Economía

Vigila Senásica el patrimonio agroalimentario como nadie

Agentes federales equipados con armas de alto poder protegen las instalaciones de la Unidad Integral de Servicios, Diagnóstico y Constatación, pertenecientes al Servicio Nacional de Sanidad, Inocuidad y Calidad Agroalimentaria, donde se encuentra el patrimonio agroalimentario de México.
Valente Villamil
05 julio 2016 21:1 Última actualización 06 julio 2016 5:0
Senasica. (El Financiero)

Su unidad canina detectó casi 190 mil productos ilegales el año pasado. (El Financiero)

Detrás de la protección del patrimonio agroalimentario de México se encuentra la que posiblemente sea la instalación mejor protegida de la mayoría de las secretarías estatales: la Unidad Integral de Servicios, Diagnóstico y Constatación (UISDC) del Servicio Nacional de Sanidad, Inocuidad y Calidad Agroalimentaria (Senasica).

La UISDC, ubicada en Tecámac, es custodiada por poco más de una decena de policías federales equipados con armas de alto poder, una seguridad que ni la Secretaría de Agricultura, Ganadería, Desarrollo Rural, Pesca y Alimentación (Sagarpa), donde despacha su titular, José Calzada Rovirosa, tiene.

Incluso, el Senasica cuenta con un banco de virus y bacterias existentes en México, que puede utilizar en caso de que algún país diga que nuestros productos están contaminados, si el patógeno detectado no corresponde a los existentes, la dependencia puede demostrar que el alimento no fue contaminado en territorio nacional.

Los laboratorios, donde una sóla máquina puede llegar a costar hasta nueve millones de dólares, pueden detectar lo mismo patógenos como la salmonela, que residuos de plaguicidas.

Y es que a pesar de contar con la mejor tecnología, un país no puede garantizar al 100 por ciento estar libre de enfermedades y plagas en su territorio por medio de los alimentos, según el director en jefe del Senasica, Enrique Sánchez. “La única herramienta que tenemos es un sistema de vigilancia”, dijo.

Incluso cuentan con un área de adiestramiento canino donde preparan a perros para que detecten cualquier tipo de alimento fresco que algún viajante quiera introducir ilegalmente al país.

En estos laboratorios se realizan miles de pruebas a los alimentos que exportamos e importamos, que sirven para garantizar la sanidad e inocuidad de los productos, lo que en parte ha permitido tener una balanza agroalimentaria superavitaria.
“Participamos intensamente (en la balanza), si no cumpliéramos con los esquemas sanitarios que exige el mundo no podríamos exportar, pero aquí la tarea número uno es de los productores”, dijo Sánchez.

“Este esquema nos ha permitido ir avanzando y nos tiene en el momento actual entre los campeones de la producción de alimentos”, agregó.

Pero además de fungir como un detector de amenazas a la producción de alimentos, también pueden ser la primera línea de defensa en caso de que surja alguna disputa comercial si algún país duda de la calidad de los productos nacionales.

“Este equipo nos permite atender las controversias que se llegan a presentar con Japón, Estados Unidos e incluso con Europa si llega a haber comercio hacia allá (...) No tenemos ya ninguna inseguridad con respecto a alguna controversia que se presentara”, dijo Daniel González, subdirector de monitoreo y evaluación de calidad de la UISDC.

Una de las configuraciones tecnológicas de la UISDC es que es capaz de detectar hasta un miligramo de residuo de plaguicidas en una tonelada de vegetales.