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Claves para una industria de futbol: balones, jugadores y mucho dinero

El danés Mads Davidsen no tiene muchos años que llegó a China y ahora dirige uno de los equipos más valiosos de la Superliga China profesional, contribuyendo así en crear un nuevo mercado deportivo de 740 mil millones de dólares para el año 2025. 
Bloomberg
14 julio 2017 11:22 Última actualización 14 julio 2017 11:23
Mads Davidse

Mads Davidsen (Bloomberg)

Hace apenas cinco años que Mads Davidsen llegó a China para trabajar como entrenador de niños en el futbol. Ahora, este danés de 34 años ayuda a dirigir uno de los equipos más valiosos de la Superliga China profesional.

La velocidad vertiginosa del cambio en China llegó al juego más popular del mundo. Ha convertido a trasplantes como Davidsen en pioneros accidentales que están contribuyendo a crear un nuevo y asombroso mercado deportivo de 740 mil millones de dólares para el año 2025, basado en un abordaje frontal al futbol.

El club de Davidsen, Shanghai SIPG, no existía en su forma actual hasta hace poco más de tres años. Pero casi de la noche a la mañana, los equipos renacieron con recursos que rivalizan incluso con los de la Premier League inglesa financiados por jeques árabes y oligarcas rusos.

Con la actual temporada en pleno apogeo, hoy supervisa todo el desarrollo del futbol en un equipo con jugadores como el centrocampista brasileño Oscar, cuyo traspaso por 60 millones de euros (67 millones de dólares) lo convirtió en la importación más cara en el proyecto chino hasta el momento.

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MADS DAVIDSEN

 

fútbol

"No estoy exagerando, estábamos sentados con los tipos que crearon el club, literalmente con una pluma, diciendo, ’cuántas pelotas necesitas, cuántos conos necesitas", dijo Davidsen, cuyo último trabajo en su país natal, Dinamarca, fue de entrenador de una de las principales divisiones juveniles.

Literalmente no tenían nada, pero estaban dispuestos a aprender e invertir

Antes de que el Gobierno del presidente chino Xi Jinping publicara el documento número 46, integrando el deporte al plan económico de China, el futbol nacional era en gran medida una idea secundaria.

Con el respaldo de los mayores empresarios del país y de compañías controladas por el Estado, el objetivo es desarrollar una liga que pueda competir con las principales en tamaño y riqueza, produciendo una selección nacional capaz de competir por una Copa del Mundo.

Esa noble ambición hace palidecer cualquier esfuerzo previo de países con poco o ningún 'pedigrí' futbolístico. Si bien la Liga Norteamericana de Futbol despegó en los años 1970, en una década colapsó. El segundo intento de Estados Unidos, la Major League Soccer, tardó 20 años en ganar terreno. Japón también lo intentó, pero ninguna de las dos iniciativas tuvo la capacidad económica de China.

Para Xi, el futbol es ahora parte integral de la transformación de China en una potencia mundial, dijo Liu Dongfeng, profesor de la escuela de economía y administración de la Universidad de Deportes de Shanghái. "Es su versión de volver a hacer grande a China”, dijo.

"El futbol no es necesariamente el medio para ese fin, pero debe al menos igualar ese estatus. Es muy difícil encontrar la palabra correcta para describirlo, es enorme. No hay parangón”.

El equipo de Davidsen en Shanghái cobró forma a finales de 2014, cuando el grupo internacional de Shanghai International Port Group compró 40 jugadores de otro club y tomó su lugar en la Superliga China de 16 miembros.

Otros equipos están respaldados por empresas inmobiliarias, conglomerados y una compañía de salud. En el caso de Shandong Luneng Taishan, el propietario es una filial de la enorme State Grid Corporation of China, la empresa de servicios públicos más grande del mundo.

Además de entrenadores y jugadores, se han importado nutricionistas, expertos técnicos y analistas de datos. Entre éstos se cuenta Daniel Stenz.

El alemán cambió recientemente su vida en Vancouver, donde trabajaba con el equipo de la Major League Soccer de la ciudad canadiense, por Jinan, una ciudad de 7 millones de habitantes a unos 200 kilómetros al sur de Pekín. El gasto es alucinante, dijo Stenz, de 36 años, quien se incorporó al Shandong Luneng como director técnico en abril.

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