a producir pornografía a finales de 1980 después de descubrir que no tenía el dinero para financiar un largometraje de la variedad no-adulto.

En 1998, cuando lanzó el primer servicio de streaming web de Japón (el mismo año en que Netflix empezó a alquilar DVDs a través del servicio postal), DMM ya era el mayor productor japonés de películas pornográficas.

En una década, más de un millón de usuarios de Internet estaban pagando por ver las películas de Kameyama. Con todos esos ojos pegados a su sitio, él comenzó a buscar otras cosas que su audiencia, sobre todo masculina, podría querer comprar.

En 2009, Kameyama compró una correduría de acciones en línea y, tras una revisión que costó casi 100 millones de dólares, la convirtió en la plataforma más popular de Japón para inversores minoristas que comercian con divisas, según la firma de marketing Forex Magnates.

Eso hizo DMM en una especie de Las Vegas virtual, abasteciendo a algunas de las preocupaciones más básicas de la gente: sexo y dinero.

De allí, Kameyama se ramificó en más aventuras familiares.

Algunas de sus mejores ideas, incluida la del videojuego 'Fleet Collection', han llegado a través de una ventana de presentación en línea llamada 'Kame-Direct', donde cualquiera puede lanzar nuevos productos o negocios.

Las decisiones de comprar un desarrollador de software rwandés, junto con una participación en la compañía de pagos electrónicos más grande de Ruanda, se inspiraron en unas recientes vacaciones que Kameyama tuvo en África.

Kameyama no revelará sus ganancias, pero dice que hay suficiente para financiar todo el nuevo negocio sin tener que sacar DMM a Bolsa, a menos que intente algo enorme como construir un parque de atracciones basado en personajes de anime japoneses. "Imagina lo que diría la gente si el Sr. Porn construyó un Disneylandia", dice.