Economía

Talleres tradicionales
de calzado en León desandan el camino

Es la historia que se repite en gran número de pequeños talleres y empresas de calzado en León, donde de acuerdo con el Archivo Histórico Municipal, en 1645 ya se tenían registrados dos artesanos zapateros.
Andrea Aguirre/Corresponsal
16 junio 2014 11:16 Última actualización 16 junio 2014 13:18
Taller de calzado

Juan Carlos Sánchez es uno de los sobrevivientes de los talleres artesanales en los que se elaboraban zapatos; internet es su tabla de salvación. (Andrea Aguirre Vargas)

LEÓN, Guanajuato.- A pesar de que son la base de la industria del calzado leonesa, las picas o pequeños talleres familiares son unidades económicas en declive, que desde hace más de ocho años viven un preocupante proceso de extinción.

Uno de los sobrevivientes es el taller dirigido por Juan Carlos Sánchez Hernández, quien se dedica a la fabricación de calzado de caballero y bota vaquera. Tiene más de 30 años en el oficio, que heredó de su padre, quien a su vez tuvo su propia fábrica de calzado.

La calle donde se ubica esta pica, a unas cuadras de la Central Camionera, era una zona de mucha venta de calzado y había entre 40 y 50 talleres; ahora sólo quedan menos de 20.


“Es porque realmente al gobierno no le interesan tanto las picas y los talleres. Los gastos de Infonavit, Seguro, Hacienda, todo eso 'come' cuando no hay ventas, por muchas razones. Al gobierno no le interesa, sólo quiere recibir, y aunque uno no venda, hay que seguir pagando y el gobierno no apoya y no da asesorías”, dice Sánchez Hernández.

Los apoyos que brinda el gobierno, explica, no son lo que ellos necesitan, por lo que muchas veces aprenden de la experiencia entre colegas de la misma industria.

“En nuestro caso nos hemos mantenido gracias a las ventas por internet, pero de los 20 que estamos aquí, creo que soy el único que hace ventas por internet, y a todos los demás les explico cómo es abrir una página o una cuenta de Facebook, ya hay muchas maneras de ampliar las ventas, pero como que les da miedo la computadora, el no entender; entonces hay otros modos en que el gobierno debe de proporcionar herramientas”, detalla.

Antes, en todas las calles de la Zona Piel se hacía mucho tráfico por las ventas tan buenas que había de calzado; llegaban muchas camionetas de carga y muchos clientes caminando por las calles, pero ahora no ocurre así, sólo en temporada de fin de año, recuerda el zapatero.

En la fábrica de su padre se llegó a tener una producción de entre 400 y 500 pares a la semana y en la etapa final de la empresa, hace 25 años, su producción era de 25 pares; además, de contar con 26 personas laborando, terminó con tres.

“Lo peor es que el gobierno no entiende eso y había que seguir pagando los gastos fijos. Estábamos registrados en la cámara de calzado, nos dieron asesorías, pero no era la solución que nosotros queríamos. La situación ahora del calzado sí es difícil”.

A pesar de ello, comenta, por medio de internet ha logrado mantener sus ventas, e incluso lograr exportar sus productos hacia Grecia, Alemania, España, Argentina, Chile y Estados Unidos, que es uno de sus principales clientes.

En el taller de Juan Carlos Sánchez trabajan directamente cuatro personas, pero además contribuyen otras seis como el bordador, el acabador y el cosedor, que son los maquileros.

Su producción es de entre 30 y 40 pares a la semana, sobre pedido, por lo que no manejan almacén. Ofrecen cerca de 30 a 40 modelos de bota en el taller, y en su página de internet muestran una gama de cerca de 600 productos.

El nombre de la marca es JC Boots. Cada par que se fabrica, dice Sánchez Hernández, es único. En el taller se corta y prepara la piel que se va a utilizar, luego se lleva a grabar y bordar. Después se cortan los forros y se pespunta el armado para luego montarlo en la horma, y enviar a coser el welt, que es el cerco del zapato. Regresa al taller para que se ensuele y entacone y se lleva a una segunda costura de la suela. Posteriormente se lleva a acabado para que se le dé la forma a la bota y brillo.

Desde los siete años, Juan Carlos ya sabía manejar una máquina de pespunte. Una parte de sus actuales clientes los heredó de su padre.

Es la historia que se repite en una gran cantidad de pequeños talleres y empresas de calzado en León, donde de acuerdo con el Archivo Histórico Municipal, en 1645 ya se tenían registrados a dos artesanos zapateros.

LARGA TRADICIÓN

La industria del calzado de Guanajuato nació como pequeños talleres familiares que aprovechaban una parte de su casa para confeccionar zapato.

De acuerdo con información de la Cámara de la Industria del Calzado de Guanajuato (CICEG), en 1716, en el primer censo de la Villa de León, se registró la existencia de cerca de 36 familias españolas, mulatas e indígenas que se dedicaban a fabricar zapatos con herramientas de madera.

La primera fábrica de zapatos en forma fue “La Nueva Industria” que inició su producción en 1872 bajo el liderazgo de don Eugenio Zamarripa.

Para 1920 ya se conocía a León como la Ciudad de los Talleres y la mayoría se ubicaba en el Barrio Arriba, que fue el primero de la ciudad y ahora es la Colonia Obregón.

En esa década muchos de los talleres crecieron y algunos se convirtieron en grandes empresas.

En la actualidad, en Guanajuato hay 3 mil 394 unidades económicas relacionadas con el sector calzado, de las cuales 85 por ciento son micro, pequeñas y medianas empresas.