Economía

Lo que los brasileños saben y los inversionistas extranjeros, no

Los brasileños ven la actual crisis de forma más crítica y están conscientes de que a sus problemas políticos y económicos aún les falta mucho para resolverse; en tanto que para los extranjeros las últimas noticias son motivo para comprar o vender.
Bloomberg
18 marzo 2016 19:9 Última actualización 19 marzo 2016 5:0
bolsa de sao paulo

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Por estos días en los mercados brasileños, cualquier señal de que la presidenta Dilma Rousseff va a ser sometida a juicio político basta para disparar una frenética ola de compras de los inversores internacionales. Pero todo indicio de que su destitución podría quedar en la nada, hace que los extranjeros corran a cubrirse.

Se trata de una dinámica que desconcierta a los actores locales.

“Los inversores extranjeros son de gatillo fácil: están listos para entrar o salir a toda velocidad de acuerdo a las últimas noticias”, dijo Marcelo Mello, que colabora en la administración de 19 mil millones de reales (cinco mil 200 millones de dólares) en activos como máximo responsable ejecutivo de SulAmerica Investimentos en Sao Paulo. “Los brasileños son más críticos porque ven la crisis en directo y sienten sus efectos todos los días”.


Mientras los habitantes locales como Mello miran desde la tribuna, es el dinero extranjero el que genera las alzas eufóricas y las bajas de miedo que han convertido a los mercados del país en los más volátiles del mundo.

Después de que el índice Bovespa subiera hasta 16 por ciento en las dos primeras semanas del mes, el índice cayó 5.05 por ciento el lunes y martes; luego dio un salto de 8.03 por ciento el miércoles y el jueves para cerrar el viernes con una reducción de solo 0.19 por ciento.

Los inversores internacionales volcaron cinco mil 970 millones de reales a las acciones durante la primera quincena del mes, en tanto que los fondos, las compañías y los particulares brasileños retiraron un monto similar.

Estos flujos ponen al descubierto una diferencia clave en la forma en que los dos grupos ven la crisis de Brasil.

Los inversores que observan el drama político desde lejos apuestan a que el juicio político a Rousseff podría ser la única manera de salir de un atolladero político que lleva meses, lo que permitiría que los legisladores volver a concentrarse en terminar con un perjudicial déficit del presupuesto y sacar a Brasil de dos años de recesión económica.

Pero los que ven lo que pasa de cerca no están tan seguros. El proceso de juicio político a un presidente puede ser complicado. Y largo.

Entretanto, la economía brasileña se hunde cada vez más en la recesión, las cuentas fiscales se deterioran y un escándalo de corrupción que ha dejado al establishment empresarial y político de cabeza no da señales de atenuarse.

“El mayor error que cometen los mercados es pensar que el juicio político dará claridad en un sentido o el otro”, señaló – el mitad brasileño - Christopher Garman, responsable de análisis del país de la consultora política Eurasia Group en Washington. “La idea de que un nuevo gobierno puede terminar fácilmente con esta crisis es exagerada”.

Esto no ha impedido que los inversores extranjeros se montaran en los altibajos de la saga política brasileña. El índice accionario de referencia del país osciló entre mercados alcistas y bajistas cuatro veces en los últimos 18 meses debido al estira y afloja entre los pesimistas y los optimistas.

Credit Suisse Group AG se unió al coro de los optimistas, exactamente el 8 de marzo, cuando sus analistas con sede en Londres dijeron a los inversionistas que era hora de saltar de nuevo al segundo mayor mercado emergente del mundo.

En ese momento, la bolsa de Brasil estaban en medio de su mejor rally de 10 días en siete años y el real estaba liderando las ganancias globales, entre tanto se llevaba a cabo una investigación al círculo íntimo de Rousseff, alimentando las especulaciones de que se habría allanado el camino para su salida.

Una semana más tarde, los mercados caían de nuevo cuando la presidenta Rousseff conspiró para luchar contra el juicio político del ex-presidente Luiz Inacio Lula da Silva, al nombrarlo ministro. Un hombre que sigue siendo popular entre las bases, a pesar de las acusaciones de corrupción. Él niega todas las acusaciones.

En cuestión de días, el plan de Rousseff había fracasado y parecía más débil que nunca. Mientras tanto, los inversores cambiaron de curso una vez más. Para el jueves, el real registró su mayor ganancia en cinco meses y las acciones tuvieron su alza desde 2009.

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