Sucursales bancarias en zonas rurales van a la baja
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Sucursales bancarias en zonas rurales van a la baja

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Economía

Sucursales bancarias en zonas rurales van a la baja

Según el estudio estudio de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe, el número de sucursales de cooperativas pasó de 236 en 2014 a 218 en 2016, sobre todo van a la baja en zonas rurales.

Jassiel Valdelamar 
27/09/2017
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Pese a la Reforma Financiera aprobada en 2014, el número de sucursales bancarias y de entidades reguladas como las SOCAP y SOFIPO va a la baja en las zonas rurales, de acuerdo con un estudio de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL).

En su informe “Inclusión financiera de pequeños productores rurales”, la Comisión destacó que en 2013 había 159 sucursales bancarias en municipios con menos de 15 mil habitantes, pasando a 142 en 2016. Por su parte, el número de sucursales de cooperativas pasó de 236 en 2014 a 218 en 2016.

“Si bien ha habido avances netos en la inclusión financiera rural a lo largo de los últimos seis años, estos han sido muy lentos o tuvieron un buen inicio que luego se diluyó, como sucedió con los corresponsales, los cajeros e, incluso, el número de sucursales, particularmente en los municipios con menos de 5 mil habitantes”, destacó.

Además de la reducción de las sucursales, el número de corresponsales bancarios (pequeños negocios, como tiendas de abarrotes) en el sector rural sigue a la baja. De 2012 al 2016 se redujo casi la mitad de los corresponsales en los municipios con menos de 5 mil habitantes, pasando de
179 a 91.

Esta salida de los corresponsales del sector rural se explica por el complicado proceso de autorización, que requiere de una espera significativa, a diferencia de las redes de comercios urbanos, que permiten habilitar muchos puntos simultáneamente.

Aunado a esto, los retos que enfrentan las instituciones en estas zonas son diversos, entre los que sobresalen una actividad económica con una marcada estacionalidad, una baja densidad poblacional que implica significativos costos de transacción para los usuarios y las instituciones; escasa conectividad; problemas graves de inseguridad; limitados encadenamientos productivos que limitan el acceso a mercados clave; una alta volatilidad de los precios de los insumos, que genera incertidumbre en la capacidad de pago y la planeación de las empresas. 

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