Economía

Los no-activistas que van contra el cambio climático

El Proyecto de Negocios en Riesgo es un grupo de líderes de diverso origen ideológico que sin embargo están decididos a preparar a las compañías estadounidenses para el cambio climático.
New York Times
13 febrero 2015 16:4 Última actualización 15 febrero 2015 5:0
climate (NYT)

Los integrantes del Proyecto de Negocios en Riesgo tienen el mismo objetivo en común: hacer frente al cambio climático, aunque  tienen perspectivas muy diferentes. (NYT)

NUEVA YORK – Se registraban menos 13 grados centígrados en un reciente día de enero y en la carretera Interestatal 394, la nieve azotaba los parabrisas de los conductores en sus trayectos matutinos. Pero dentro de las oficinas de Cargill, el conglomerado alimentario, Greg Page, el presidente ejecutivo de la compañía, se sintió obligado a hablar sobre el calentamiento global.

“Sería irresponsable no contemplarlo”, dijo Page, envuelto en un saco deportivo de lana sobre un suéter cerrado. “Tengo 63 años de edad, y he crecido en las latitudes superiores. He visto demasiado cambio para suponer que no pudiéramos ver más”.

Page no es un activista ambiental típico. Dice que no sabe – o le importa particularmente – si la actividad humana causa el cambio climático. No dedica mucha reflexión seria a las predicciones apocalípticas de los veranos insoportablemente calientes y las tormentas interminables.

Pero, en los últimos nueve años, ha cabildeado ante miembros del Congreso de Estados Unidos e instado a los granjeros a tomar en serio el cambio climático. Dice que en los próximos 50 años, si no se hace nada, las cosechas en muchos estados muy probablemente caerán, los costos de enfriar las granjas avícolas subirán y las inundaciones agobiarán más frecuentemente a los ferrocarriles que transportan los alimentos en Estados Unidos. Quiere que la agroindustria estadounidense esté preparada.

Page es miembro del Proyecto de Negocios en Riesgo, una colección inusual de empresas y líderes decididos a preparar a las compañías estadounidenses para el cambio climático. Es un club prestigioso, que cuenta con un ex senador, cinco ex miembros del Gabinete de la Casa Blanca, dos ex alcaldes y dos multimillonarios en el grupo. Los 10 hombres y mujeres que forman parte del comité directivo no están de acuerdo en muchas cosas. Alguno son demócratas, algunos republicanos.

Aun cuando se trate de hacer frente al cambio climático, tienen perspectivas muy diferentes. Algunos defienden un impuesto nacional al carbono; algunos quieren ordenar que las compañías revelen sus riesgos climáticos. Page sugiere que el mundo podría salir adelante sin ninguna regla obligatoria. Algunos miembros quieren empujar a los inversionistas a retirar sus inversiones de las compañías de combustibles fósiles. Varios favorecen la construcción del oleoducto Keystone XL mientras que un miembro ha gastado más de un millón de dólares en cabildeo para impedirlo. Pero todos están de acuerdo en una cosa: Los cambios en la temperatura en las próximas décadas probablemente costará a las compañías estadounidenses cientos de miles de millones de dólares, y no tienen más opción que adaptarse.

El comité empezó en junio como una forma de promover un estudio que comisionó, “Negocios en riesgo: Los riesgos económicos del cambio climático en Estados Unidos”. Pero desde entonces ha evolucionado en una red relajada de misioneros que promueven ampliamente los datos ominosos del informe, en pláticas en la conferencia de la Iniciativa Mundial Clinton, sesiones informativas con la Federación Estadounidense de la Agencia Agrícola y desayunos de negocios con cámaras de comercio locales.

El 23 de enero, el grupo dio a conocer el segundo capítulo del proyecto Negocios en Riesgo, enfocado en los efectos en el Medio Oeste: “Calor en la zona central”. Le seguirá un informe sobre California. Con 1,700 millones de dólares en subvenciones de la Fundación MacArthur y otros, el grupo está contratando personal de tiempo completo.

El grupo es encabezado por tres hombres: Tom Steyer, el multimillonario de fondos compensatorios cuyo súper comité de acción política gastó 73 millones de dólares el año pasado en atacar a los republicanos que negaban el cambio climático y promover la concientización sobre el tema; Henry M. Paulson Jr., el ex director ejecutivo de Goldman Sachs y secretario del Tesoro en el gobierno del Presidente George W. Bush; y Michael Bloomberg, ex alcalde de la ciudad de Nueva York y fundador multimillonario de la compañía de información financiera Bloomberg PL.

Cada uno gastó 500 mil dólares para comisionar la investigación de Negocio en Riesgo y cada uno tiene sus propios objetivos particulares para la iniciativa, todos los cuales se beneficiarían al hacer que la amenaza climática se sienta real, inmediata y potencialmente devastadora para el mundo de los negocios.

Para comprender cómo surgió el Proyecto de Negocios en Riesgo, es útil analizar cómo se ha librado la batalla del cambio climático a lo largo de los años. En los primeros días, la discusión se enfocó en corregir el problema y eludir el desastre. Esta ha sido la estrategia que los ambientalistas han usado para responder a todo tipo de riesgos durante años: Los científicos identifican el daño, le hacen publicidad, discuten con la industria responsable y esperan que los legisladores emprendan acciones.

Pero el cambio climático desafío a ese manual de acción. No había una crisis inmediata a la cual apuntar. No había una industria a la cual identificar como blanco o un electorado abrumador que presionara a los legisladores.

“El enfoque racionalista, impulsado por la evidencia y con fe en la política para resolver los problemas ambientales ha sido realmente efectivo en muchos terrenos”, dijo Hal Harvey, quien asesoró al grupo de Negocios en Riesgo y es director ejecutivo de Energy Innovation, una firma de política ecológica. “Pero no ha hecho por el cambio climático”.

Más bien han prevalecido la indecisión y la indiferencia. Una mayoría de los estadounidenses en sondeos realizados en 2014 por Pew Research y Gallup reconoció que el cambio climático estaba sucediendo, y 83 por ciento de los estadounidenses dice que sin reducciones de emisiones, el calentamiento global será un problema en el futuro, según un sondeo de enero realizado por The New York Times, la Universidad de Stanford y el grupo ambiental Resources for the Future. Pero en sondeo tras sondeo, esos mismos estadounidenses clasifican al cambio climático al final o cerca del final de la lista de temas urgentes, detrás de los empleos, la economía y la atención médica.

Mientras tanto, cabildeos poderosos interfieren con la regulación. El cambio climático se ha convertido en un tema partidista.

Fue en este contexto que, en noviembre de 2012, Steyer convocó a una reunión en su rancho de Pescadero, California. El mes anterior había renunciado a dirigir su fondo compensatorio, Farallon Capital Management, para dedicarse al medio ambiente. Quería idear una forma de combatir el cambio climático más efectivamente, y había reunido a algunos pensadores altamente considerados para ayudarle a proponer ideas. Los asistentes incluyeron a los ambientalistas Bill McKibben y Harvey, y los estrategas políticos John Podesta y Chris Lehane.

Los participantes plantearon ideas en torno a la mesa de la cocina. McKibben discutió su campaña para retirar inversiones de los combustibles fósiles.

Mientras Steyer estaba ideando su estrategia política, los miembros del personal en Next Generation, su grupo sin fines de lucro, estaban trabajando en tratar de resolver otro interrogante crítico: ¿Cómo hacer que el cambio climático sea sentido como real e inmediato por las personas?

Kate Gordon, vicepresidenta de Next Generation, encontró inspiración en un informe británico llamado el Stern Review, publicado en 2006. Era un análisis económico, patrocinado por el gobierno británico, que examinó todos los costos del cambio climático, concluyendo eventualmente que el precio de frenar el cambio climático palidecía comparado con los costos de no hacer nada.

Gordon propuso a Steyer una versión estadounidense, que resultaría ser el informe de Negocios en Riesgo. Sería una forma de discutir de manera práctica y con dólares y centavos cómo las empresas tendrían que adaptarse al cambio climático mientras también se formulaba un argumento claro a favor de emprender acciones para mitigar las próximas crisis ambientales. A Steyer le gustó lo que escuchó.

El equipo contrató a una firma de investigación económica, el Rhodium Group. También se acercó a Paulson, un republicano, y a Bloomberg, un independiente, para ver si co-patrocinarían el estudio y ayudarían a formar un comité bipartidista. Ambos estuvieron de acuerdo.

A través de un contacto de Gordon, incluyeron a Henry Cisneros, el ex secretario de vivienda y desarrollo urbano bajo el gobierno del ex presidente Bill Clinton. Steyer llamó a Robert E. Rubin, el ex secretario del Tesoro también en el gobierno de Clinton.

En mayo de 2014, los miembros del comité se reunieron en las oficinas de Bloomberg Philanthropies en Nueva York para escuchar a dos de los autores comisionados por el Rhodium Group para presentar sus conclusiones. Entre estas si persistiera el status quo: El cambio climático incrementaría la demanda de energía en Texas en entre 3.4 y 9.2 por ciento para mediados de siglo. Las cosechas en Missouri e Illinois enfrentarían una declinación del 15 por ciento en los próximos 25 años.

Y en el Noreste, el daño a la propiedad anual por tormentas graves – desde huracanes hasta nevadas – probablemente aumentaría 11,100 millones de dólares, a un total de 15 mil 800 millones de dólares para finales de siglo.