El PRI, en 'terapia intensiva' tras paliza electoral
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El PRI, en 'terapia intensiva' tras paliza electoral

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El PRI, en 'terapia intensiva' tras paliza electoral

El partido del actual presidente de México enfrenta sus peores resultados en la historia en una elección presidencial y fue incapaz de ganar alguna de las nueve gubernaturas en juego.

04/07/2018
Actualización 04/07/2018 - 16:26
José Antonio Meade, exabanderado de la coalición 'Todos por México', durante su discurso de derrota

El Partido Revolucionario Institucional (PRI) fue una de las marcas más exitosas en la política del siglo XX en México, pero la aplastante derrota de los comicios del 1 de julio dejó su futuro en entredicho.

Desplazado al tercer lugar con el porcentaje más bajo de la votación en la historia del PRI, José Antonio Meade se quedó con el 16 por ciento de los votos, de acuerdo con el Programa de Resultados Electorales Preliminares (PREP).

El virtual presidente electo, Andrés Manuel López Obrador, triplicó el número de sufragios que tuvo el candidato del PRI.

La derrota barrió todo el país, aplastando al partido en muchos bastiones tradicionales, incluido Atlacomulco, la ciudad natal del presidente Enrique Peña Nieto.

"Nunca pensé que pudiéramos quedar tan abajo, tener resultados tan raquíticos", declaró Enrique Jackson, diputado federal del PRI y exjefe del Senado. "Es muy desconcertante".

El PRI, que gobernó México continuamente desde 1929 hasta 2000, y nuevamente a partir de 2012, también perdió las nueve elecciones para gobernador y perdió Yucatán, el estado donde defendía la gubernatura.

Hasta 1989, el PRI nunca había perdido una carrera para gobernador.

El precipitado declive del PRI deja un vacío en el fracturado panorama político, que López Obrador y su partido Morena podrían llenar.

La rampante violencia de los cárteles de la droga, el débil crecimiento económico y una serie de escándalos de corrupción han golpeado la estabilidad del PRI.

Además, Peña Nieto ha tenido la nada honorable distinción de tener la más baja aprobación de cualquier presidente en la historia del siglo XXI en México.

"El nuevo PRI, se llame PRI o cambiado de nombre, debe de desechar a toda la basura, a los parásitos que tanto daño han hecho al partido", afirmó Heriberto Galindo, veterano miembro del partido y exlegislador.

La derrota del PRI es la más reciente reacción contra los gobiernos de América Latina, acosados por la corrupción, con escándalos que han derrocado presidentes desde Brasil hasta Perú.

Desde mucho antes de la votación del 1 de julio, el PRI sabía que estaba en problemas.

Con la esperanza de recuperarse, el partido pasó por encima de figuras internas para buscar la presidencia de la mano de Meade, que fue secretario de diversas dependencias en las administraciones de Felipe Calderón y Peña Nieto.

La formación vendió al abanderado de la coalición 'Todos por México' como un candidato honesto, pero que no era miembro del partido.

Parte de la propaganda electoral del PRI en Veracruz dijo mucho de la mala fama del partido entre los votantes. "Trabajamos duro para recuperar tu confianza", decía.

Sin embargo, la percepción de la ciudadanía no cambió lo suficiente.

"Si él no hubiera sido del PRI, y hubiera sido de cualquier partido distinto, hubiera votado por Meade", expresó Rubén Moreno, un trabajador de seguridad de 52 años en la Ciudad de México.

Después de la derrota en las elecciones, las tensiones al interior del partido ya comenzaron a surgir.

Ulises Ruiz, exgobernador de Oaxaca, declaró en entrevista televisiva el martes por la noche que los líderes del partido cometieron "una serie de errores" al traer a personas ajenas como Meade e ignorar las preocupaciones de los votantes sobre la seguridad, la pobreza y la corrupción.

Fundado para consolidar el control político después del derramamiento de sangre de la Revolución Mexicana, el PRI fue en parte una respuesta contra la excesiva concentración de poder en un solo hombre bajo el largo gobierno del dictador Porfirio Díaz.

Gracias a una mezcla de corporativismo, clientelismo político y corrupción, el partido inicialmente tuvo éxitos notables.

La pobreza disminuyó desde el final de la Segunda Guerra Mundial durante el periodo de rápido crecimiento económico, conocido como el "Milagro Mexicano", pero las devaluaciones monetarias y el gasto excesivo pasaron factura y México incumplió con su deuda externa en 1982.

El PRI se sostuvo, pero su imagen ya estaba empañada.

Otra importante crisis financiera entre 1994 y 1995 ayudó a allanar el camino para la primera derrota electoral presidencial del partido en el año 2000, cuando el candidato de la oposición Vicente Fox fue elegido mandatario del país.

La creciente violencia de los cárteles de las drogas bajo los gobiernos de Fox y Vicente Calderón abrió la puerta al regreso del Revolucionario Institucional en 2012, aunque con un poder y prestigio disminuidos.

Después de los comicios del 1 de julio, el PRI se quedará con 42 diputados federales, de los 204 que posee ahora, de acuerdo con cálculos hechos por Oraculus tomando como base la información del Programa de Resultados Electorales Preliminares.

Bajo el gobierno de Peña Nieto, el PRI y sus aliados han tenido una escasa mayoría en la Cámara Baja, pero las proyecciones del Instituto Nacional Electoral (INE) sugieren que perdió más de las tres cuartas partes de sus escaños el domingo.

Al igual que muchos integrantes en las filas de Morena, constituido formalmente como partido en 2014, López Obrador fue en algún momento miembro del PRI, aunque abandonó la formación en la década de los ochenta.

Sin embargo, uno de los héroes políticos del virtual presidente electo sigue siendo Lázaro Cárdenas, una figura clave del priismo que nacionalizó la industria petrolera en 1938 en los inicios del partido, cuando era más socialista.

Al igual que Cárdenas, López Obrador ha recorrido los estados más remotos para crear una base de apoyo entre los más necesitados de México, un sector de la población con el que algunos priistas creen que sus líderes han perdido contacto.

"Hay que mirar de nuevo a la izquierda", argumentó María de los Ángeles Moreno, exlíder nacional del PRI, apuntando la relación personal que López Obrador ha establecido con los votantes.

Moreno y otros miembros del PRI, como Jackson y Galindo, dijeron que hay un camino de regreso para el partido si está bien dirigido, limpia su imagen y logra diseñar políticas inteligentes.

Definido como la "dictadura perfecta" por el escritor peruano Mario Vargas Llosa, el PRI se distinguió de sus pares en América Latina por el grado de estabilidad que mantuvo durante la volatilidad política que sacudió a la región en los años sesenta y setenta.

La brutal represión de las protestas civiles, como la masacre de Tlatelolco en 1968, cuando fuerzas de seguridad abrieron fuego contra manifestantes estudiantiles, le ganó al PRI una reputación de autoritarismo. Su popularidad comenzó a sufrir.

Y aunque los primeros líderes priistas habían sido generales, México nunca descendió a la dictadura militar, como lo hicieron Brasil, Argentina, Chile y otros países latinoamericanos. Tampoco sucumbió al prolongado conflicto guerrillero como Colombia.

"Era un muy ingenioso sistema de combinación entre un partido hegemónico y un presidente todopoderoso cada seis años. Era una especie de monarquía hereditaria", explicó el historiador Enrique Krauze.

Sin embargo, después de haber fracasado en comprender el daño que la corrupción podría hacer a su nombre una vez que volvió al poder en 2012, el PRI se ha puesto en "terapia intensiva" tras las derrotas del domingo, comentó el historiador.

La vacante en la Presidencia será ocupada por López Obrador, cuya aplastante victoria tiene preocupado a Krauze ante la posibilidad de que pueda gobernar como un "caudillo".

"Este es un país que abomina el vacío del poder. En parte esta elección es elegir a un hombre fuerte y ya de ese modo siente una euforia, una tranquilidad. Pero naturalmente me preocupa que haya un poder personal tan enorme", agregó.