Economía

Un multimillonario israelí se dedica a crear empleos árabes

Stef Wertheimer es el tercer hombre más rico de Israel, y a sus 89 años está construyendo puestos de trabajo árabes en las zonas más pobres y menos atendidas del país, que enfrenta el desempleo de 1.7 millones de estos ciudadanos.
Bloomberg
02 diciembre 2015 0:31 Última actualización 02 diciembre 2015 0:31
Stef Wertheimer

Stef Wertheimer está construyendo lugares e trabajo para los ciudadanos árabes de Israel. (Bloomberg)

Israel está sufriendo la peor violencia antijudía en una década, lo que genera que muchos judíos israelíes rechacen a los árabes y culpen al islam radical. Stef Wertheimer, el tercer hombre más rico del país, tiene una actitud diferente. Está construyendo lugares de trabajo árabes. Wertheimer creó el primer parque industrial de Israel hace 30 años.

Eligió para ello el norte del país, con mayoría árabe, y en la actualidad el complejo es manejado por un druso y despacha exportaciones industriales, incluyendo dispositivos de memoria flash y productos de belleza. Tras levantar un parque similar en Nazaret, la ciudad árabe más grande de Israel, Wertheimer planea otro en el sur para los beduinos, en una de las regiones más pobres y menos atendidas del país.

“La población no tiene empleos”, dijo sobre la ola de violencia, como si declarara todo lo que se necesita saber para explicar las frustraciones de los 1.7 millones de ciudadanos árabes en Israel.

A sus 89 años de edad, podría esperarse que Wertheimer se relajara y disfrutara de un descanso después de décadas de un trabajo intensivamente exitoso. Pero no es más que un creyente en el valor del trabajo manual, un tema repetido capítulo a capítulo en su más reciente autobiografía “The Habit of Labor: Lessons from a Life of Struggle and Success” (El hábito del trabajo: lecciones de una vida de lucha y éxito), recientemente traducida al inglés.

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Palestina

LA BASE PARA LA COEXISTENCIA
Wertheimer ha gastado decenas de millones de dólares en la construcción de seis parques industriales y en programas de entrenamiento alrededor de las zonas marginales de Israel para obreros que, asegura, sirven como una base para la coexistencia. Así que, mientras el primer ministro Benjamin Netanyahu culpa del más reciente derramamiento de sangre a la provocación islamista, Wetheimer cree que tanto el problema como la solución son en gran parte económicos.

El empresario se mantiene como una figura admirada en Israel, sobre todo por la venta por 6 mil millones de su industria de corte de metales Iscar Ltd. a Warren Buffett, su primera operación fuera de Estados Unidos.

Israel ha dejado atrás ese enfoque industrial y Wertheimer cree que ha sido demasiado rápido. Capitales de riesgo de todo el planeta están financiando el mayor número de startups per cápita. Eso alimenta la carrera por desarrollar la próxima aplicación o software con súper ventas en una célebre salida que ha creado una clase de millonarios. Grandioso, dice Wertheimer, pero no hay sustituto para el empleo estable proporcionado por la producción de bienes tangibles, como coches y chocolates.

“Tenemos unos pocos jóvenes que son muy exitosos en ello, y esto nos da la impresión equivocada de que todo el país puede vivir a expensas de la alta tecnología”, dijo Wertheimer, sentado en su oficina en Tel Aviv, con dos pinturas del artista Jean David colgadas en la pared. “Nos da la sensación de que tenemos algo que da mucho dinero, pero eso no genera empleos para suficiente gente”.

El país está teniendo uno de sus mejores años en fusiones y compras de alta tecnología, cerca de 9 mil millones de dólares, según muestran los datos de IVC Research Center. Aunque el sector representa casi 50 por ciento de las exportaciones totales de bienes manufacturados, de acuerdo a la Oficina Central de Estadísticas, emplea a una décima parte de la fuerza de trabajo de cuatro millones del país.