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Dacia, los autos que acompañan a los rumanos desde el comunismo

Pese a ser un símbolo de orgullo durante el comunismo, la firma automotriz de origen rumano Dacia operaba en un frío conjunto de edificios en ruinas. En 1999, la planta fue adquirida por Renault, dejando atrás su pasado y reformando su forma de fabricar autos. 
Bloomberg
12 septiembre 2014 14:2 Última actualización 13 septiembre 2014 4:55
Planta de Renault en España

Renault compró Dacia en 1999 y comenzó a producir coches europeos más baratos. (Bloomberg)

Viorel Oprea prácticamente se estremece cuando recuerda su trabajo en la fábrica de automóviles Dacia en la Rumania comunista. La planta en la localidad de Mioveni fue un conjunto de edificios en ruinas de hormigón gris rodeados por cercos de alambre de púas oxidados. En el verano, la planta era un taller clandestino, y en el invierno Oprea tenía que usar tres abrigos para mantener el calor.

“Es como si hubieramos pasado del infierno al cielo", dijo el operador de mantenimiento de 52 años señalando al reluciente edificio blanco detrás de él. La fábrica es luminosa e impecable, con aire acondicionado en el verano y lo suficientemente caliente en el invierno como para que los trabajadores estén en manga corta hasta en los días más fríos.

"En aquel entonces trabajábamos en medio del frío, la suciedad, el polvo y el barro", dijo Oprea mientras salía de la planta después del turno de la mañana. "Ahora es como una farmacia".

El nuevo orden ayudó a impulsar la eficiencia desde que Renault SA compró Dacia en 1999 y comenzó a producir coches europeos más baratos. La planta tiene una tasa del 95 por ciento de capacidad, fabricando 343 mil vehículos el año pasado. Antes de 1989, la fábrica -situada bajo colinas densamente arboladas a lo largo de las orillas del río Argesel 130 kilómetros al noroeste de Bucarest– empleaba el doble de trabajadores para producir menos de un tercio de la cantidad de autos.

"Los rumanos solían tener sentimientos ambivalentes hacia Dacia", dijo Bernard Jullien, economista en Gerpisa. "Estaban orgullosos de tener un fabricante nacional de automóviles, pero avergonzados de que los coches eran tan malos. El orgullo es mucho más fuerte ahora".

SALA DE TROFEOS

Dacia, sin embargo, se enfrenta a un camino cada vez más duro con las tensiones crecientes en la frontera con Ucrania y con la lenta recuperación del mercado de automóviles de Europa occidental, en declive durante dos décadas. Por otra parte, los bajos salarios que sustentan el renacimiento de Dacia han aumentado rápidamente, con líderes sindicales que podrían buscar otro gran aumento salarial en las negociaciones del próximo mes, dijo el máximo responsable ejecutivo de Dacia en Rumania, Nicolas Maure.

“Tenemos que pensar en el empleo a largo plazo y no sólo acerca de los aumentos salariales a corto plazo", dijo Maure en la sede de Dacia en una sala de conferencias llena de trofeos y premios del gobierno y medios de comunicación celebrando hitos de la compañía. "Renault Dacia es un símbolo para el país, el símbolo de una privatización exitosa".

Aunque Dacia no es el más grande de los fabricantes de automóviles de la región –el fabricante checo Skoda de Volkswagen AG tiene ese título– es por lejos el fabricante de autos de más rápido crecimiento de Europa. Las ventas del primer semestre en el continente aumentaron un 35 por ciento, según la Asociación Europea de Fabricantes de Automóviles.

RELACIÓN POLÉMICA

"Lo que estamos tratando de hacer es mantener la competitividad de Rumania", dijo Maure. "Nuestra relación con el sindicato sigue siendo muy polémica".

El gobierno de Rumania reconoce la contribución que Dacia hace al país. Los 4 mil 500 millones de euros en ingresos de la compañía representaron alrededor del 2.9 por ciento del producto interno bruto de Rumania el año pasado, y si se incluyen los proveedores, la empresa es responsable de cerca de 200 mil puestos de trabajo, estima el Ministerio de Economía.

"Es una empresa que tenemos que ayudar", dijo el ministro de Economía Constantin Nita en el enorme ministerio gris en el centro de Bucarest, justo al final de la calle Victory Street, desde el edificio donde la industria automotriz de Rumania fue trazada hace medio siglo. "Es un gran éxito que ilustra la transformación de un estilo de gestión de bajo rendimiento a uno más eficiente y capitalista".

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